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jueves, 25 de junio de 2009

Dream Theater - Black Clouds & Silver Linings


Look in the mirror
What do you see? The shattered fortress That once bound me

Hay dos tipos de fans de Dream Theater: los elitistas que se quedaron conformes hasta Scenes From a Memory y los que prefieren el sonido que la banda comenzó a desarrollar a partir de Six Degrees of Inner Turbulunce. Los primeros, no importa qué, dirán que cualquier nuevo disco de esta agrupación es intrínsecamente malo por el simple hecho de que no suena a Images and Words o, en el más benevolente de los casos, a Awake. Los segundos pueden quedar inconformes con la progresión en el sonido de la banda, pero tienden a aceptar las nuevas propuestas del grupo. El ejemplo más inmediato lo tenemos en Systematic Chaos, un álbum que supuso una disputa entre ambos bandos de fans. Los elitistas dijeron que ése fue el peor disco de Dream Theater, ya sea porque coquetearon con el thrash metal o porque simplemente no fue un Images and Words reloaded. Por un lado no es de extrañar que algunos seguidores del grupo anhelen una entrega parecida a ese álbum, que después de todo es una de las joyas del metal progresivo de nuestros tiempos. Por otro, es realmente una pena que este sector dogmático no pueda apreciar las propuestas que Dream Theater nos hace cada dos años. Para ellos cada disco nuevo es el peor: le pasó a Octavarium, a Systematic Chaos, y le pasa también a Black Clouds & Silver Linings y le pasará al próximo.

De cualquier forma éste fue un regreso muy esperado, no sólo porque algunos deseaban que la banda volviera a sus orígenes, sino porque también el disco pone fin a la Twelve-Step Saga donde se relata el alcoholismo y la recuperación de Mike Portnoy. El álbum ya era prometedor desde el inicio, pues cuenta con pocos temas y la mayoría de una duración considerable, por lo que había pocas posibilidades de sacar un single comercial. Por otro lado, si en Systematic Chaos experimentaron con los sonidos más fuertes, aquí vemos un Dream Theater más melódico e interesado por la búsqueda de las texturas, sin dejar atrás lo característico de la banda, como lo son esos complejos pasajes instrumentales. También es de destacar - y aquí empiezan los peros - la calidad de las letras, que en cada álbum son peores: van desde lo absurdo, incomprensible, inverosímil, hasta la franca cursilería.

Así pues, este disco abre con un tema sumamente potente, como lo es A Nightmare to Remember. La canción causó polémica desde el primer momento. Hay quien dice que este track es una copia de Opeth, y una muy mala. El trabajo vocal de James LaBrie siempre es muy criticado - lo que es totalmente injusto, sindo él un referente inmediato e inevitable a la banda -, pero en este caso lo que parece veradaderamente extraño es cuando Mike Portnoy toma las riendas de la canción haciendo de una voz profunda y agresiva. Algunos dicen que se trata de un intento de hacer growls. A mi entender es demasiado pretencioso comparar lo que hace el baterista con lo que puede lograr un maestro como Åkerfeldt, porque ni siquiera pretende hacer uso de una voz gutural. De hecho el único crimen conceptual-lógico de este performance vocal es la estrofa que canta Portnoy, ya que no resulta demasiado verosímil o al menos congruente que un hombre rabioso esté diciendo It's a blessing no one died by the Grace of God above everyone survived (roooooaaaar!!), aunque posiblemente se trataba de un simple cristiano con la voz muy ronca. Por lo demás, ésta es una de las canciones más logradas del disco.

Lo que sigue es el primer single del disco. A Rite Of Pasage viene a confirmar lo que ya decíamos en un principio sobre las letras. Una teoría que explique el porqué del concepto de la canción es que John Petrucci leyó en una sola semana todos los libros de Dan Brown, porque el tema habla de un rito realizado por una comunidad secreta, quizá del sionismo internacional o posiblemente de una conspiración judeomasónica. Más allá de eso, me parece que éste es uno de los singles más sólidos de Dream Theater. El estribillo es simplemente brillante, pero el punto cumbre es, sin duda alguna, el solo a la mitad de la canción, que combina la maestría de Petrucci y unos sonidos muy interesantes que Jordan Rudess logra crear.

El tercer track es una balada que tiene un gusto a ese viejo Dream Theater del que tanto se habla. Wither es un exorcismo para el artista, pues su temática gira en torno al bloqueo de escritor. De inicio se sabe que las baladas no son el fuerte de esta banda - con las excepciones de Another Day, Space-Dye Vest y Hollow Years -, pero ésta es por sí misma una pieza muy interesante y que seguramente agradará a muchos fans de antaño. Mención aparte menciona el solo de guitarra, que es un tributo a Brian May. De hecho, lo que sigue del disco rescata de manera vívida y sumamente audible las grandes influencias de la banda.

A continuación comienza el tema más polémico del disco: The Shattered Fortress. En pocas palabras, este esperado final de la Twelve-Step Saga es un medley de las canciones anteriores. El alcohólico explora su pasado y mira en retrospectiva todos los pasos que tuvo que dar para llevar al momento culminante de su recuperación. No se trata de un copy-paste descarado, sino que rescata dentro de sus riffs originales momentos clave de los tracks anteriores. No hay duda de que ésta fue una apuesta arriesgada por parte de Portnoy. Muchas personas esperaban un tema completamente original para cerrar esta saga y quedaron decepcionadas. Por sí sola esta canción no aporta demasiado, pero vista como un conjunto - como lo que realmente es esta saga - es muy buena, ya que sirve como una ligadura que redondea el concepto detrás de una historia que se ha venido desarrollando a lo largo de cinco discos. Ahora sólo falta esperar que Dream Theater se decida a tocar en un concierto toda la saga, en lo que será uno de los momentos cumbre de esta banda.

Regresando al tema de las influencias musicales, nacida del tan famoso sonido de Rush, llega una de las mejores canciones del disco y de toda la discografía de Dream Theater. La historia de The Best Of Times es triste, ya que es un homenaje que Portnoy le rinde a su padre, quien murió de cáncer. Se dice que él le cantó la canción en su lecho de muerte. A partir de esa experiencia lo único que se puede esperar es un tema lleno de sentimiento y emociones. Dream Theater no ha fallado en esa tarea, ya que nos entregan una canción de trece minutos que se caracteriza por ser muy melódica y con gusto al rock progresivo que practica Rush. La letra es un tema aparte. Es cierto, la muerte de un padre puede desestabilizar a cualquier persona y devenir en la creación de un texto sentimental, pero en honor al arte, el punto más débil de esta canción es la cursilería que destila, que se queda en lo anecdótico, el cliché y el lugar común. En fin, esto puede ser perdonado si tenemos en cuenta que Dream Theater no es una banda de poetas, sino de hombres que intentan hacer lo mejor que pueden y en esta canción lo logran de manera sobresaliente. Por otro lado, John Petrucci ha sido siempre muy criticado por ser un guitarrista demasiado técnico y sin feeling. En esta canción les cerró la boca a todos. Lo que culmina el track es un solo de guitarra tremendamente emocional que es lo mejor que ha hecho Petrucci en su carrera, hands down.

The Count Of Tuscany es la canción que cierra el disco, la más larga, genial y absurda de todas. Se extiende más allá de diecinueve minutos y se define como uno de los temas más épicos y sublimes en la discografía de Dream Theater. Nuevamente el único problema de la canción es la letra, que sabrá Dios de qué trata: algo sobre un conde de la Toscana que es fanático del vino y que cuenta una historia sin mucho sentido. Más allá del apego de Petrucci por las sustancias opiáceas, sólo queda decir que esta canción lo tiene todo. Abre con un pasaje instrumental de más de tres minutos, algo que ya se ha vuelto típico en esta banda. La primera parte de la canción es muy potente y cuenta con un estribillo destacable, quizá el mejor de todo el disco y uno de los más brillantes que han logrado hacer. Lo que sigue es un tributo a Pink Floyd que Jordan Rudess se encarga de hacer mediante el uso del continuum, ese extraño instrumento que usa también al inicio de Octavarium. Para finalizar tenemos una sección acústica y de gran melodía que explota de una manera muy bella y que es cantada de manera más que destacable por el inefable LaBrie.

Lo que Dream Theater ha logrado en esta ocasión es, quizá, su disco más interesante desde aquel mítico Scenes From a Memory o, si se quiere ya entrados en la nueva era de la banda, desde Train of Thought. El hecho de haber explorado nuevos registros dota a este trabajo de un balance y una armonía que no se hacía presente en entregas anteriores. Lo que nos regalan en este trabajo no es poca cosa, y es que siendo una banda consolidada dentro del metal progresivo pudieron acomodarse en los sonidos que venían haciendo. Es cierto que tampoco hay una transformación radical, pero las melodías que encontramos en The Best of Times nos hacen pensar que, talvez, de alguna manera hay un ánimo por reinventarse; no es casualidad que esto haya devenido en el mejor solo en la carrera de Petrucci.

En muchos casos los discos de Dream Theater se reducen a un conjunto de buenas canciones y otras más bien extrañas que terminan por desentonar. La virtud de Black Clouds & Silver Linings es precisamente que han encontrado un balance que, dadas las condiciones históricas de la banda, parecía imposible. A título personal, agradezco que desaparecieran los intentos por sonar como Muse (el punto débil en Octavarium) o a Metallica (la debilidad de Systematic Chaos), aunque esto es una apreciación meramente subjetiva. Lo condenable - y esto no puede pasarse por alto - son las letras.

¿Acaso este trabajo está a la altura de Images and Words? El tiempo dirá, pero lo más probable es que éste sea el punto más elevado de todo el trayecto que Dream Theater ha venido recorriendo desde la última década.

9.5/10

miércoles, 30 de abril de 2008

Dream Theater en el Auditorio Nacional

(Fotos tomadas de: http://flickr.com en lastfm:event=503525)


Increíble que ayer a menos de 6 horas del concierto no estaba seguro de si iba a ir, vaya, no tenía ni boleto. Y aún así me lancé al Auditorio con mis llaves y mi cartera que tenía cincuenta pesos. Sin embargo la vida me tenía una sorpresa, conseguí un boleto gracias a la nobleza de un conocido que tenía uno de sobra. Y sí, mientras esperaba a que llegara estaba debajo de la lluvia a las afueras del Auditorio Nacional preguntándome si sólo había llegado hasta ahí a perder mi tiempo. Y también aprovechaba para ver la gran gama de fans que tiene Dream Theater: desde la familia entera con chamarras de la banda, pasando por el metalero con la greña hasta la espalda y una playera de Morbid Angel, hasta el señor que se salió de la oficina y se puso encima de la camisa de vestir y la corbata una playera que se compró en las afueras del Auditorio. Sí, es impresionante cómo una banda que no es expuesta de manera constante en los medios (léase radio y MTV) tenga la capacidad de llenar un lugar como el Auditorio Nacional. Prueba inequívoca de que los fans de la música de verdad están más vivos que nunca.


A eso de las ocho con quince minutos de la noche —ya con mi boleto en mano— iba entrando al lugar con una sonrisa de oreja a oreja. Y mientras platicaba por la zona de comida y disfrutaba de un pretzel gigante, escuché que ya sonaba música, así que nos dispusimos a entrar y tomar nuestros lugares. Se trataba de Between the Buried and Me. Banda a la que trataron como teloneros de tercera: no les apagaron las luces, la mayoría de la audiencia no le prestó atención, y bueno, pasaron bastante desapercibidos. Tienen buenas cosas, música interesante y growls chingones, pero nada fuera de este mundo.


En fin, a las 21:15 horas salieron al escenario Myung, Rudess, Portnoy y Petrucci después de una larga espera. Y comenzaron a tocar así sin más, y poco después entró el buen James LaBrie a decirnos: “We’re Back!”



Abrieron con Constant Motion, rola que es poderosa y en vivo se siente de una manera diferente. Además de que prendió bastante, pero en especial al llegar a la línea: “Forever more into the night Blistering!” el lugar entero gritaba al unísono. Y después, LaBrie nos hablaría por única vez en la noche, pero dio un mensaje bastante efectivo, dijo: “esta noche no importa nada de lo que pase afuera, sólo importa lo que pasa aquí adentro”. Para después introducir la siguiente canción: Strange Deja Vu, ésta me gustó bastante en vivo, la canción por sí misma es excelsa pero esta vez la tocarían más pesada y con todo el sentimiento del mundo.



Inmediatamente vino otra canción que debido a mi estado de paroxismo total no logro recordar, la que sí recuerdo bien fue la cuarta canción Surrounded, otra que prendió bastante y que fue ejecutada de manera excelsa dejando todo listo para la siguiente canción que sería uno de los mejores momentos de la noche. Dark Eternal Night, donde se lució Petrucci —quien traía el pelo visiblemente más largo y hasta alaciado— quedando claro que lo mejor de la noche serían las canciones del último álbum, salvo otra que se llevó la noche.


Después vendría el momento de la nostalgia para los fans de antaño con las dos primeras partes de A Mind Beside Itself (Erotomania y Voices), haciendo del recinto una caldera de emociones. Todo para que llegara la cantable Forsaken, que a mi gusto fue increíble en vivo, y que probó ser de lo mejor que tienen en el repertorio. Además de que escuchar al Auditorio Nacional cantando a una sola voz el coro fue apoteósico.



Y posteriormente llegó el mejor momento de la noche con Take The Time canción que me puso la piel chinita, sobre todo en el instante en que la banda dejó de tocar para escuchar al recinto entero entonar: “If you take the Time”. Momentos como éstos se ven en vivo pocas veces y son de esas cosas que recordarás por muchos años.


Llegaría el turno de que la banda tocara In The Presence Of Enemies, partes I y II. Ésta es de lo más pesado que tiene la banda, por las letras, por los riffs y por el ambiente que crea. Prelude fue ejecutada de manera sublime, Ressurection tuvo un toque de dramatismo con la voz de LaBrie en vivo, pero aún faltaba. En Heretic la iluminación dio fuerza al estribillo, era imponente escuchar Dark Master of sin now my soul is yours. El clímax de In The Presence Of Enemies vendría en The Slaughter of the Damned en especial porque era majestuoso escuchar al recinto gritar los comienzos de las estrofas, que eran algo así:


SLAY!
Spill the blood of the rebels
They are the children of hell
FLESH!
Of the undead
Stopping at nothing to kill”


Observar eso me dejó sin palabras; y finalmente The Reckoning y Salvation, culminaron no sólo la canción, sino que fue cuando la banda abandonaría por primera vez el escenario.


Todo para que volviera la banda a tocar el encore, o bis, que no fue otra cosa que un “popurrí” para complacer a los fans nostálgicos y ególatras. Popurrí que en last.fm unos usuarios lo titularon como el Orgasmedley. Que no es otra cosa que: I. Trial of Tears (Falling Into Infinity) II. Finally Free (Scenes from a memory) III. Learning to Live (Images And Words) IV. In the Name of God (Train Of Thought) V. Octavarium (Octavarium). Cosa que me dejó un sabor agridulce para ser sinceros, hubiera preferido que tocaran alguna de ésas de manera completa, de preferencia Octavarium.


Y así concluía un gran concierto, los integrantes se despidieron y la gente los vitoreó, y Portnoy nos dijo: “See you next time!”



Fue uno de los mejores conciertos a los que he asistido, empatado quizás con el de Porcupine Tree del año pasado y con el de Roger Waters del 2006. Lo cierto es que la pasé muy bien, y en especial porque fui sin saber si iba a entrar a verlos y regresé con una de las mejores noches de mi vida. Nightwish la tiene difícil este sábado…

viernes, 29 de febrero de 2008

Systematic Chaos - Dream Theater (2007)

Dream Theater es uno de esos grupos que son paradigmas de un género, y en este caso se trata del metal progresivo. Desde hace años estos estadounidenses llevan en lo alto la bandera de este tipo de hacer música y son la referencia obligada de todo el que se precie de amar la música progresiva. Con sus canciones complejas y sonidos eclécticos han logrado marcar un antes y un después en la manera de concebir al metal de la nueva era. Con su gran disco Images and Words, uno de los más prolíficos trabajos del género, el sonido progresivo tuvo un nuevo significado. Pero no fue sino hasta Scenes from a memory, que se consolidaron como el gran exponente de un metal profundamente técnico y genial. El sonido Dream Theater es una constante en muchas bandas actuales de metal progresivo que no dudan en dejar mostrar las influencias de estos señores. Desde siempre cada integrante de la banda ha sabido destacar en su instrumento: John Petrucci es actualmente uno de los mayores exponentes de la guitarra; Mike Portnoy es, quizá, el baterista actual que más ha influenciado a los nuevos talentos, y no por nada ha ganado innumerables premios por su calidad como baterista; James Labry y su tan característica voz le han sabido dar la presencia a esta banda; Jordan Rudess, el teclista obligado en toda referencia de alguien que se precie de tocar este instrumento; y por último John Myung en el bajo, que, si bien es el que menos destaca por la misma naturaleza de su instrumento, en los conciertos tiene una presencia que muchos quisieran.

Systematic Chaos es su último disco de estudio y en él se da muestra de por qué esta banda que, a pesar de no haberse hecho publicidad por medios como MTV, es tan reconocida. Desde su disco pasado, Octavarium, el sonido había ido cambiando hasta un nivel que a muchos fundamentalistas les desagradó. Systematic Chaos si bien sigue la línea de discos anteriores como Train of thought, supone también un regreso a los sonidos de antaño.


In the presence of enemies Pt. 1 abre el disco de una manera por demás potente. El increíble riff ejecutado por Petrucci nos da paso a un tema de nueve minutos en los que la gran mayoría son instrumentales. No es sino hasta pasado el minuto cinco que Labrie hace acto de presencia. Ésta es una canción guiada por la magnífica guitarra de Petrucci con un constante teclado que sirve de atmósfera.

Forsaken es el tema más criticado del disco, y no es para menos: es todo lo que algún amante dogmático del metal progresivo teme: una canción que se queda en la mente desde la primera vez en que se escucha. Dicen algunos que parece de Evanescence por el teclado de apertura y los riffs pesados, pero lejos de tener alguna similitud con el rock gótico, éste es un tema consistente y genial, que cuenta con el mejor estribillo del disco, digan lo que digan. Además, me parece que la voz de Labrie en este tema ha quedado perfecta. Es, además, la clásica canción perfecta para un single, pero también es la prueba de que la música no tiene por qué ser absurdamente pretenciosa y complicada para ser buena.

Constant motion se caracteriza por el ritmo constante enmarcado por los riffs pesados y una ejecución vocal ruda. En resumidas cuentas es una típica canción con el sello de Dream Theater en la que incluso el bajo tiene un momento de protagonismo muy interesante. No es la mejor canción del disco, pero sí es de las más escuchadas y por algo será.

The dark eternal night es otro de esos temas pesados que siguen la línea de la canción anterior, sin embargo ésta resulta ser en momentos un poco más melódica y bastante más efectiva que su predecesora. Ésta es con seguridad una de las canciones más técnicas contenidas en toda la discografía de Dream Theater. Sobra decir que su ejecución (así como la de todo el disco) es brillante y sin rastros de ningún defecto. Dirían muchos que éste es uno de los cortes más pretensiosos, pero mientras se deje disfrutar no habría que hallarle ningún pero a la gran instrumentación con la que cuenta el tema.

Repentace forma parte de la serie de canciones que Portnoy se encuentra componiendo en torno a su problema de alcoholismo. Él decidió hacer una gran canción con diversos movimientos, donde cada uno de ellos representa uno de los doce pasos a seguir en la recuperación de esta adicción. Su meta, dice, es tocar en algún concierto todas las canciones cuando la serie termine. Mientras eso sucede podemos deleitarnos con este tema que nos deja descansar de la agresividad de las dos anteriores canciones. La música es sutil, lo mismo que la voz. Quizá en algunos puntos recuerde un poco a las composiciones de Porcupine Tree, otro de los grandes del rock progresivo. Además en este tema hacen acto de presencia las voces de varios individuos famosos dentro del mundo del metal: Steve Vai y Joe Satriani, con quienes Petrucci en alguna ocasión fue a un G3. Hasta el momento, lo mejor de todo el disco.

Prophets of war es el tema cuya autoría, en cuestión de letras, corresponde a James LaBrie. El inicio es un tanto raro, y creo que aún no lo comprendo, pero luego se diluye en una melodía directa hasta llegar a lo mejor: el estribillo donde, además de unos coros, aparece un riff dramático sin el que la canción se vendría abajo. La letra de la canción merece mención aparte, porque más allá del mensaje pacifista, alguien dijo que parecía estar escrita por el Partido Demócrata de los Estados Unidos. Yo aventuro otra teoría: la escribió LaBrie con colaboración directa de Txus de Mägo de Oz.

The ministry of lost souls tiene un inicio dramático y genial. Es el segundo tema de mayor duración en el disco con casi quince minutos de una melodía tranquila que recuerda un poco a Peruvian Skies de su disco Falling into Infinity, pero mucho más épico. Primero el tema es atmosférico y angustioso, para después dar paso a una música con cambios de ritmo y los clásicos teclados de Rudess que nunca le pueden hacer falta a los riffs de John Petrucci, un poco parecido a The dance of eternity. La tercera y última parte de la canción es una apoteosis que deviene directamente de la primera sección del tema. Nuevamente nos encontramos ante lo mejor de todo el álbum.

Para cerrar el disco tenemos la segunda parte de la primera canción, In the presence of enemies Pt. 2. La primera parte concluye con la atmósfera con la que comienza este tramo final del disco. Ésta de las canciones que en vivo tocan como una sola, pero para el álbum decidieron dividirla en dos partes para no iniciar o terminar con un tema de veinticinco minutos. Creo que lo que más disfrutan los fans en los conciertos es el famoso coro de “Dark Master” que ronda este tema, y es que suena tan bien que no podía dejar de mencionarlo como parte indispensable en este tema. Algunos dicen que es un final predecible, pero creo que no pudo haber sido mejor.


Los fans de Dream Theater son raros. Mientras que algunos piensan que esta banda ya dio todo de sí y añoran los tiempos de Images and Words, otros creen que el disco suena a Metallica, y también los hay quienes le temen a las canciones simples como Forsaken sólo porque son cantables. Últimamente estoy cavilando la teoría de que cada nuevo disco será detestado por un grupo de gente a la que sólo le gustó uno de los álbumes y que quieren que todo suene a lo mismo. Nadie en su sano juicio podría decir que éste un trabajo mediocre, al contrario, es técnicamente perfecto y las canciones brillan por sí solas, salvo Constan Motion y Prophets of war. Nunca me gustó U2, y Evanescence es el clásico grupo de los góticos wannabe junto a Lacrimosa. Y si Dream Theater a últimas fechas está sonando a esos dos, veo sólo dos opciones: o quienes dicen eso no tienen mucho que hacer en este mundo, o yo tengo un profundo amor inconfesable por Bono y Amy Lee a tal grado que los busco en Dream Theater, sobre todo en un disco como éste, que, según yo, suena muy progresivo, hasta agresivo, incluso más que sus clásicos. En todo caso, no tengo problema alguno en decir que éste es uno de los discos de Dream Theater que más he disfrutado.

9.1/10

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