04/10/09

Sonata Arctica - The Days Of Grays (2009)

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Hace mucho tiempo que el power metal dejó de ser un género original que aportara nuevas cosas a la música. El riesgo de ser un músico que se dedique a él es enorme, pues casi siempre es una apuesta con altas probabilidades de ser perdida. Afortunadamente Tony Kakko lo entendió hace mucho tiempo y tanto para él como para los fans - para desgracia de muchos que no están dispuestos a escuchar temas más complejos - lejos han quedado los años en que la música a toda velocidad era la marca constante de los discos.

Así es como siempre se comporta el arte: una perpetua evolución que va exorcizando los lastres del pasado o, en su defecto, y como suele ocurrir en este género, toma los viejos componentes y los calca. La música más sincera, como las novelas, los poemas o las pinturas, se debe también al egoísmo inherente del artista - y éste es acaso un rasgo positivo que los creadores pueden tener el lujo de explotarlo como deseen. De hecho, ése debería ser ya un punto a favor de todos los compositores que, en estas épocas de modelos prefabricados que sólo responden a las necesidades de un público mediocre, se atreven a ser sinceros consigo mismos.

Si el power metal peca de pocos elementos para argumentar una estética musical relevante, también es cierto que es posible tomar elementos de este género para formar obras bellas. Para Sonata Arctica esta forma de hacer música ha quedado como un trasfondo favorable. Así como los libros nacen de los libros, según la teoría de Álvaro Enrigue, los discos se deben a las influencias. Pero así como no se trata de reescribir Rojo y negro de Stendhal, tampoco vale la pena buscar en los propios discos pasados para entregar un nuevo material que sea sólo una repetición absurda de los viejos sonidos. Desgraciadamente, a los fanáticos parece molestarles cada vez que un artista se olvida de todos los demás y se concentra en la música que éste quiere hacer: sucedió con Unia, también sucede con The Days Of Grays, que, si bien no es un disco tan experimental como el anterior, da muestra de la evolución y de la ambición de Tony Kakko por trascender en un género tan repetitivo.

Si algo destaca de este disco es que la mayoría de las canciones son arriesgadas y dejan de lado la vieja estructura de verso-estribillo-verso-estribillo-solo-estribillo: ya pocos son los tracks que se sustentan en el coro. En cambio, Tony Kakko ha apostado por estructuras más complejas hasta convertir este disco en algo a caballo entre el metal progresivo y el power metal con toques sinfónicos - en algunas partes incluso se nota la influencia de Nightwish, tanto en letras como en música; no por nada Kakko y Holopainen son buenos amigos. Como muestra de ello está Dethaura, el segundo tema del disco, que es acaso uno de los mejores en la historia de Sonata Arctica, donde, además, hay la participación voces femeninas.

Juliet, por ejemplo, es muestra de la maestría de una banda madura que compensa las melodías amigables con los pasajes complejos que, en todo caso, se encuentran a su nivel máximo en The Death Skin, un tema progresivo en toda regla. Sorprende también la inclusión del saxofón como complemento del solo de guitarra de The Truth Is Out There.

No es que prescindir de los estribillos sea condición sine qua non para lograr buenas canciones. Así lo ha entendido Tony Kakko en temas como The Last Amazing Grays o la genial No Dream Can Heal A Broken Heart, donde, si bien el coro juega un papel importante, el resto de la música ofrece una complejidad importante que lleva a momentos en los últimos minutos donde ya no es necesario reincidir en las melodías pegajosas. Caso contrario es Flag In The Ground, que sí es una concesión al género que, aunque efectiva, cae en un lugar común que parecía superado.

Es refrescante, tanto para la música vista de manera global, como para el metal en general, siendo Sonata Arctica una agrupación tan famosa, que haya bandas que se alejen de esa tentación de repetir fórmulas. Si bien las temáticas que toca The Days Of Grays no son del todo destacables - desde amor, pasando por momentos brillantes a otros bastante cursis, hasta X Files -, la música da muestra de un estilo depuradísimo que sólo se topa con las barreras de las pésimas baladas aquí incluidas - curiosamente, el bonus track es hermoso - que no dejan que el disco acabe de ser un todo efectivo.

Se dice, por cierto, que éste es de esos discos que merecen ser escuchados con atención más de una vez - lo que es de por sí una obviedad insportable. ¿No acaso el arte merece siempre esa concentración? Lamentablemente la cultura del shuffle tiende a destruir las obras: las novelas no se leen de manera aleatoria - ni siquiera Rayuela -, los discos tampoco.

Hoy día, ir contra el mainstream es una apuesta estética que debería ser la bandera de los músicos sinceros. Tony Kakko parece aceptar esta idea para entregar su disco más maduro a la fecha.

4.33/5

27/09/09

Muse - The Resistance (2009)

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Muse, en medio de su gran dramatismo –con un estilo reminiscente a Queen– y sus fusiones de géneros, ritmos y texturas electrónicas, ha logrado darnos con su más reciente disco de estudio (The Resistance) un compendio de canciones, algunas irrelevantes y otras musicalmente sublimes y con un mensaje insoslayable para estas épocas de sodomía mental.

They'll try to push drugs to keep us all dumbed down, and hope that we will never see the truth around” (Intentarán dar drogas para mantenernos inutilizados, y esperando que nunca veamos la verdad a nuestro al rededor) nos advierte Bellamy en “Uprising” los peligros de vivir en el delirio de la vida moderna. Es la voz de aquéllos que hemos despertado y reconocido la mentira de este sistema la que nos identifica con Bellamy al escucharlo cantar con su singular falsete tales estrofas.

If you could flick a switch and open your third eye, you'd see that we should never be afraid to die” (Si pudieras mover un switch y abrir tu tercer ojo, verías que no deberíamos nunca temer a la muerte) es lo que nos quiere hacer comprender este genio contemporáneo; que las respuestas a nuestras preguntas más complejas y trascendentales están en los sentimientos que construyen vida: el amor es nuestra resistencia (“Love is our resistance”).


Mención aparte merece la sinfonía “Exogenesis” (que yo interpretaría como génesis fuera, “nacimiento afuera de”), una verdadera joya musical contemporánea que es a la vez un prisma de imágenes y sensaciones esperanzadoras. Crear mundos a fuera de éste que hemos destruido al seguir la ilusión de una civilización antropocéntrica. ¿Qué hacemos aquí? se nos cuestiona en Overture, es demasiado tarde ya para este planeta al que llamamos Tierra y es necesario abstraernos a realidades fuera de este agonizante mundo.

Es inspirador ver salir del “mainstream” maravillosas obras de arte como lo es este disco, que a pesar de caer en lugares comunes como en “I Belong to You”, tiene como motor principal el hacer pensar al escucha: que cuestione su realidad, que se resistan a aceptar al sistema caído, y que logremos como especie reencontrarnos con las cosas que en un principio nos hicieron únicos: el amor y el pensamiento abstracto.

Calificación del disco: 4.09 estrellas de 5 posibles.

20/09/09

Porcupine Tree - The Incident (2009)

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Cuando la felicidad llega a tu vida, cuando en verdad llega la felicidad a tu vida, te destroza. Te enseña que todas aquéllas insignificantes cosas materiales que creías te hacían feliz, eran solamente eso: cosas insignificantes. Es devastador alcanzar la felicidad, es un sentimiento de propósito cumplido, de estar en la cima de tu búsqueda por la esencia de la vida misma: ser feliz.

The Incident es un testimonio de la felicidad de Steven Wilson. Así como discos anteriores son testimonios de las cosas que él, como artista encontró de valor; como el uso del LSD (Voyage 34), contar historias mágicas y enigmáticas (Deadwing) o simplemente testimonios de sus creencias como persona (Signify), el más reciente disco de estudio de la banda de “rock progresivo” que trasciende las etiquetas musicales de los mortales es eso: un testimonio de la felicidad de un hombre aterradoramente melancólico.

Empezando por la disonancia cognitiva que es el tener dos discos aislados conformando una idea de un solo disco –ya que “The Incident → Disco 1” y “The Incident → Disco 2” son dos discos no relacionados ni en lo más elemental musical o líricamente hablando al mismo tiempo conforman el mismo disco– y comprendiendo la historia y vanguardia musical que ha representado esta materialización de una de las muchas manifestaciones artísticas de Steven Wilson que es Porcupine Tree; The Incident recrea a la perfección el pensamiento disidente y belicoso de Wilson en un contexto de armonía, belleza y amor.

Promedio del disco 1: 4.07 de 5 estrellas.

Es el encontrar belleza en las cosas más triviales e irónicas de la vida cotidiana (“Your Unpleasant Family”), y el comprender lo angustiante y devastador del paso del tiempo al mismo tiempo que haces tuya la noción del momento que te permite admirar desde lo atemporal la belleza de lo efímero (“Time Flies”); lo que The Incident en su conjunto tiene como mensaje.

Musicalmente, las cosas necesarias del sonido de Porcupine Tree están presentes, y en general se siente una falta de innovación al recurrir frecuentemente a ideas previamente desarrolladas. Los solos de guitarra con el sello característico de Steven están ahí, recordándonos lo increíblemente sencillo que puede ser el crear música bella cuando ésta es hecha con la calidez artesanal única de la banda.

Es sumamente admirable lo eficaz que resulta la inherente melancolía Wilsoniana para la composición de música sencilla y bella que trasciende las etiquetas de cualquier género musical conocido por el hombre; Y cómo puede esa misma melancolía Wilsoniana crear canciones geniales y bellas como “Remember Me Lover”.

Promedio del disco 2: 4.50 de 5 estrellas.

Promedio de ambos discos: 4.28 estrellas de 5 posibles.

02/09/09

Mastodon en el Salón "Vive Cuervo"

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Todas las fotos tomadas de: flickr

De todas las cosas triviales que más me emocionan y entusiasman en el mundo, ir a conciertos sigue estando en el primer lugar; más si la banda a la que voy a ver es una con un cierto grado de respeto propio –si es una banda de metal se entiende que no se han “sensibilizado”, “estandarizado” a la música comercial, o no han llegado a trivializar las letras de sus canciones hablando de ser ellos mismos, o sobre algún tema romántico (ya ven que es bien original escribir canciones de amor)– y sobre todo, con alto grado de virtuosismo.


Mastodon sigue cumpliendo con estos criterios, y a pesar de que ya hay hipsters amenazando con inmiscuirse en la base de seguidores de la banda, la noche del pasado martes 25 de agosto en el Salón “Vive Cuervo” presencié una de las más brutales experiencias musicales y trascendentales de mi vida. Aún cuando el lugar del evento no se llenó, los asistentes quedaron satisfechos al presenciar una de las más trepidantes presentaciones en vivo que hay en la actualidad.


Llegué media hora antes de que iniciara el concierto, o mejor dicho, antes de la hora que el boleto tenía como hora de inicio, y no sólo no había filas, los revendedores estaban dando los boletos por debajo del precio de taquilla. Esto me causó mucha risa, esas sanguijuelas que son los revendedores tenían una cara de desesperación que pocas veces tengo el gusto de ver, ojalá en todos los eventos les pasara lo mismo para que pronto dejaran de existir. Ya adentro no tuve dificultad en encontrar un buen lugar en donde ver el concierto, por lo mismo de lo poco concurrido del evento.


Una corta espera para que empezara la banda abridora, misma que no merece nada de mí, aunque sí me gustaría señalar lo estúpido que se ha convertido eso de tener bandas “abridoras”; ni ellos lo disfrutan –no creo que exista algún artista al que le guste recibir insultos y silbidos al tocar en vivo– ni el público lo disfruta, al contrario nos es molesto. Habrían que pensar los promotores si realmente sigue conservando algo de sentido el tener teloneros, además de que me sigue resultando aberrante que esto sea algo impositivo, finalmente si me interesara la banda abridora de perdida me sabría su nombre, o los iría a ver a ellos al “Vive Latino” o en donde sea que estas banduchas toquen en estos días de sodomía mental. Y ni mencionar el infantil argumento de que hay que apoyar el rock mexicano, por favor.


Posterior a otra corta espera después de que montaban el escenario de Mastodon y desmotaban el de Yokozuna salieron al escenario los cuatro integrantes de la banda principal de la noche, más un tecladista que entró por otro lado y que, como era de esperarse tocó durante todo el primer setlist que consistió en todo su nuevo disco: “Crack The Skye”.


Lo que caracterizó al primer setlist fue lo “calmado” de éste, si bien el disco es calmado, en vivo no lograron transmitir la energía de las canciones, en parte porque los micrófonos de los dos “vocalistas” nunca lograron escucharse de una manera constante. De hecho me da la impresión de que así estaba planeado por el ingeniero de sonido. Para fortuna de muchos, todos los instrumentos a excepción del teclado que parecía más estar de adornosobresalieron con una nitidez y una ejecución sublime. Finalmente, tanto Troy como Brent como vocalistas son muy buenos instrumentalistas. Buena a secas esta presentación completa de su más reciente disco, supongo que después de este tour se cerrará este capítulo de la banda llamado “Crack The Skye”.


El segundo setlist de la noche fue uno mucho más violento y pesado, casi inefable si no fuera por la palabra: brutal. Bladecatcher, Colony Of Birchmen, The Wolf Is Loose, Crystal Skull y Capillarian Crest fueron las primeras cinco canciones del segundo setlist, todas de su tercer disco: “Blood Mountain”; y todas bestialmente ejecutadas: rápidas, pesadas, y ya sin el bigotón tecladista. El público se puso muy intenso, tanto en histeria colectiva como en golpear al de junto, todos hipnotizados por los trémolos ocasionados por los riffs destructores de Mastodon.


Logré mantenerme en pie hasta ese punto, a pesar de estar en el epicentro de los moshpits. Pero cuando tocaron Megalodon y Blood and Thunder, ambas del apoteósico “Leviathan” ya no pude más. No sólo fue catártico, fue una de esas experiencias únicas que te dejan descubrir en ese preciso momento, cuando tu razón ha sido reducida a esquivar golpes y respirar, todo bellamente adornado por la histeria colectiva, la perfecta unión que hay entre el alma y la música.


Así cerraron el segundo setlist, de una manera demencial. Regresarían para tocar un tímido encore compuesto por dos canciones: Iron Tusk y March of the Fire Ants de los discos Leviathan y Remission respectivamente. Que también fueron rápidas y brutales, pero ya todo había sido dicho desde las últimas dos canciones del segundo setlist.


Un concierto más, y aunque cada vez pierdo más mi capacidad de impresionarme fácilmente, sigo creyendo en bandas con miembros que se salen a curiosear en los puestos de mercancía pirata a las afueras del recinto donde tocaron; y en bandas que le siguen pintando un dedo a interactuar con el público. Para qué hacerlo si pueden salir al escenario sólo a tocar, que para eso compré mi boleto.

08/08/09

Black Metal, más allá del maquillaje.

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Hasta hace unos meses el black metal era para mí un género de música minimalista –por no decir simplista–, con gente que se maquilla como cadáveres, o eso dicen ellos –a mí me parecen más bien “mimos malotes”– y el cual, a mi entender, abusaba del “shock” para impresionar a su audiencia. También me llamaba mucho la atención el estilo con el que “cantan”, el llamado shriek. Me resultaba sumamente risible cómo en muchos casos las voces se convierten en un “sonido” que acompaña a la supuesta melodía, vamos, no es para nada algo inteligible ni mucho menos algo armonioso, ya no digamos estético.


A pesar de esto, aproximadamente un par de semanas atrás encontré una definición en una página de “metal” –que yo no llamaría metal per se, lo llamaría Metal In Opossition, haciendo un paralelismo con el Rock In Oposition, y explicaré el por qué de este paralelismo más adelante– que me hizo tomar un interés inusitado en el movimiento que representa el black metal; la definición sería la siguiente:

“Black metal is dark and fast music using melodic development to express its themes. Of all the metals, this is the most communicative with the modern listener, expressing nihilism and a heroic anti-social assertion of the self. Evolving simultaneously with death metal, this genre includes all of the technique and rhythmic intensity of the former with more emotive and comprehensible poetic communication within the music.”

Acá su traducción al castellano:

“El Black Metal es música oscura y rápida que utiliza progresiones melódicas para expresar sus temas. De todos los subgéneros del metal, éste es el más comunicativo con el escucha moderno; expresando nihilismo y una aseveración heroica y antisocial del yo. Evolucionando simultáneamente con el Death Metal, este género incluye toda la técnica e intensidad rítmica del death metal con más comprensible y emotiva comunicación poética dentro de la música.”

Lo anterior se desprende de la controvertida página, www.anus.com/metal; página que lleva más de una década reseñando bandas de death metal, grindcore, trash y black metal.

Esta definición me hizo adentrarme en el género; finalmente, lo peor que podría hacer a estas alturas de mi vida sería caer en una intransigencia musical. Una vez adentrado en el género, su estética y su filosofía pude discernir lo siguiente: ni es la basura que aparenta ante el resto del mundo, ni es la representación más pura de nihilismo, aunque sigo sin aceptar el valor musical que sus seguidores le quieren dar.

Filosóficamente termina volviéndose algo completamente subjetivo; vamos, comprendo perfectamente que la temática recurrente en las canciones –paganismo, ocultismo, satanismo y espiritismo principalmente– representan de manera metafórica que hay un rango infinito de juicios de valor, y que no hay conceptos universales de belleza –ni de bueno o malo–, pero, no dejan de ser juicios humanos. Es ahí donde el black metal cae en su primera contradicción, o error lógico: el nihilismo busca enteder al mundo sin la perspectiva humana. Al emitir juicios de valor sobre el orden establecido en nuestra sociedad inevitablemente plasma su propia perspectiva –igual de humana que cualquier otra–, así como su cosmovisión, y lejos de liberar a la música de la perspectiva humana, la permea con su propia perspectiva del mundo –así esta sea diametralmente opuesta al orden social establecido.

Estéticamente el black metal es el género de música popular que integra en mayores cantidades elementos del romanticismo a sus composiciones. Sin embargo, musicalmente contiene muy pocas o nulas características rescatables: después de haber escuchado tanto progresivo el minimalismo me causa mucha pereza mental, la repetición (drone) melódica no es eficaz al no desarrollarse en algo concreto, la intensidad rítmica termina distorsionándose en ruido no armónico –diametralmente opuesto al del noise o el del shoegaze y sus mencionadas progresiones melódicas son completamente nulas en el mayor de los casos.

Bajo la óptica del siguiente aforismo: la música real se compone de melodía, armonía, ritmo, textura y estructura: el black metal pretende disolver la armonía y la melodía dentro de elementos estéticos del romanticismo, abusando del ritmo y la textura –donde para los black-metaleros la textura es tener producciones muy deficientes, casi amateurs y voces agudas e ininteligibles– y crear sus propias estructuras musicales que antagonicen aquéllas de la música comercial.

Desgraciadamente, quedan al aire varias cosas, por ejemplo: que hay bandas y personas concretas dentro del género que realmente creen lo que cantan o gritan mejor dicho –es decir, hay black-metaleros que en verdad creen en el espíritu del bosque, o que en verdad adoran al diablo y a sus demonios– o el absolutismo moral en el que caen casi todos los black-metaleros –como descalificar a cualquier género o tipo de música por ser accesible o amigable a las personas comunes, o desvalorizar a cualquier banda que plasme en su música la dualidad belleza-brutalidad como Opeth.

También resulta sumamente preocupante la intransigencia musical en la que caen los seguidores de este género, finalmente: la música sólo es, todo lo demás es perspectiva humana; y en ese sentido, cerrarse a todo lo que la música tiene por ofrecer en pos de un sólo genero o estilo es el peor error que alguien puede cometer. Decir que la música comercial es mala sólo por ser comercial es tan malo como decir que el black metal es malo sólo porque a los black-metaleros les gusta maquillarse de mimos.

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