Nightwish en el Salón 21
Nightwish es una de esas bandas que fácilmente podrían tocar en recintos con capacidad para 5 mil espectadores o más, y sin embargo prefieren tocar en lugares pequeños donde puedan sentir el calor de su público. Y a su público le gusta sentir empujones, torteadas y sudor de otras personas en su cara todo por ver a su banda en vivo. Aunado a esto, en México nunca faltan los espectadores que quedaron atrapados en tercero de secundaria y que creen que hacerse los graciosos los hace mejores personas. Esto sólo haciendo que la espera de dos horas adentro del salón 21 fuera casi insoportable.
Afortunadamente unos minutos pasados las ocho y media de la noche la tortuosa espera terminó, y Jukka, Emppu, Toumas y Marco saltaron al escenario, seguidos de la divina Anette Olzon.
Abrieron con Bye Bye Beautiful y el recinto entonó el coro religiosamente, sí, hasta los Tarjistas fundamentalistas cantaban como quinceañeras en un concierto de Mecano el coro que fue escrito para despedir a la que fuera vocalista de la banda. El sonido fue malo como sólo el sonido del Salón 21 puede ser; por momentos se escuchaban más los gritos y cantos de las personas que Anette misma.
Después de la primera canción Anette se dirigió a nosotros y pidió la disculpáramos por el hecho de que no habla español, yo la disculpé también por el hecho de que masticara el inglés. Introdujo la siguiente canción y siguieron con Dark Chest of Wonders canción que para ser sinceros no es de mis favoritas pero en vivo se sintió espectacular, y me gustó cómo la interpretó Anette. La tercera canción que tocaron la noche del sábado sí es una de mis favoritas: Whoever Brings the Night, misma que disfruté mucho y que incluso olvidé lo patético que llegaba a ser el sonido en ocasiones. Anette era impresionante, sabe mantener al público atento y tiene un carisma y una presencia escénica que dejaron ver su valía dentro de la banda.
Así la banda siguió con una de las canciones favoritas entre el público, hablo de The Siren, canción que sobrepasó mis expectativas sobre Anette cantando las canciones que eran de Tarja originalmente. Realmente supo ejecutarla bien y a su manera sin tratar de imitar a nadie. Posteriormente vino la canción a la que hay que culpar por ver niñas de 12 años haciendo fila para el concierto: Amaranth. Aunque eso no impidió que el recinto entero entonara el coro, tanto que incluso los cantos del público sobrepasaban en decibeles al sonido del lugar.
La banda se retiró, y la iluminación cambió a un tono azuloso y bastante tenue. Poco después regresaría el buen Marco con una guitarra acústica en mano, ya sabía de qué se trataba, iban a tocar The Islander. Ésa era una de las razones por las que había soportado dos horas adentro del Salón 21, y no me defraudó, fue para mí la mejor canción de la noche. Misteriosamente, esta canción no fue tan coreada como la anterior. Lamentablemente Anette cometió algo que hizo un tanto agridulce aquél apoteósico momento: se puso un sombrero de Charro…
En fin, sobrevino una canción que musicalmente es inconmensurable, The Poet and the Pendulum. La voz de Marco fue impecable, y en general la canción fue ejecutada bastante bien en vivo. Vaya, fueron trece minutos de cielo, aunque no pierdo la esperanza de verla en vivo con una orquesta, y con un mejor sonido.
Las siguientes dos canciones, Sacrament of Wilderness y Sahara no fueron lo mejor de la noche pero sí valieron la pena, sobre todo la segunda que me recordó bastante lo impresionante que puede llegar a ser Toumas a la hora de componer. Luego tocarían una pieza instrumental, Last of the Wilds, misma que yo disfruté muchísimo ya que fue de las pocas canciones donde se pudo apreciar mejor la música de la banda.
Y finalmente “cerrarían” con Nemo, canción que esperaba mucho, y que me frustró bastante no poder escuchar bien el solo de Emppu gracias al pésimo sonido del lugar.
La banda se retiró, la gente los aclamó, y regresaron a tocar 7 Days to the Wolves canción que al parecer yo soy el único que no disfrutó tanto porque el resto de los presentes parecían bastante entusiasmados. El segundo encore fue Wishmaster, de las favoritas de los fans, y misma que fue increíble así como poderosa. Finalmente cerraron con Wish I Had an Angel, y el lugar estalló. Y no era para menos, no sólo es de las mejores canciones en el repertorio de la banda, sino que también es de las consentidas.
La banda se despidió, Jukka aventó las batacas, Marco y Emppu aventaron las uñas que les quedaban; todo mientras Anette se dejaba querer por el público.
Así terminaba un buen concierto, opadaco por el público y por el pésimo sonido del lugar, pero que fue rescatado por la banda. Mención aparte merece Jukka, ese señor es impresionante en vivo, no le hacen favor las versiones de estudio, pero en vivo es un monstruo. No sé, espero que la próxima vez que los vea sea en un lugar mejor y con otro tipo de público…












