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miércoles, 24 de junio de 2009

The Mars Volta - Octahedron (2009)



“But my heart it asks, just one more time…
Are you still a mess?”
A menos de año y medio de haberse publicado su cuarto disco de estudio, The Mars Volta grabó en menos de un mes su quinto disco de larga duración: Octahedron. Las cosas que uno se puede imaginar al enterarse que The Mars Volta sacó un disco en relativamente poco tiempo van desde, “es un disco hecho al vapor”, “ha de ser un disco de lados B o de covers”, “no me inspira confianza”. Lo cierto es que en la interminable lucha de las bandas por manejar su catálogo por encima de los fines de lucro de las malvadas compañías discográficas, The Mars Volta ha obtenido con el lanzamiento de Octahedron una importante ventaja sobre su disquera. Y es que, con eso de que se ha puesto de moda que los artistas saquen discos a través de descargas en Internet, o en el tiempo y forma que ellos decidan, The Mars Volta decidió lanzar un disco con material inédito aunque éste rompiera con el proceso “normal” de grabación, producción y promoción de un disco.

La evolución de la industria musical se está dando de una manera tal que dentro de un futuro no muy lejano habrá muy pocos intermediarios entre los músicos y los consumidores de su arte, o sea los fans. Es por eso que ahora vemos a artistas como Nine Inch Nails sacar discos cada 9 meses o menos, en formatos diversos. Y lo mejor, cada vez serán menos los artistas prefabricados para consumo masivo, y los músicos de verdad cada vez tendrán menos personas presionándolos para tomar una dirección musical determinada. Y aunque también esta evolución en la industria tiene repercusiones negativas, que un músico tenga la posibilidad de lucar con su arte en el tiempo y forma que mejor le convenga es algo que no tiene precio. Especialmente porque no habrá disqueras ni productores impuestos por las disqueras entrometiéndose en el proceso creativo de un disco.

El futuro de la música en el nuevo milenio es promisorio, así como lo es la carrera de esta banda. La incertidumbre dejada por The Bedlam in Goliath es disipada con esta nueva entrega de Omar y Cédric, quienes dejan atrás los discos de más de 70 minutos, inecesariamente largos y tortuosos en ocasiones, y las canciones de más de 10 minutos. Y aunque lo anterior podría asustar a los puritanos del progresivo, considero que en el caso de The Mars Volta este cambio sólo ha traído cosas positivas. Y es que, a diferencia de sus tres últimos discos que iban de los 70 a 75 minutos Octahedron dura exactamente 50:03 minutos, es el disco más corto que han sacado de hecho. Calidad sobre cantidad es la apuesta de Omar en esta entrega, no hay canciones de relleno o de las cuales se podría prescindir, tampoco hay secciones instrumentales prolongadas dentro de las canciones, así que no esperen escuchar otra “Cassandra Gemini” u otra “Tetragrammaton”.

Algo contrastante en el nuevo disco con su referencia inmediata, The Bedlam in Goliath, el disco anterior, es lo melódico y calmado que puede llegar a ser Octahedron en más de una ocasión. Y es que, como recordarán, su disco anterior estaba lleno de estruendosas cacofonías, guitarras sumamente distorsionadas, y una larga lista de instrumentos musicales que fueron utilizados para el anterior disco; todos estos elementos yuxtapuestos dentro de las canciones de manera tal que había prácticamente pocos momentos tranquilos dentro de The Bedlam in Goliath.

La canción encargada de abrir el disco es la melancólicamente sublime “Since We've Been Wrong”, canción que tarda minuto y medio en empezar, y lo hace con una guitarra acústica acompañanda de la voz de Cédric. Ésta canción es lo más cercano que tiene The Mars Volta a una canción de amor, y debe ser una de las pocas donde las letras tienen sentido sin tener que recurrir a sustancias enervantes para alcanzar a comprender lo que las letras dicen. Corta pero efectiva, la canción se desarrolla de una manera preciosa y evoca nostalgia y melancolía en el escucha.

Teflon” es la segunda canción del disco, canción con el sello característico de la casa, y que tiene una dinámica distinta a la de la canción anterior. Una canción arquetípica de The Mars Volta, cambios de ritmo repentinos, letras sin mucha coherencia, y los falsetos característicos de Cédric. “Halo of Nembutals” es una de esas canciones donde Cédric nos presume su excelente uso del diccionario con términos como: "vermin", "sloth", ringworms", "necrophiliacs", "carcinogen", y "palindromes" entre otros. Como es ya característico en el sonido de la banda, la voz de Cédric toma un rol fundamental en esta canción, y en sí todo el disco tiene bastantes influenzas de Soul, adaptando por supuesto, estas influencias a la peculiar voz del mexico-americano.

La cuarta canción del disco es “With Twilight as My Guide” que es nuevamente una canción calmada, con letras sombrías y confusas. Sin temor a equivocarme ésta es una de las mejores composiciones de Omar, y una de las mejores interpretaciones de Cédric que durante la canción hace gala de su voz. La transición entre “With Twilight as My Guide” y “Cotopaxi” es casi imperceptible, sin embargo la canción es diametralmente opuesta a su predecesora; de hecho es muy parecida a “Wax Simulacra” ya que ambas son canciones cortas pero muy pesadas, rápidas, en momentos agresivas y de las mejores canciones en sus respectivos discos.

La antepenúltima canción del disco es “Desperate Graves”, otra canción impresionante, impecable, y con un estribillo memorable. Para este punto uno no se explica cómo es posible que el disco esté por terminar y todas las canciones son tan buenas, y ésta es a mi gusto la mejor. Además, como todo el disco, esta canción tiene un “mood” bastante roquero, no por nada no hay instrumentos de viento en el disco. Otra canción calmada es la encargada de seguir después de “Desperate Graves”, se trata de “Copernicus”. Otra balada de desamor, y nuevamente una rola más bien calmadota que nuevamente prueba que Omar lo mismo puede conjuntar cacofonías, diversos instrumentos y melodías dentro de una canción que crear atmósferas sosegadas. Incluso los efectos hechos con sintetizadores al final de la canción son bienvenidos, pero no más que la letra de la canción, es bueno ver que Cédric ya no sólo escribe canciones sobre sus visiones provocadas por sus “viajes”.

Para cerrar el disco no podía ser otra que “Luciforms”, canción con un feeling bluesero/rockero, con un órgano a la Yes, y con una línea de bajo magistral, y uno de los mejores coros que le he escuchado a “The Mars Volta”. Es una delicia esta canción, excelente para cerrar el disco, y que te deja con ganas de volver a escucharla una y otra vez. Y es que no es para menos, la canción y el disco son perfectos de principio a fin, no logro encontrarle algún defecto, ni algo que no me guste de este disco, ni mucho menos de “Luciforms”.

Considero que la apuesta de Omar creó un disco perfecto, melódico y bello en el resultado final. También cabe mencionar que no hay tracks débiles, y en ningún momento se hace tedioso el disco, algo que le criticábamos tanto a “The Mars Volta” en entregas anteriores. El mejor trabajo de la banda después de su aclamado primer disco, y favorito para convertirse en un clásico de esta ya, legendaria banda.
No me gusta dar calificaciones máximas, pero este disco para mí lo amerita, por eso le doy 5 estrellas de 5 posibles.

domingo, 3 de febrero de 2008

Mars Volta's The Bedlam in Goliath


Regresa una banda sumamente atípica, formada por un México-americano (Cedric Bixler Zavala) y un puertorriqueño (Omar Rodríguez López), quienes eran parte de una banda “emo” llamada “At the Drive-In”. Banda muy conocida por todos los seguidores del género screamo/emo/hardcore. Por alguna extraña razón, Bixler y Rodríguez se cansaron de la música fácil, y decidieron emprender una aventura hacia música más elaborada y compleja. El proyecto se llamó The Mars Votla, nombre que hace referencia a dos gustos que tienen en común Omar y Cedric: la literatura y la ciencia ficción.
En 2003 sacan un disco tan complejo y bello que toma al mundo del rock progresivo por sorpresa: “De-Loused in the Comatorium”. Un disco tan completo y meticuloso que hizo que todo trabajo posterior de The Mars Volta fuera obligadamente comparado con éste. Y hasta su pasado disco (“Amputechture”) no habían logrado superar su primer LP.

La música de esta banda mezcla ritmos, idiomas, géneros, y sobre todo, no sigue ninguna de las reglas establecidas por los géneros del rock actual.; a pesar de que sí toma elementos de varios. El género al que más se acercan es el rock progresivo, aunque no uno ortodoxo, sin embargo se acercan a éste, ya que sus temas evolucionan constantemente y muchos rondan los 10 minutos o más de duración con rítmicas muy intrincadas.

La banda tomó un poco de altura, y el año pasado empezaron a grabar su cuarto álbum, y según ellos, fueron víctimas de una “maldición” que supuestamente adquirieron al jugar con una ouija durante los tours. Según cuentan, cosas raras pasaban al estar grabando el material de su nuevo disco, como la desaparición del material que grabaron de sus Macs, la crisis nerviosa de su ingeniero de sonido entre otras cosas. Incluso Rodríguez llegó al extremo de decir que la ouija le decía qué escribir, y como resultado “The Bedlam in Goliat”, nombre de su cuarto disco de estudio, cuenta la historia que los espíritus a través de la ouija quisieron contar. Yo no sé si sea cierto o no, la verdad me parece una historia muy mafufa, igual y hasta es parte del concepto del disco. A saber. El caso es que según ellos “sufrieron” para poder sacar éste nuevo material.

En fin, el disco abre con “Aberinkula”, y desde el primer instante sabes de quién se trata, y cómo serán los siguientes 75 minutos de tu vida: una lucha constante de the Mars Volta contra el sosiego. Y aunque ya sabemos que gran parte de su música es así, energética, este disco eleva el término Vivace a alturas insospechadas. Como es clásico en la banda, hace gala en este track de todos los instrumentos que manejan, pasando por instrumentos de viento, percusiones curiosas, y, sus clásicas guitarras distorsionadas y agudas sello característico de la banda.

Y llega “Metatron”, canción que viene ligada a la anterior, de hecho, no se nota en la música cuando se pasa de una canción a otra, pareciera que The Mars Volta no te quiere dejar descansar. Algo que me impresionó de esta banda desde la primera vez que los escuché es la capacidad que tiene para parecer que cada instrumento está tocando otra canción y sin embargo, hay ritmo y estructura en ése aparente desorden. “Metatron” es una de esas rolas, que abundan en este disco.

Seguido de uno de los pocos segundos tranquilos del disco, inicia “Ilyena”, con voces distorsionadas que de a poco van tomando inteligibilidad hasta comenzar con el estribillo, y que va evolucionando alrededor de éste hasta llegar a ritmos marcados por percusiones. Las guitarras y la voz chillonas de Cedric no podían faltar.

El cuarto track es un tema corto pero sustancioso que inicia con una batería magistral digna de cualquier baterista metalero, y riffs sumamente pesados hasta que entra la voz de Bixler. Se trata de “Wax Simulacra”, canción que para mí es la mejor del disco y de antemano sé que en vivo sonará mucho mejor que en la versión de estudio. Los metales del final del track me recordaron a “21st Century Schizoid Man” de King Crimson.

Y pegada musicalmente al track anterior llega “Goliath”, tema que contiene las estructuras clásicas y atípicas de the Mars Volta, con unos metales que hacen ver como niñas de escuela a todos los grupos de ska que se precian de ser virtuosos en ese departamento. Tiene tantas estructuras y formas esta canción que diría yo que es épica.

Y hasta aquí el disco iba bien, poderoso y lleno de energía, pero en los siguientes cuatro tracks el disco cae en un bache. “Tourniquet Man” es una canción desafortunada en la que a mi gusto abusan de la distorsión en la voz y los elementos electrónicos, “Cavalettas” devuelve algo de poder al disco pero no termina de amalgamar las buenas ideas que se ven a lo largo de sus nueve minutos como lo habían hecho en las primeras 5 canciones del disco en las que todas las ideas, facetas y estructuras de las canciones iban unidas. “Agadez” termina bien, pero sus primeras estanzas me parecen algo inciertas. Y regresando con las similitudes entre King Crimson y the Mars Volta el noveno track del disco me recuerda en muchas cosas a “Epitaph” y “The Court Of The Crimson King” aunque en “Askepios” estas cosas no terminan de convencerme.

Ouroboros” regresa la solidez musical al disco, y durante sus 6 minutos y medio la banda nos da cátedra de cómo hacer un tema épico. Un tema que empieza fuerte y termina hasta cierto punto ‘calmado’; y curiosamente cada vez que la escucho le encuentro un detalle nuevo.

El penúltimo track es “Soothsayer” que empieza con unos violines raros, y después da la impresión de situarte en algún punto del medio oriente. Un tema netamente experimental, que como tal, no termino de entender.

El disco cierra con “Conjugal Burns”, otra pista experimental, en el que pareciera que le dijeron a cada miembro que improvisara al grabar la canción. No me gustó cómo cerró el disco, y es que aunque el track es poderoso en ocasiones, se pierde por su misma naturaleza experimental.

Y haciendo la comparación obligada no, “The Bedlam in Goliath” no supera su primer disco, de hecho me parece su trabajo más irregular aunque con cosas rescatables; no hay necesidad de ir a enterrarlo como hizo Rodríguez con la ouija.

El promedio del disco fue de 3.25 estrellas.
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