lunes, 24 de septiembre de 2012

Baroness - Yellow & Green (2012)


Querer seguirle la pista a un género musical se ha vuelto una tarea imposible, como querer contar las estrellas desde el cielo contaminado de una ciudad. Todos los días un artista sube a la nube de información su visión de cierto género musical, y en el mismo proceso lo expande, lo enriquece y lo redefine. Ya no hay cánones para la exploración sonora, ni quiénes vigilen el proceso creativo, salvo el uso de las mejores prácticas para grabación y producción. Por eso mismo, es más adecuado definir la música que un artista crea como “propuesta estética” que querer encasillarla a un género musical. Finalmente, todo lo que no lleve formación musical rígida será tachado de música popular.

El verano de este año vio el lanzamiento del tercer disco de estudio de Baroness, un disco doble que continúa y concluye la saga de los colores primarios además de introducir la fusión del rojo y el verde. Yellow & Green sin embargo, toma lo propuesto en los bellos Red y Blue para refinarlo, y en el proceso, hacerlo más accesible al público en general no familiarizado con el sludge metal. El resultado es un disco que en conjunto dura setenta y cinco minutos y que nos trae un sonido fresco, único y envidiable.

Yellow es sin duda el que tiene los tracks más sólidos, y con coros pegajosos como en Cocainium descubren plenamente la intención de hacer música más accesible; melodías exquisitas acompañadas de pasajes psicodélicos, armonías y trémolos son la principal característica del primer disco. Todo enmarcado por los riffs pesados de guitarras que se complementan mediante solos de guitarra que se repiten, imitan y construyen con cierto retraso creando un efecto de capas.

La evolución en la voz del también guitarrista y principal compositor, John Baizley es algo que llama mucho la atención, tanto, que ésta se vuelve uno de los puntos centrales de este disco doble. Así se muestra en Board Up the House, segunda canción de Green, en donde Baizley juega con las melodías y tonos de su propia voz para volverse otro instrumento; y es que, a pesar de que las letras no son pilares —aunque exploran temas como drogas, y desmembraciones— en las canciones, auditivamente la voz sí juega un papel fundamental.

La propuesta estética de Baroness es clara, innovadora, y audaz porque se alejan de su faceta más pesada/agresiva y muestran varias nuevas: llenas de melodía y belleza. Es claro que fusionan sludge, stoner, progresivo, y rock de una manera sutil y muy característica de la banda. Éste es un disco que crece en ti a medida que lo escuchas, y que posiciona a Baroness a la vanguardia del post rock. Hasta ahora, Yellow & Green es el mejor disco del año.


Para escuchar el disco ve a bandcamp.
Para descargar el disco, da click aquí.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Wicked Lady - The Axeman Cometh y Psychotic Overkill


Cuenta la leyenda que alguna vez existió entre 1968 y 1972 un trío de rock que tocaba bajo el nombre ‘Wicked Lady’; una banda de sujetos dependientes de sustancias enervantes y perturbadoras de la mente, que además poseían personalidades autodestructivas. Grabaron quince canciones, aunque las grabaciones fueron hechas exclusivamente para que los miembros recordaran cómo tenían que ser tocadas en vivo. Sus presentaciones en vivo, siempre marcadas por el sonido duro y saturado, terminaban algunas veces con lugares vacíos y otras tantas con peleas entre drogadictos. Gobernaban sobre la escena underground del rock psicodélico con puño de acero.

La banda eventualmente se desintegró; el baterista “Mad Dick” terminó en un manicomio tiempo después, Martin Weaver el guitarrista y vocalista demostraría porqué era parte central del sonido de la banda al formar otros proyectos de rock progresivo posteriores a Wicked Lady, mientras que el primer bajista se fue a vivir a la India poco antes de que iniciaran las grabaciones que se convertirían en el segundo disco de la banda. Fue hasta 1994 que las personas en posesión de las grabaciones originales de esta leyenda del rock psicodélico decidieron sacar dos elepés al mercado: The Axeman Cometh y Psycothic Overkill.

Dos discos que son el legado de la mejor banda de rock que ha existido. Por tres sencillas razones: primero, fueron prácticamente una leyenda —las historias sobre sus presentaciones en vivo eran siempre exageradas— de la escena underground británica durante casi dos décadas pues no había pruebas de su existencia. Segundo: eran contemporáneos de monstruos como Black Sabbath y Deep Purple, bandas consideradas como estandartes del metal al considerarse su música como ‘proto metal’, y sin embargo su sonido era mucho más pesado y aterrador; incluso considerado como ‘proto doom’. Tercero y último: su sonido sigue sin parangón, hoy siguen sonando como una banda única y en su propia liga.

“The Axeman Cometh” empieza con una canción poseedora de un riff electrizante e hipnótico, Run the Night, y continúa por casi una hora con un sonido pesado y psicodélico, pasando por piezas instrumentales como la canción epónima del disco. Riffs de bajo que compiten con la guitarra, misma que a veces se toma permisos para perderse en sonidos definitorios del rock y la guitarra eléctrica, y letras que ponen en manifiesto la exploración de la psique colectiva de una sociedad británica decadente detallan a placer el talento creativo de una banda que exploraba por primera vez el rock de esa manera.

“Psychotic Overkill” tiene momentos brillantes, y dos canciones definitivas del rock: Sin City y Ship of Ghosts; la segunda se desenvuelve en veintidós minutos de éxtasis musical, con improvisaciones aquí y allá. La canción prácticamente es solos de guitarra con algunas estrofas en medio de ellos. La letra de Sin City es simplemente estupenda, y el riff principal es inconfundiblemente mágico. Incluso el cóver que le hacen a The Jimi Hendrix Experience es bienvenido, aun más oscuro de lo que jamás Hendrix llegó a imaginar.

La poca calidad en la producción es parte del encanto, suenan como una banda que jamás buscó la fama, simplemente el hacer música única y viajada. No tenían otro fin que el buscar el sonido perfecto para después ir a tocar en vivo y hacer desmadre en estados alterados de conciencia.

Para descargar The Axeman Cometh da click aquí.
Para descargar Psychotic Overkill da click acá.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Nomega - Deimos (2012)


“Un sonido bajo la tierra y encima del cielo.
El estruendo negro del estremecimiento tectónico resonando con palpitaciones magmáticas.
Ruido cósmico enredado con los chillidos efervescentes del ardiente fuego blanco.
Un estallido de colores incandescentes”.

El mundo del rock psicodélico en los últimos años se ha refugiado totalmente en el stoner rock/metal y más recientemente en el post-rock —que quién sabe qué sea realmente, ahora le ponen el prefijo ‘post’ a todo—. Y es el primero el más fructífero, siendo una efectiva fusión del space rock, el shoegaze, el metal, y el rock. Bandas como Kyuss mostraron al mundo cómo hacer música pesada y sencilla, pero que a la vez transmite un universo de sensaciones. Bajos distorsionados, guitarras hipnotizantes y desprecio absoluto por las voces son algunas de las características más representativas.

Como ya se había comentado antes en este blog, las bandas han sido liberadas de las disqueras y la radio para promover su música; páginas como sound cloud y band camp le permiten al artista exponerse de manera total al mundo. Y es aquí donde todo se vuelve más emocionante: hay una cantidad impresionante de bandas talentosas, en una multitud de géneros, compartiendo música auténtica y con todo mérito artístico imaginable.

Es en este contexto que llega NOMEGA, una banda rumana que muestra una devoción absoluta por el sonido y la experimentación sonora. Carecen de vocalista, sin embargo, usan el devaluado ‘spoken-word’ para leer poesía y fragmentos literarios dentro de sus largas piezas; siempre apoyando a la temática de la pieza, generando una atmósfera concreta de emociones y visiones inteligentemente entrelazadas con la música. 

‘Deimos’, un disco grabado en vivo en el estudio de la banda, se perfila a ser uno de los mejores discos del año. Y es que, la banda entrega un LP sólido, con una idea específica de las emociones que quieren transmitir en su música pero sobre todo con un gran talento para ejecutar un stoner psicodélico exquisito, mágico: un verdadero viaje a la psique del escucha.

Para escuchar el álbum completo ve a:  http://nomega.bandcamp.com/

miércoles, 22 de agosto de 2012

Fractal Seeds


De la gloriosa megalópolis de Tenochtitlán llega esta banda de cuatro metaleros, pero metaleros de los de antaño, de ésos que no se dejan deslumbrar por las nuevas corrientes estéticas y son fieles al metal en su forma más pura. “Fractal Seeds” es el nombre con el que identifican a su entidad creativa, y bajo el mismo nombre nos entregan un primer EP de siete canciones que muestran el punto de partida que toma su propuesta musical, propuesta que es una inteligente fusión de géneros —que va desde el metal progresivo hasta el death metal.

 Pasajes instrumentales bellamente ilustrados, con riffs pesadísimos, así como growsl y voces limpias, son algunas de las ideas que toman para crear bellas maquetas de lo que podrá ser una prolífica carrera musical. La complejidad técnica es un diferenciador con respecto a otras bandas de la capital; y es que la composición y la ejecución son propias de músicos que se han tomado en serio su trabajo, mismo que habla por sí mismo.

Es evidente, por las letras y los temas que abordan, que Fractal Seeds es una banda que pone atención a todos los detalles. Narrativamente el disco se dispersa un poco, por la misma naturaleza de los temas que tocan; sin embargo se agradece que haya bandas que hablen de temas más profundos —la realidad como una interpretación sensorial (Equanimity), el universo holográfico (Holographic), e incluso la expansión de la conciencia colectiva (Insurrección)— e inteligentes que las crisis existenciales de jóvenes desorientados (moda que abunda en el post rock), aunque no de una manera profusa.

Las influencias son notorias, pero no son una clásica banda de jóvenes que intenta emular a sus bandas favoritas, no, los Fractal Seeds son una banda que está proponiendo algo más, que está luchando por crear su identidad sonora y creativa. Y es en ese sentido que pueden estar tranquilos, no vendrán las ‘Euménides’ a atormentarlos por caer en una indulgencia creativa. Ya he tenido algunas oportunidades de verlos tocar en vivo, y puedo asegurar que es una banda orgullosamente mejicana a la que no se le debe perder la pista.

Para escuchar el EP ir a la siguiente liga:  http://fractalseedsband.com/

jueves, 15 de abril de 2010

Porcupine Tree en el Teatro Metropolitan

En solamente dos años Porcupine Tree pasó de ser la joya mejor guardada del progresivo contemporáneo a una de las bandas más reconocidas, emblemáticas y esperanzadoras de la escena musical mundial. Cualquier persona que haya estado en el Teatro Metropolitan en octubre del 2007 no me dejará mentir en que las expectativas para aquél concierto de una sola fecha —contrastando las 4 fechas en todo el país de ésta, su más reciente visita— eran ridículas comparadas con las muy altas expectativas que se tenían sobre esta minigira de la banda por México. En menos de dos meses para acá, todos sabían, o creían saber, quién era esta banda que hace menos de tres años habitaba en los lugares más olvidados de la escena musical de este país.

A pesar del incompresible y a la vez inexplicable salto al mainstream de Porcupine Tree, la agrupación no ha dejado de ser por un solo instante el mejor ejemplo del rock progresivo —y los múltiples géneros que explorara— de los últimos años. Siguen haciendo canciones raras, fusiones de ritmos y ambientes poco convencionales, y en general música no amigable al escucha casual; no obstante es impresionante ver cómo la noche del 14 de abril el Teatro Metropolitan abría nuevamente sus puertas para la segunda fecha de la banda en la ciudad. Fanáticos diversos llegamos ansiosos con una sola cosa en mente: presenciar con absoluta devoción la creación artística de un genio, cuya entrega incondicional nos ha hecho fieles seguidores de su visión musical.

El concierto empezó con la puntualidad británica de Steven, y así sin más, enmudeció al recinto entero con los primeros acordes de Occam’s Razor, para dar paso a una interpretación con muy pocas interrupciones de las 14 canciones del primer disco de su más reciente álbum. La interpretación y ejecución del primer setlist fue magistral, un viaje musical, casi mágico, orquestado a la perfección por la guitarra y el carisma de Wilson. El punto más alto fue sin lugar a dudas Time Flies, que brilló como ninguna otra del conjunto de canciones llamado The Incident. Fue tan rápido que daba coraje no saber cómo se descompone el tiempo para así hacer que aquellos instantes duraran para siempre; poco menos de sesenta minutos y ya habían tocado la bellísima I Drive the Hearse, para así retirarse por primera vez en la noche del escenario.

En la pantalla se podía observar un reloj en cuenta regresiva, testigo de la maniática puntualidad y obsesión por los detalles del guitarrista descalzo. Mientras los segundos se burlaban de mí, la duda sobre qué canciones tocarían a continuación crecía más y más; ya era de dominio público cómo en el concierto del 13 de abril habían modificado considerablemente lo que venía siendo el setlist “normal”, por lo que no era extraño imaginarse que para su última fecha en la ciudad cerrarían con algo especial, cosa que lamentablemente no ocurriría.

Desafortunadamente la segunda parte del setlist volvió a lo convencional, y hubo pocas novedades en las piezas encargadas de conformar el segundo grupo de canciones de la noche. Piezas impresionantes, bellamente ejecutadas, que demostraron los alcances musicales y artísticos de esta visionaria banda. Fue increíble volver a escuchar Lazarus y Anesthetize —aunque incompleta— en vivo, y siempre es un privilegio viajarse con la recalcintrante melancolía de Russia On Ice. A mi gusto la mejor canción de la noche sería Normal, cuya parte instrumental hizo gala de virtuosismo y maestría por parte de Gavin —quien no sólo hizo magia con su batería, también lo hizo con un pañuelo.

Se irían y regresarían a la brevedad para terminar el recital con el encore: The Sound of Muzak y Trains, siempre Trians, ¿hasta cuándo Trains será la encargada de cerrar casi cualquier presentación de Porcupine Tree o Steven Wilson? Con lo caprichoso que es ese señor yo diría que hasta que él se canse de escuchar su majestuosidad y misticismo. Aún hoy sigue siendo invencible como la mejor canción, la favorita y la más trillada. Y sin embargo sigue haciéndonos temblar de la emoción cada vez que esa guitarra acústica empieza a sonar.

¿Expectativas? Muchas, todas ellas superadas de tantas y tan diversas maneras que resulta espeluznante lo impecable que puede sonar una banda en vivo y lo fácil que lo hacen parecer. Uno trata de guardar proporciones al escribir sobre Porcupine Tree, pero para ser sinceros ¿qué otra banda ha creado un legado como el de ellos en las últimas dos décadas?

Sigo sin entender cómo alguien va a un concierto de rock progresivo a charlar en las partes instrumentales, o cómo la mercancía "oficial" puede ser de la misma calidad que la piratería. Algo sí es seguro: el fan de Porcupine Tree tiene que prestar la misma atención a los detalles que Steven, es lo menos que podemos hacer.

Cosa curiosa, yo puse la misma cara de Steven al ver la “calidad” de la mercancía oficial, que lamentablemente fue maquilada en Méjico.


Fotos tomadas de: http://theincidentontour.blogspot.com/
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