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jueves, 15 de abril de 2010

Porcupine Tree en el Teatro Metropolitan

En solamente dos años Porcupine Tree pasó de ser la joya mejor guardada del progresivo contemporáneo a una de las bandas más reconocidas, emblemáticas y esperanzadoras de la escena musical mundial. Cualquier persona que haya estado en el Teatro Metropolitan en octubre del 2007 no me dejará mentir en que las expectativas para aquél concierto de una sola fecha —contrastando las 4 fechas en todo el país de ésta, su más reciente visita— eran ridículas comparadas con las muy altas expectativas que se tenían sobre esta minigira de la banda por México. En menos de dos meses para acá, todos sabían, o creían saber, quién era esta banda que hace menos de tres años habitaba en los lugares más olvidados de la escena musical de este país.

A pesar del incompresible y a la vez inexplicable salto al mainstream de Porcupine Tree, la agrupación no ha dejado de ser por un solo instante el mejor ejemplo del rock progresivo —y los múltiples géneros que explorara— de los últimos años. Siguen haciendo canciones raras, fusiones de ritmos y ambientes poco convencionales, y en general música no amigable al escucha casual; no obstante es impresionante ver cómo la noche del 14 de abril el Teatro Metropolitan abría nuevamente sus puertas para la segunda fecha de la banda en la ciudad. Fanáticos diversos llegamos ansiosos con una sola cosa en mente: presenciar con absoluta devoción la creación artística de un genio, cuya entrega incondicional nos ha hecho fieles seguidores de su visión musical.

El concierto empezó con la puntualidad británica de Steven, y así sin más, enmudeció al recinto entero con los primeros acordes de Occam’s Razor, para dar paso a una interpretación con muy pocas interrupciones de las 14 canciones del primer disco de su más reciente álbum. La interpretación y ejecución del primer setlist fue magistral, un viaje musical, casi mágico, orquestado a la perfección por la guitarra y el carisma de Wilson. El punto más alto fue sin lugar a dudas Time Flies, que brilló como ninguna otra del conjunto de canciones llamado The Incident. Fue tan rápido que daba coraje no saber cómo se descompone el tiempo para así hacer que aquellos instantes duraran para siempre; poco menos de sesenta minutos y ya habían tocado la bellísima I Drive the Hearse, para así retirarse por primera vez en la noche del escenario.

En la pantalla se podía observar un reloj en cuenta regresiva, testigo de la maniática puntualidad y obsesión por los detalles del guitarrista descalzo. Mientras los segundos se burlaban de mí, la duda sobre qué canciones tocarían a continuación crecía más y más; ya era de dominio público cómo en el concierto del 13 de abril habían modificado considerablemente lo que venía siendo el setlist “normal”, por lo que no era extraño imaginarse que para su última fecha en la ciudad cerrarían con algo especial, cosa que lamentablemente no ocurriría.

Desafortunadamente la segunda parte del setlist volvió a lo convencional, y hubo pocas novedades en las piezas encargadas de conformar el segundo grupo de canciones de la noche. Piezas impresionantes, bellamente ejecutadas, que demostraron los alcances musicales y artísticos de esta visionaria banda. Fue increíble volver a escuchar Lazarus y Anesthetize —aunque incompleta— en vivo, y siempre es un privilegio viajarse con la recalcintrante melancolía de Russia On Ice. A mi gusto la mejor canción de la noche sería Normal, cuya parte instrumental hizo gala de virtuosismo y maestría por parte de Gavin —quien no sólo hizo magia con su batería, también lo hizo con un pañuelo.

Se irían y regresarían a la brevedad para terminar el recital con el encore: The Sound of Muzak y Trains, siempre Trians, ¿hasta cuándo Trains será la encargada de cerrar casi cualquier presentación de Porcupine Tree o Steven Wilson? Con lo caprichoso que es ese señor yo diría que hasta que él se canse de escuchar su majestuosidad y misticismo. Aún hoy sigue siendo invencible como la mejor canción, la favorita y la más trillada. Y sin embargo sigue haciéndonos temblar de la emoción cada vez que esa guitarra acústica empieza a sonar.

¿Expectativas? Muchas, todas ellas superadas de tantas y tan diversas maneras que resulta espeluznante lo impecable que puede sonar una banda en vivo y lo fácil que lo hacen parecer. Uno trata de guardar proporciones al escribir sobre Porcupine Tree, pero para ser sinceros ¿qué otra banda ha creado un legado como el de ellos en las últimas dos décadas?

Sigo sin entender cómo alguien va a un concierto de rock progresivo a charlar en las partes instrumentales, o cómo la mercancía "oficial" puede ser de la misma calidad que la piratería. Algo sí es seguro: el fan de Porcupine Tree tiene que prestar la misma atención a los detalles que Steven, es lo menos que podemos hacer.

Cosa curiosa, yo puse la misma cara de Steven al ver la “calidad” de la mercancía oficial, que lamentablemente fue maquilada en Méjico.


Fotos tomadas de: http://theincidentontour.blogspot.com/

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Mastodon en el Salón Vive Cuervo

Todas las fotos tomadas de: flickr

De todas las cosas triviales que más me emocionan y entusiasman en el mundo, ir a conciertos sigue estando en el primer lugar; más si la banda a la que voy a ver es una con un cierto grado de respeto propio –si es una banda de metal se entiende que no se han “sensibilizado”, “estandarizado” a la música comercial, o no han llegado a trivializar las letras de sus canciones hablando de ser ellos mismos, o sobre algún tema romántico (ya ven que es bien original escribir canciones de amor)– y sobre todo, con alto grado de virtuosismo.
Mastodon sigue cumpliendo con estos criterios, y a pesar de que ya hay hipsters amenazando con inmiscuirse en la base de seguidores de la banda, la noche del pasado martes 25 de agosto en el Salón “Vive Cuervo” presencié una de las más brutales experiencias musicales y trascendentales de mi vida. Aún cuando el lugar del evento no se llenó, los asistentes quedaron satisfechos al presenciar una de las más trepidantes presentaciones en vivo que hay en la actualidad.
Llegué media hora antes de que iniciara el concierto, o mejor dicho, antes de la hora que el boleto tenía como hora de inicio, y no sólo no había filas, los revendedores estaban dando los boletos por debajo del precio de taquilla. Esto me causó mucha risa, esas sanguijuelas que son los revendedores tenían una cara de desesperación que pocas veces tengo el gusto de ver, ojalá en todos los eventos les pasara lo mismo para que pronto dejaran de existir. Ya adentro no tuve dificultad en encontrar un buen lugar en donde ver el concierto, por lo mismo de lo poco concurrido del evento.

Una corta espera para que empezara la banda abridora, misma que no merece nada de mí, aunque sí me gustaría señalar lo estúpido que se ha convertido eso de tener bandas “abridoras”; ni ellos lo disfrutan –no creo que exista algún artista al que le guste recibir insultos y silbidos al tocar en vivo– ni el público lo disfruta, al contrario nos es molesto. Habrían que pensar los promotores si realmente sigue conservando algo de sentido el tener teloneros, además de que me sigue resultando aberrante que esto sea algo impositivo, finalmente si me interesara la banda abridora de perdida me sabría su nombre, o los iría a ver a ellos al “Vive Latino” o en donde sea que estas banduchas toquen en estos días de sodomía mental. Y ni mencionar el infantil argumento de que hay que apoyar el rock mexicano, por favor.
Posterior a otra corta espera después de que montaban el escenario de Mastodon y desmotaban el de Yokozuna salieron al escenario los cuatro integrantes de la banda principal de la noche, más un tecladista que entró por otro lado y que, como era de esperarse tocó durante todo el primer setlist que consistió en todo su nuevo disco: “Crack The Skye”.

Lo que caracterizó al primer setlist fue lo “calmado” de éste, si bien el disco es calmado, en vivo no lograron transmitir la energía de las canciones, en parte porque los micrófonos de los dos “vocalistas” nunca lograron escucharse de una manera constante. De hecho me da la impresión de que así estaba planeado por el ingeniero de sonido. Para fortuna de muchos, todos los instrumentos –a excepción del teclado que parecía más estar de adorno– sobresalieron con una nitidez y una ejecución sublime. Finalmente, tanto Troy como Brent como vocalistas son muy buenos instrumentalistas. Buena a secas esta presentación completa de su más reciente disco, supongo que después de este tour se cerrará este capítulo de la banda llamado “Crack The Skye”.

El segundo setlist de la noche fue uno mucho más violento y pesado, casi inefable si no fuera por la palabra: brutal. Bladecatcher, Colony Of Birchmen, The Wolf Is Loose, Crystal Skull y Capillarian Crest fueron las primeras cinco canciones del segundo setlist, todas de su tercer disco: “Blood Mountain”; y todas bestialmente ejecutadas: rápidas, pesadas, y ya sin el bigotón tecladista. El público se puso muy intenso, tanto en histeria colectiva como en golpear al de junto, todos hipnotizados por los trémolos ocasionados por los riffs destructores de Mastodon.

Logré mantenerme en pie hasta ese punto, a pesar de estar en el epicentro de los moshpits. Pero cuando tocaron Megalodon y Blood and Thunder, ambas del apoteósico “Leviathan” ya no pude más. No sólo fue catártico, fue una de esas experiencias únicas que te dejan descubrir en ese preciso momento, cuando tu razón ha sido reducida a esquivar golpes y respirar, todo bellamente adornado por la histeria colectiva, la perfecta unión que hay entre el alma y la música.

Así cerraron el segundo setlist, de una manera demencial. Regresarían para tocar un tímido encore compuesto por dos canciones: Iron Tusk y March of the Fire Ants de los discos Leviathan y Remission respectivamente. Que también fueron rápidas y brutales, pero ya todo había sido dicho desde las últimas dos canciones del segundo setlist.

Un concierto más, y aunque cada vez pierdo más mi capacidad de impresionarme fácilmente, sigo creyendo en bandas con miembros que se salen a curiosear en los puestos de mercancía pirata a las afueras del recinto donde tocaron; y en bandas que le siguen pintando un dedo a interactuar con el público. Para qué hacerlo si pueden salir al escenario sólo a tocar, que para eso compré mi boleto.

lunes, 8 de junio de 2009

Metallica en el Foro Sol

Fotos de: (Flickr)
Metallica ha sido una banda que ha marcado generaciones enteras, durante más de veinte años su música ha llegado a innumerables personas, de diversas edades, grupos étnicos y nacionalidades. Durante los ochentas fueron el máximo exponente de la música que se oponía al pop y a la industria musical. Su música creó un paradigma en el metal, y rompió con muchos paradigmas de las bandas “pesadas” de los ochentas. Y aunque, al fin humanos, no son perfectos y han cometido muchos errores a lo largo de su carrera (demandar a los usuarios de Napster, o el "Black Album" entre otros); han logrado superar todas las adversidades, incluso las que ellos mismos se han puesto, para convertirse en una de las bandas legendarias de la historia musical.
Por ésas, y muchas razones más, no es de extrañarse que en su concierto del sábado, al que asistí, se vieran familias enteras, señores con sus hijos, metaleros de 40 a 50 años, y ni hablar de los hijos de papi con sus playeritas Abercrombie y las fresas que sólo se sabían “Nothing Else Matters”. Por un lado es admirable la diversidad de fanáticos, en su mayoría señores que de jóvenes fueron marcados por la música de esta banda, y que crecieron y siguieron con sus vidas, y ahora asisten con sus familias a ver la banda que alguna vez era la quintaesencia de la contracultura del metal. Pero por otro lado es molesto ver que los que ahora son (somos) jóvenes no se puedan ni fumar un churro porque ya los andan regañando, que porque hay niños presentes…
Metallica no es ni ha sido la mejor banda del mundo, pero sí una de las más significativas, por lo que representó su música en los ochentas, y porque con sólo tres álbumes perfectos lograron el estatus de leyendas vivientes.
Llegar al Foro Sol es cada vez más complicado, gracias al “Circuito Bicentenario” (a.k.a. Circuito Interior, Río Churubusco) que está hecho un desmadre. Si a eso le sumamos que el Viaducto está imposible a todas horas, llegar al Foro Sol se ha vuelto una tarea de alto riesgo para los que vamos en carro; y además tenemos que ir dispuestos a que nos roben: en el concierto de Radiohead cobraron $50.00 de estacionamiento y ahora se les hizo fácil cobrar el doble. Pero una vez que te resignas a vivir en el subdesarrollo y sabes vivir con el hecho de que todo mundo te quiere sacar dinero hasta por “decirte cuál es tu lugar”, asistir a conciertos en el Foro Sol siempre es agradable. No sólo por lo impresionante del lugar y su capacidad, sino por el ambiente que se vive, y es que, que una cerveza esté al triple de su valor real no es impedimento para que el mexicano se embriague. Sí, asistir a un concierto en México es ver cómo el punto de equilibrio de las curvas de la oferta y la demanda se mueve siempre a favor de los que ofrecen, e insisto, no queda otra que resignarse.

Cuando al fin pude llegar a mi lugar, ya tocaba una banda que se hace llamar “Resorte”, banda de la que había escuchado como dos canciones en la secundaria y que nunca me interesó. Tampoco me interesan ahora que los vi en vivo. La otra banda abridora fue la infame Avenged Sevenfold, banda que debo admitir me gustaba hasta su último disco, y a pesar que tocaron tres de mis canciones favoritas de ellos: “Unholy Confessions”, “Chapter Four” y “The Beast and the Harlot”, sólo lograron decepcionarme. La voz de Mr. Shadows cada vez suena peor en vivo, y los solos de Synyster Gates no suenan igual en vivo, y de hecho el sonido no les ayudó. Con decirles que el Reverendo que ahora canta, nunca se escuchó ni en las canciones del nuevo disco dónde tiene un rol más importante como vocalista. Para terminar pronto, nada destacable de su presentación.
Después de una larga y aburrida espera, viendo como de la tribuna aventaban cosas a los de general y viceversa, fluidos corporales varios, vasos de papel, y cerveza, y ya con una luna impresionante, salieron al escenario sin mucha espectacularidad los integrantes de la banda: Hetfield, Ulrich, Trujillo y Hammett.

Empezaron tocando “Creeping Death”, canción de su poderoso segundo álbum “Ride the Lightning” y fue tan magistral en vivo como en el disco, pero no divina como en presentaciones en vivo de los ochentas. De hecho eso fue lo que en general me dejó el concierto, son buenos, pero antes eran mejores. Sin duda su vida de “adultos” pudo al fin doblegarlos, eso y la edad. Sin embargo aún tenían la actitud y las ganas de antes, y eso fue lo que para mí rescató el concierto, que al menos hicieran lo que les gusta con la convicción de dar todo de sí. Pero regresando a la interpretación, fue poderosa.
Su segunda canción sería “For Whom the Bell Tolls” también de su segundo disco, de hecho del “Ride the Lightning” tocarían dos canciones más de él, para un total de cuatro. En vivo me encantó, en especial porque los "mosh-pits" ya podían verse en varias partes de “General”, gracias a que por alguna razón todo el concierto dejaron las pinches luces que alumbraban al público prendidas…
Y después de tales descargas de adrenalina con dos obras maestras, sublimes, refinadas y selectas dentro del trash-metal tocarían una aún más pesada, hablo de: “Ride the Lightning”. Una canción que aún se escucha pesada en la actualidad. Imagínense cómo fue en 1984, era algo así como ponerle Opeth a tu abuela. Y qué podía seguir después de tal joya, sólo algo de su mejor disco: “Master of Puppets”, su quinto track de hecho. Fue “Disposable Heroes”, y ya los mosh-pits eran cada vez más grandes. Fue impresionante, y gracias a lo austero, amplio y práctico del escenario se podía ver perfectamente desde donde estaba. El solo de Hammett tuvo mucho sentimiento, aunque menos rápido que antes, fue otra rola poderosa y pesada, de las viejitas pues. Y la gente ya había llegado al paroxismo sólo de ver las primeras cuatro canciones de la noche, y continuaron haciéndolo con “One”. Como ya sabrán la canción empieza tranquilona para después estallar con unos riffs pesadísimos, y en vivo fue grato como la mayoría se la sabía, y eso que no era del Black Album…
Luego vendría una de las nuevas, y una de mis favoritas, que siento será de los clásicos de la banda, “Broken, Beat & Scarred”. Rápida, poderosa, buenas letras y perfecta para la voz del Hetfield de ahora. Ya no raspa la voz al cantar como antes, pero al menos en ésta no se extrañaron sus años dorados.
Lamentablemente las emociones bajarían un poco para mí con una canción de su segundo peor disco, “Reload”. Fue "The Memory Remains", y hasta los mosh-pits se detuvieron, y bueno… para qué le sigo. Y luego siguieron con “Sad but True” y yo mejor me senté a ver a los demás cantarla. No me paré ni para la siguiente canción, un cover de hecho, “Turn The Page”.

Sigo sin entender cuál es la fascinación de Metallica de tocar covers en sus presentaciones en vez de poner material ochentero que siempre es bien recibido. Afortunadamente siguieron con otro rolón de su más reciente disco, “All Nightmare Long” que fue de lo mejor de la noche para mí, y aunque tocaron sólo tres del genial “Death Magnetic” siento que tocaron las indicadas. Porque de hecho, la canción siguiente fue “The Day That Never Comes”, canción de la que he leìdo comparaciones absurdas. Lo cierto es que es una canción más bien calmada que tiene una parte instrumental muy buena y unos riffs chingones para el final de la canción.
Y aunque las emociones en general ya habían bajado, en comparación al trepidante inicio, éstas volvieron a exacerbarse con “Master of Puppets”. Fue increíble verla en vivo, y aunque el señor de a lado y su hijo se me quedaban viendo con cara de espanto yo mejor hice headbang como loco. Y cómo no, ver semejante obra maestra del metal en vivo no es algo que se ve todos los días. Y tocarían la primera canción de su segundo disco, la cuarta de ese disco que tocarían esa noche. “Fight Fire With Fire”, que fue violentísima y que otra vez puso los mosh-pits por toda la zona de General, algunos un tanto grandes, todo espectacularmente decorado con la pirotecnia del show, propia para la canción, que precisamente habla de eso, fuego.
Lo malo es que después de esa canción, no me volvería a emocionar tanto el resto de la noche, esto porque cerraron el setlist principal con dos canciones del lastimero Black Album, “Nothing Else Matters”, y “Enter Sandman”, para regresar al encore y tocar un pedazo de "Suicide & Redemption" y tocar un cover (“The Prince”). A mí me molestó que nos dieran sólo un pedacito de semejante monstruo de diez minutos, y en vez de eso tocaran otro cover.
Pero para beneplácito de los más antiguos seguidores de la banda tocarían los tracks 8 y 9 de su disco debut. “No Remorse” y “Seek & Destroy”. Canciones bastante buenas, aunque me hubiera gustado ver en vivo algún track épico de sus discos que más me gustan como Master of Puppets, …And Justice for All, o Ride the Lightning. Aunque supongo que estuvo bien que cerraran con lo más rápido y pesado de su repertorio. Algo meritorio tocar esas canciones tan veloces en vivo a su edad.
Fue muy buen concierto, a pesar del mexicano y su idiosincrasia, y gracias al buen clima se pudo disfrutar de un sonido perfecto, al menos desde donde yo estaba. No es para nada el mejor concierto de la historia como muchos dicen, pero si aceptable para una banda de las proporciones de Metallica.
Si me preguntan, me quedé con ganas de ver “My Apocalypse” en vivo.

lunes, 30 de marzo de 2009

Opeth en el Circo Volador

Primera foto por Pablo Santillana, el resto de las fotos por Germán García.

Con nueve discos de estudio y casi veinte años de carrera musical Opeth tiene obras maestras del progresivo como: The Moor, Master's Apprentices, The Baying of the Hounds, The Grand Conjuration, A Fair Judgement, Bleak, Serenity Painted Death, Face of Melinda, Ending Credits y la multicitada Demon of the Fall, por mencionar sólo algunas. Y sin embargo, en su primer concierto en la ciudad de México no tocaron ninguna de ésas diez —que también son mis favoritas (y en el orden en el que me hubiera gustado escucharlas). Y es que, con el repertorio que tiene Opeth es imposible que toquen lo mejor de su repertorio en una noche, y dejar satisfechos a todos. Sin embargo el punto era ver a Opeth, y realmente, lo que tocaran lo hubieran tocado de manera excelsa y a la perfección como lo hicieron anoche.

Desde varias semanas atrás se sabía que iba ser un lleno el concierto del domingo, por lo que era lógico pensar en una enorme fila de fanáticos esperando ver cómo su Majestad Infernal (a.k.a. Piñata Gonzáles) subiría al escenario. Afortunadamente tengo la mala costumbre de llegar temprano al Circo Volador a hacer fila desde temprano, y a pesar de que ayer llegué al diez para las tres de la tarde ya había una fila que le daba vuelta a la cuadra. Gente sentada jugando ajedrez, revendedores apartando lugares en la fila, en fin. Como a las cuatro me percaté gente cerca de la entrada del Circo, me acerqué, y no era otra cosa que gente escuchando el sound check, tocaban Deliverance, un pedazo alcancé a escuchar, y ya empezaba a emocionarme. Luego los “organizadores” del evento movieron la fila hacia el eje tres. Y gracias a eso nos dio todo el sol de frente por tres horas…

Sin embargo nada de eso importaría cuando pasadas las ocho con cinco de la noche subieran al escenario Åkerfeldt, Åkesson, Méndez, Axenrot y Wiberg y empezaran a tocar Heir Apparent. Canción que me parece sublime, y excelente para abrir un concierto. Muchas veces se escuchan comentarios de gente “conocedora” que dicen que una banda es buena si en vivo suena igual que en sus discos; entonces bajo esa lógica una banda como Opeth que en vivo suena mejor que en sus discos tiene que ser una de las mejores bandas en el planeta. Y lo es. Y qué decir del sonido, todo detalle se escuchaba claro, sin saturación, aún cuando los growls y las paredes de guitarras estremecían al recinto.

La segunda canción de la noche sería Ghost Of Perdition que es la primera canción de su octavo disco, y que además es impresionante en vivo. El growl de Åkerfeldt no se pierde en vivo como sucede con tantas otras bandas de Death Metal, al contrario, el growl toma una fuerza insoslayable en la ejecución de sus canciones, tanto que asusta. Estoy convencido de que si en verdad existiera Satanás o el Diablo hablaría con el growl de Åkerfeldt. La tercera canción de la noche fue Godhead’s Lament que se desprende de mi disco favorito de Opeth, y me agradó mucho ver cómo “Légolas” ejecutó a la perfección la batería que en el disco tocara Martín López, y que el mismo Mikael describió en la reedición de Still Life como: “(he) played like a fucking God”.

Vendría The Leper Affinity del Blackwater Park, y todo sería éxtasis. Gran canción, una canción impactante de hecho. Por momentos me quedaba parado tratando de procesar lo que estaba atestiguando: una de las mejores canciones de una de las mejores bandas, siendo tocada en vivo magistralmente y sin un solo error. Al terminar la canción, Mr. Piñata en su bizarro sentido del humor nos preguntaría si sabemos cantar, realmente estaba introduciendo la siguiente canción: Credence. Buena canción a secas, que dentro de las baladas de Opeth me parece que es de las que tiene menos fuerza, igual la canté como desquiciado, y me dejó un muy buen sabor de boca.

La sexta canción de la noche sería la penúltima canción de su último disco, Hessian Peel que como ya sabrán comienza calmadita, y luego a la mitad se pone pesadísima, y que en vivo me permitió notar detalles que en el disco no. Luego vendría Closure del Damnation, que ya desde Lamentations había notado cómo en vivo es una delicia, y que anoche no fue la excepción. Es el progresivo en toda su majestuosidad, fue perfecta e impresionante. Además, el público se ganaría a la banda coreando la melodía final de la canción. Muchas veces critico al público mexicano por no saber callarse en los momentos calmados de una canción, sin embargo ayer fue espectacular cómo todo el recinto tocó las fibras más sensibles de don Piñata.

A continuación tocarían The Night And The Silent Water, canción sobre el abuelito de Åkerfeldt. (sic) Cuando veía que estaban tocando esta canción en giras recientes me preguntaba qué rol podría tener Wiberg en la canción cuando no hay teclados en la versión original. La respuesta fue muy grata, le dio más cuerpo a la canción. De hecho suena muy diferente en vivo que en la versión original, y es que además de los teclados, el growl de Åkerfeldt suena mucho más maduro y menos chillón que en el disco. E incluso, ¡no se extrañó la guitarra acústica en esta versión! Nuevamente: Opeth en vivo es mejor que en sus discos.

La última canción que tocarían antes de abandonar el escenario por primera ocasión sería The Lotus Eater. Canción que según Åkerfeldt es un clásico al menos para una persona, me pregunto para quién… Fue impresionante, y fue otra canción del nuevo disco a la que le tomé otra mirada.

La banda abandonó el escenario para regresar poco después con una cámara y pedirnos que hiciéramos headbang sin música, quisiera ver cómo quedó en cámara dicho suceso. Y luego nos dedicarían Deliverance, su última canción, y con la que cerrarían un buen concierto. La canción en sí es buena, sin embargo, considero que tienen mejores para cerrar un concierto. Lástima que yo no tengo injerencia en la planeación de los setlists de Opeth. (ja)

Excelente concierto, ejecutado magistralmente, y aunque no tocaron mis canciones favoritas me quedo con un comentario que escuché anoche a la salida del concierto: “¡es Opeth! ¿qué más quieren?”.

martes, 17 de marzo de 2009

Por un minuto ahí, me perdí a mí mismo...


Fotos tomadas de: Flickr

Pensar que Radiohead es una banda que está de moda es un error, creer que es una banda de culto también lo es. Equipararlos con U2, Madona, Shakira o Iron Maiden —en el sentido de que agotan el boletaje en horas o por el furor que levantan— es un error lógico, y en el que muchas personas caen; por eso, en contra de la voluntad de los mismos integrantes de Radiohead, son íconos de la cultura pop. Sin embargo esta banda trasciende el plano de las megaestrellas —que deben su estatus a la sobreexposición mediática de la que son objeto, o en algunos casos, productos de esta—, distan también de ser una simple banda de culto ya que han trascendido tiempo atrás esa etiqueta al convertirse en la banda más grande que ha pisado la tierra. Y no es por caer en el cliché de todo fan neurótico y atascado —algo que lamentablemente le sobra a esta banda— pero es que en verdad, su grandeza musical, su genialidad para componer, y la calidad así como la energía y sentimiento que imprimen en sus interpretaciones en vivo son únicas.

Por eso su regreso a este país bananero fue algo que tardó mucho, mismo que hizo la espera casi insoportable para algunos. Pero a fin de cuentas, nos perdonaron, y regresaron. (ja)

Así pues, nos dieron dos noches invaluables e inigualables. La primera con un setlist que tuvo cuatro canciones de The Bends, cuatro de Ok Computer, cuatro del Kid A, una del Amnesiac, dos de Hail to the Thief, y su último disco completo. Yo sólo asistí al concierto del lunes, y ésta es mi crónica:

Llegué a eso de las seis al Foro Sol, no había tráfico, y había relativamente poca gente en el inmueble. Hasta eso, me pareció que ni hubo filas para entrar, a lo mejor hubo buena logística, o a lo mejor todos llegaron sobre la hora. El tianguis de mercancía apócrifa no llamaba mucho la atención. Llaveros mal grabados, tazas con imágenes de la banda, algunas fotos ya viejísimas, playeras de todos tipos —aunque en verdad casi todas bastante chafas. Luego adentro, la cerveza cara como siempre, la comida fea y cara, y la mercancía oficial escaseó —supongo que la mayor parte se vendió el domingo—, y ya casi ni había playeras de In Rainbows, sólo de Hail to the Thief.

Los fuertes nubarrones que se veían en el horizonte a eso de las siete de la noche no movieron a los miles de fanáticos que ya ocupaban sus lugares, ni tampoco el fastidioso viento, ni la maldita lluvia. Afortunadamente ni el viento, ni las nubes, ni la lluvia durarían. El Foro Sol lucía algunas partes vacías cuando la banda abridora empezó a tocar, y el mismo movimiento en las gradas de la gente que iba llegando evitaba que se les pudiera prestar mucha atención. Mientras Kraftwerk tocaba yo fui a comprar algo de comer y al baño.

Después de la banda abridora, la espera nuevamente, que parecía interminable, pero al fin salieron Thom, Jonny, Colin, Ed y Phil. El cielo ya estaba despejado, el Foro Sol ya estaba lleno a reventar, y entonces, empezaron a tocar 15 Step. La primera canción de su último disco, canción con un ritmo genial, pegajosa y perfecta abridora de un concierto. La iluminación fue buena a secas, aunque de mi ángulo los tubitos ésos a veces estorbaban. El sonido inmejorable, se escuchaba todo, y ya sin el viento todo era perfección. Apenas un tímido “Hola” por parte de Thom para que después tocaran There There de su sexto disco, y continuarían con la soberbia The National Anthem del Kid A, en esta canción el juego de luces hizo una genial combinación con la canción, y la audiencia comenzó a estremecerse. Luego los ánimos se calmarían con la tranquila All I Need y con la canción homónima de su cuarto disco, Kid A.

Pero entonces vendría algo que pocos esperaban, o al menos no con tanta certeza, tocarían Karma Police. Que dentro de las canciones “choteadas” de la banda, es una de las más —hasta Panic at the Dico le ha hecho un cover a esta canción. Y sin embargo todos la entonamos con la certeza de que era un momento mágico. Un coro de 50 mil personas entonando Karma Police es algo que estremece hasta al más ecuánime. Por un minuto ahí, me perdí a mí mismo…

Y la siguiente canción sería Nude, y entonces sí ya no pude más, fue uno de esos momentos únicos en la vida en los que se es tan feliz que la felicidad no cabe en tu ser, simplemente indescriptible con palabras de cualquier idioma humano. Fue un momento que el sólo recordar te pone las emociones a flor de piel. Fue único, fue mágico, fue la mejor banda del mundo tocando como si mañana fueran a morir.

Las emociones bajarían un poco con las siguientes cuatro canciones, Weird Fishes/Arpeggi, The Gloaming, Talk Show Host, y Videotape. En esta última, algunos hasta se sentaron, sin embargo llegaría You and Whose Army?, una de mis canciones favoritas del Amnesiac, y la gente volvería a elevar sus ánimos; aunque no sería hasta la siguiente canción, Jigsaw Falling Into Place, que éstos volvieran a estallar. Jigsaw Falling Into Place es una de las mejores canciones de la banda, y mi favorita de su último disco. Curiosamente no fue tan coreada por el público, aunque sí la más bailada.

El ritmo frenético seguiría con Idioteque, canción donde el bajo de Colin se escuchó majestuoso. Después vendría Climbing Up The Walls canción de su tercer y hasta ahora mejor disco, mismo de donde se desprende Exit Music (For a Film), que sería la siguiente canción. Y fue también el momento amargo de la noche. La empezaron a tocar, primero esperar a que se callaran los asistentes y se pudiera escuchar el calmado comienzo de la rola. Y después vino el primer coro, y entonces, algo pasó que Thom detuvo la canción. Intentaron volver a tocarla desde el inicio pero nuevamente Thom se detuvo y dijo: “This sucks… ” No terminaron la canción, dejándonos a todos con un mal sabor de boca. Siguieron con Bodysnatchers, gran canción, pero no la pude disfrutar: seguía preguntándome qué había pasado con Exit Music (For a Film).

La banda entonces, abandonó el escenario por primera vez, para regresar cinco o diez minutos después. Y entonces pasó algo que nuevamente llevó a una exaltación extrema de mis sentimientos y pasiones, tocarían How to Disappear Completely. Que junto con Black Star considero MIS canciones de Radiohead. Y es que son poco conocidas o populares pero que representan muchísimo para mí. Es por eso que nuevamente no cupe en mí mismo y por un momento ahí me perdí en mí mismo.

Luego vendría Paranoid Android, que fue de las tres más coreadas de la noche, y en la que me deshice el cuello, y es que no es para menos, es la canción con el riff más chingón de Radiohead. Luego vendría una canción que a mi muy personal punto de vista, no debió estar dentro del encore, se trató de Dollars and Cents, que fue seguida por The Bends que tampoco me vuelve loco, pero al menos sé lo que esta canción representa dentro de la historia de la banda. Y terminarían el primer encore con la canción con la que cerraron el concierto del domingo: Everything In Its Right Place. Y aunque entoné como desquiciado el “Igh-queny, Igh-queny” seguía sintiendo que faltaba algo. Nuevamente Radiohead dejaría el escenario para regresar unos minutos después.

El segundo encore consistió de tres canciones, las primeras dos: Like Spinning Plates y Reckoner. Y seguía sintiendo que algo faltaba, y aunque me gustan ésas dos, sentía que podían tocar House of Cards, o High and Dry, o Fake Plastic Trees, o Bangers + Mash, o Knives Out o A Wolf at The Door, o de perdida que tocaran bien Exit Music (For a Film). Pero no, no tocaron ninguna de ésas…

Después de Reckoner, hubo una breve pausa, y Thom nos diría: “…have a nice life”

Y entonces pasó lo impensable, tocarían Creep. Algo que literalmente nadie se esperaba. Y es que no es para menos, ya que tenían muchísimo de no tocarla en vivo, y porque no parecía que lo fueran a hacer. El griterío no dejaba escuchar bien los primeros acordes de la canción, y luego cuando empezaron los versos, todos entonaron al unísono la canción. Y no es para menos, hasta el fan más elitista y mamón de Radiohead, en el fondo ama tanto la canción como el niño de 12 años que se siente en onda porque escuchó Creep y se sintió identificado con la letra —aunque realmente cualquiera podría, ahí radica su éxito. Y aunque mis emociones no se volvieron a exacerbar, sí me dejó satisfecho, en especial porque era una muestra de agradecimiento de la banda por la espera y la devoción que hay en este país bananero hacia la banda más grande de la historia. Lo malo, es que cuando me pregunte gente ajena a la banda ¿y tocaron creep?, tendré que decir: "ajá".

Los que fueron a los dos conciertos debieron quedar más que satisfechos porque casi no repitieron canciones y porque le dieron buena rotación a su gigantesco repertorio. Es por eso que no culpo a este setlist, me culpo a mí por no haber ido a los dos conciertos, ya que ambos se complementan.

Así se fueron las dos noches de Radiohead en México, y quedó muy en claro que siguen invictos como la mejor banda de la historia.

viernes, 27 de febrero de 2009

Edguy en el Circo Volador


Aunque Sammet y Felix Bohnke ya habían venido a México el año pasado con Avantasia, esta vez las tierras aztecas atestiguaron el regreso de Edguy con motivo del tour de su último disco, Tinnitus Sanctus, un trabajo sin duda polémico y que continuó con la evolución que se dejó sentir desde el Rocket Ride, donde desapareció todo el generic power metal que podía quedar en la banda. A pesar de que esto ha dividido a los fans, éstos no han dejado de mostrarse fieles a la banda. El día de su presentación en México fue horrible y poco conveniente: miércoles, mitad de semana, exámenes y trabajo al siguiente día. Poco importó. Si bien no se llenó completamente el Circo Volador, tuvo una audiencia nada despreciable, acaso con asientos vacíos en la sección superior.

El boleto decía que el concierto iniciaría a las 8:30 de la noche, y en cierta manera fue así, pero ya desde que el público pudo entrar al recinto quedó claro que no sería Edguy la banda que habría de monopolizar la noche. No vale la pena ahondar en este tema, así que bastará con decir que el concierto fue abierto por Psicofonía, una banda mexicana completamente desconocida, que se debatía entre el speed metal y canciones llenas de melcocha. Un espectáculo bastante triste y que puso furioso al asistente promedio. Y mientras los roadies preparaban todo para el verdadero concierto, se nos anunciaban las fechas de las bandas que se presentarían en el Circo. Sin duda alguna las más aclamadas fueron Opeth, Haggard, Arch Enemy y Dragonforce; bastante más discreto fue el recibimiento de Stravaganzza y una señorita llamada Tarja (curiosamente no me lincharon cuando grité a viva voz "¡Anette!").

Cuando se apagaron las luces tras el triste preludio comenzó el verdadero concierto, con los riffs clásicos y poderosos de Dead or Rock, la última canción del último disco de Edguy. El tema, a pesar de que no es de lo mejor del Tinnitus Sanctus, cumplió con su cometido, ya que el público ávido de la banda germana no dudó en corear a viva voz el pegadizo estribillo de esta canción. Los gritos y la algarabía no tardaron en hacerse presentes, y finalmente fueron recompensados con la mejor canción del nuevo disco: Speedhoven y su épico inicio, con el que muchas personas se quedaron sin voz. Sin duda éste fue el primer momento realmente memorable de la noche, ya que la banda nos deleitó con esta canción que deberá pasar a la historia de Edguy y a la del mismo Tobias Sammet como compositor. Y es que no hay manera de que los primeros versos se borren de la memoria, mucho menos el gran estribillo con que cuenta la canción. Sin duda fue todo un lujo escucharla en vivo, pues cumplió y superó todas las expectativas. Sammet también quedó feliz, ya que le habían arrojado un sostén apenas comenzada la noche, wow, this is pretty big.

Cuando el público pudo tomar un respiro de todo lo que provocó la segunda canción, Sammet tomó el micrófono para charlar un poco con la gente, y así anunciar que el siguiente tema sería del Mandrake, uno de los discos consentidos, tanto por los die-hard fans de la vieja era, como por los más recientes seguidores de la banda. Tears of a Mandrake logró emocionar al público, y sin embargo hubo una nota amarga, ya que el micrófono de Sammet comenzó a fallar, y no una sino muchas veces. A final de cuentas todo se normalizó, pero fue algo molesto que el vocalista tuviera que probar con varios micrófonos para ver cuál sí servía. Esto, por cierto, se repitió un par de veces durante toda la noche. No obstante los problemas técnicos, la canción fluyó muy bien para dar paso a otro tema aclamado: Babylon, del Theater of Salvation. Sin duda alguna éste es uno de los temas que más me disgusta de Edguy, pero que a la vez todo mundo ama. La razón: es una granción de generic and predictible power metal with a double bass drum and an epic choir. Es decir, una fórmula usada hasta el cansancio. De cualquier forma es innegable que ésta fue una de las canciones que más agradó al público.

Continuando con los temas de la vieja era, llegó a nosotros The Pharaoh, del Mandrake, y que mostró otra de las notas épicas de la noche. Si ya en el disco ésta es acaso la mejor canción, muy en onda The Scarecrow, en vivo no es posible describirla, ya que la banda hace todo lo posible por ofrecernos un espectáculo musical insuperable, con numerosos pasajes instrumentales. Lo más destacable a mi parecer fue el solo de bajo de Tobias Exxel, quien maneja con maestría las cuatro cuerdas, tanto con plumilla como con los dedos. Esto puso de manifiesto que el bajo no es, de ninguna manera, un instrumento de adorno o que sólo sirve para rellenar las canciones. A la vez, también fue posible escuchar lo genial de Jens Ludwig como guitarrista, quien nos regaló solos con su Gibson que resultaron también memorables.

Para continuar la banda regresó al último disco con Ministry of Saints, el primer corte de difusión de Tinnitus Sanctus. Evidentemente en vivo sonó impecable, ya que es de esas canciones perfectas para tocar en directo. No obstante, fue igual de grande la emoción de todos los nostálgicos cuando Tobi nos dijo que tocarían una de sus canciones más emblemáticas: Vain Glory Opera hizo que el Circo se viniera abajo con la emoción, los gritos y la gente coreando ese magnífico estribillo que caracteriza al tema: "We live to fight the hand of doom, We got the pride to strike a fool, Vain glory be my wicked guide".

Fue tanto el ímpetu que se hizo necesario un momento para descansar la voz. Felix Bohnke se encargó de ejecutar un solo de batería más que decoroso, mostrando sus grandes aunque a la vez discretas habilidades como baterista. Y después de ser aclamado, el concierto continuó con una de las favoritas del último disco, The pride of creation, tema hilarante donde no pudo faltar la actuación de Sammet en el verso de "Why do they have to get marry before they do what they do?". Para continuar con el humor Tobias se burló de uno de los técnicos, "he's not Bon Jovi". Después nos preguntaría si nos gustaba Hammerfall, a lo que la mayoría del público respondió que sí - a diferencia de mí -, "oh, well, this is not a Hammerfall song, but an Edguy's song". Entonces entre las risas comenzó otro de los temas viejos, The headless game, que, además de haber sido sublime, se caracterizó por la comicidad de la banda, ya que los guitarristas y el bajista armaron una coreografía mientras Sammet gritaba "Let the hammer fall!", en una notoria parodia a la banda sueca de metal épico.

Una de las verdades universales es que Sammet es el showman perfecto de la escena del metal. Antes de comenzar la siguiente canción Tobias nos dijo, palabras más, palabras menos, "we wrote the next song to earn some money", para después preguntar sin que se apagaran las risas si había mujeres en el lugar. Los gritos femeninos no tardaron en llegar y la respuesta de Sammet fue ingeniosa: "and who of you want to fuck me?!". Lo curioso no fue la respuesta de las mujeres, sino el siguiente cuestionamiento de Sammet, "are there any guys here? So... which guy wants to fuck Felix?". Sin duda un joven se hizo famoso al gritar con toda la fuerza de su alma que él quería cogerse al baterista. Sammet lo reconoció y hasta lo señaló, "hey, we've finally found one". Pero ahí no acaba la cuestión, ya que esto fue el preludio para dedicarle a las mujeres la balada de la noche: Save Me, del Rocket Ride. Finalizado el tema Sammet nos volvió a decir que como no habían logrado ganar dinero con ese tema tuvieron que escribir otro más comercial, y así fue como llegó Superheroes. Sin duda alguna Sammet sabe burlarse de todos los dogmáticos que insisten en llamarlo vendido por escribir un par de canciones radio-friendly.

La banda se despidió y mientras todo el mundo coreaba el clásico "Oe oe oe oe, Edguy, Edguy" regresó la agrupación para el encore. Y aunque todo el mundo pedía Mysteria, Tobias dijo que la siguiente canción haría historia en los siguientes tours, y no es para menos, ya que Nine Lives fue un gran momento que se hilvanó a la perfección con una de las canciones más cómicas y absurdas que ha escrito el alemán: Lavatory love machine, que sin duda fue una de las cinco canciones más coreadas de la noche. Nuevamente hubo actuación de Sammet en momentos claves y erógenos: "and when she asks me what I like to eat I realise the domina feels the same, and I reply what about your pie" y "till I made my final splash". Para despedir el concierto Sammet confesó, en clave de broma, que no entendía cómo la gente podía vivir en México, ya que el aire era tan viciado que apenas se podía respirar. Dijo que, a final de cuentas, "well, we are a bunch of pussies, but for being pussies I guess we've done a great job tonight", y si ellos eran unas nenas, Tobias dijo que los mexicanos eran unos verdaderos metaleros. Finalmente, King of fools llegó para dar por concluida una gran noche, aunque no faltó la gente que seguía pidiendo Mysteria, a lo que Sammet respondió con un burlón "next tour, next tour".

Nada más se pudo pedir, sin duda alguna el año empezó de lo mejor en cuestión de conciertos, y es que con Tobias uno nunca se puede equivocar o dar un paso en falso. Así que continuando con las verdades universales, hay que decir sin temor al error que Edguy is fucking epic.

martes, 11 de noviembre de 2008

Between the Buried and Me en el Hard Rock Cafe

…you will just keep waiting.

Seis meses después de aquella visita de Between the Buried and Me (BTAM)al DF, el quinteto de North Carolina regresó a México la noche del nueve de noviembre en el Hard Rock Café. Lugar, a mi gusto, perfecto para esta banda, ya que se prestó para el Mosh Pit, se ve bien de todas partes, y el sonido es bastante bueno. Esta vez, la audiencia iba con el firme propósito de entregarse a esta gran banda; a diferencia de su visita anterior, donde, la gran mayoría de los presentes en su vida había los escuchado, y no tenían el oído educado para los growls característicos de BTAM.

Las puertas del lugar se abrieron a eso de las seis y media, y la gente fue llenando el Hard Rock, yo, afortunadamente, contaba con un boleto especial que me permitió estar en la parte de arriba y backstage. De arriba la vista era impecable, se seguía teniendo cerca el escenario, y el sonido era inmejorable.

La banda subió al escenario, tomaron sus posiciones, e inmediatamente Tom comenzó a tocar en su piano las primeras notas de Foam Born (A) The Backtrack, se detuvo un poco después, introdujo a la banda y continúo con la canción, que en vivo es impresionante, en especial ver cómo a Tom le salen los growls como si estuviera platicando, y, ver a Paul hacer esos arpegios sublimes. Como sabrán la canción va unida a (B) The Decade of Statues por lo que su transición fue perfecta. En esta canción la gente empezó a hacer el famoso mosh pit, y al verlos desde arriba pensaba, 'qué bueno que no estoy ahí'.

Unos problemas técnicos en la guitarra de Paul detuvieron por unos instantes el cambio de canciones, que como ya sabrán, en el Colors no hay tal. Afortunadamente, poco después comenzarían a tocar Informal Gluttony, la cual fue soberbia, la voz de Tom nunca se perdió y el sonido nunca se saturó, aun en las partes más pesadas, mismas que prendían a la audiencia de una manera sublime.

Otros problemas técnicos detuvieron nuevamente la transición de canciones, pero no tardaron mucho para continuar con Sun of Nothing (canción favorita de Tom para tocar en vivo), sólo que en vivo no hubo changuitos entre canciones. La canción es impresionante en vivo, sobre todo porque fue perfectamente ejecutada, y fue imponente escuchar al recinto entonar el “I’m floating towards the sun…”. Y qué decir de Ants of the Sky, que cumplió todas mis expectativas, fue apoteósico el inicio, así como el solo del final.

Prequel to the Sequel vino inmediatamente después, canción que al ser de las más pesadas fue de las que más puso el Mosh a todo lo que podía dar. Y donde vimos a Tom llevar su voz al límite para hacer un growl agudo y uno bajo, algo realmente impresionante, pero más impresionante era ver su presencia escénica, es un espectáculo por sí solo, sabe mantener a la gente atenta. Viridian llegó poco después, misma que dejó ver la habilidad de Dan en el bajo, y que dio un respiro para retomar fuerzas para la última canción del disco; la majestuosa White Walls: verla en vivo fue toda una experiencia, por lo grandioso de la canción, y en especial, por el clímax musical de los últimos 4 minutos de la canción. La canción fue impecable, es impresionante ver cómo suenan en vivo, incluso mejor que en el disco. Prueba inequívoca de su dedicación a su música y eso es algo que se agradece mucho.

La banda abandonaría el escenario aproximadamente por 20 minutos, tiempo suficiente para recuperar fuerzas y tomar una cerveza. Regresarían para decirnos que tocarían cosas de su viejo material. Y comenzaron el segundo setlist para tocar una de las canciones obligadas: Mordecai, canción del Silent Circus, que es violentísima, súper pesada; riffs que te taladran los oídos, y que tiene también una parte singalong que da escalofríos escuchar en vivo, siendo coreada por toda la audiencia.

Continuarían con un rolón muy antiguo, tanto, que el mismo Tom confesaría que tenían bastante tiempo sin tocar dicha canción en vivo, fue Shevanel Cut a Flip; canción del primer disco de la banda, que fue una sorpresa bastante agradable para todos los presentes esa noche. Roboturner, del Alaska, continuaría con la magistral ejecución de su repertorio. Las dos anteriores fueron canciones impresionantes, que prendieron a la gente, y que, fueron de lo más pesado de la noche. Seguirían con la canción que abre el disco Alaska: All Bodies. Canción en donde perdí la voz luego de gritar como loco “All bodies, contortion!”.

Al terminar la canción, la banda se despidió, pero dijeron que tocarían una canción más, era obvio cuál iba a ser, en especial cuando todo el recinto empezó a gritar el nombre de la canción al unísono. Sería la obligada: Selkies: The Endless Obsession. Canción que contiene, uno de los mejores solos de guitarra que ha escrito Paul, y que no defraudó. Justo al terminar las letras de la canción con la línea “We can speak of obsession... we can love the endless” empezó aquel grandioso momento en el que Paul pondría punto final con su guitarra a ese maravilloso concierto.

Lo más increíble de esta banda, no es cómo suenan en sus discos, ni lo impecable que suenan en vivo (a no ser por las fallas técnicas propias de una presentación en vivo); lo mejor de este colectivo de músicos es lo sencillos que son, y lo increíblemente amigables que pueden llegar a ser con sus fans. El hecho de que el artista te haga la plática a ti como fan, en vez de tú a ellos en un meet and greet es algo que pocas veces se ve.

El concierto como tal fue muy bueno, arriba del promedio, y de lo mejor de este año. Es de esos conciertos de los que no tengo nada por lo que quejarme, y créanme, eso es raro en mí (ayudó mucho que no estuviera abajo en medio del Slam y los empujones). Por cierto, les debo las fotos.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Epica en el Circo Volador

(Todas las fotos son propiedad de Germán García)

¿Cómo no amar a Simone Simons? Si es perfecta en todos los sentidos: es ridículamente hermosa, su cuerpo son ocho cabezas (algo sólo visto en dibujos de cómics), su presencia es imponente, su talento es innegable, su voz es angelical, y lo mejor, está bien buena. Sin embargo, hay algo en ella que nunca me ha terminado de convencer, antes pensaba que eran sus severos ataques de hipocondria, ahora sé que es su plan de diva. No sé, a lo mejor me equivoco y estaba en su derecho de abandonar el escenario, o a lo mejor fue una mamona que se pasó de exagerada al salirse del escenario como niña berrinchuda, lo que sí pude notar es que ella estaba a fuerzas, aunque dijera otra cosa. El por qué abandonó el escenario es relatado más adelante.

El regreso de Epica a México fue tan esperado, por sus ya sabidas cancelaciones, que el Circo Volador ya presentaba una cola que le daba la vuelta a la cuadra al cuarto para las cuatro de la tarde, y ni la lluvia, ni los mamones de los organizadores dando pulseritas para evitar colados podían evitar la emoción y la expectativa de los fanáticos congregados varias horas antes para agarrar buen lugar y ver a sus ídolos lo más cerca posible.

El concierto empezó tarde, pero cuando al fin se apagaron las luces a eso de las cinco para las nueve y empezó a sonar Indigo supimos que al fin Epica estaría tocando en México. La banda entró sin mucho aspaviento, el público enloqueció al ver a Simone, y no los culpo, es una diosa que irradia belleza, y al estar considerablemente cerca del escenario supe que el sólo verla había valido el boleto, y la espera.

Comenzaron tocando Obsessive Devotion, canción que fue perfecta para encender los ánimos de los presentes, a mí me pudo encantar el headbang de Simone, no sólo porque nos permitía apreciar mejor su escote, sino también porque es espectacular ver semejante cabellera de fuego moverse de esa manera tan chingonamente metalera. Pero regresando a la canción, fue ejecutada de manera aceptable, el sonido del Circo es bastante bueno, y la iluminación fue bastante favorecedora durante todo el concierto.

Quietus fue la siguiente canción interpretada por la banda, no fue nada espectacular salvo ver a Simone y los growls de Jansen. Sus siguientes números fueron Menace of Vanity y Living a Lie, canciones que prendieron a los fans de la banda y a los presentes en general, fueron buenas interpretaciones, con un Jansen impecable en sus growls y una Simone que canta como sólo ella sabe y puede.

Lo grosso de la noche vendría a continuación, mientras comenzaban a interpretar Sensorium a alguien se le hizo fácil aventarle una pulserita a Simone; pero ¡ah cómo es maldito el destino! Para infortunio de todos, la bendita pulsera fue a dar en el rostro de Simone (o eso dice ella) lo que ella entendió como un acto de agresión y abandonó el escenario. La banda siguió tocando unos instantes, hasta que pararon, y abandonaron el escenario también. Poco después llegaría Ad Sluijter a decirnos que alguien había agredido a Simone, muy indignado el señor, que por cierto tiene de metalero lo que yo de reseñista de conciertos.

Poco después vendría el buen Jansen a decirnos, en pocas palabras, que éramos malas personas, sólo que no pudo terminar su discurso (se notaba que no sabía qué decir o en su elección de palabras o quería ser políticamente correcto o no sabe hilar sus ideas apropiadamente) el caso es que nos dijo “uhm… oh… you don’t do that”. El señor es un cabrón, hasta cuando no hace growls. Al rato llegó una empleadita del Circo y explicó que alguien aventó una pulserita y que si querían dar regalos se los diéramos a los de seguridad. Al poco rato regresó la banda sin Simone, y nos prometieron que pronto regresaría Simone, que según la pulserita dañó su globo ocular, y que se estaba recuperando, pero que entre tanto iban a tocar un cóver. Para ser sinceros no me acuerdo qué cóver fue, ni de qué banda, pero era una rola netamente deathmetalera que me agradó. Sin embargo yo no iba a ver covers, ni que fuera concierto de Tarja.

Afortunadamente, después de otra canción, regresó Simone y nos perdonó la vida, y el público enloquecido por el perdón de su diosa se entregó aún más. Tocarón así Cry For the Moon de una manera aceptable, para posteriormente dar paso a un solo de batería bastante insípido. Continuaron con su setlist y tocaron Sensorium, sí. Luego vendrían Blank Infinity y Fools of Damnation, y al parecer tanto a la audiencia como a la banda se les había olvidado todo, y tanto ellos dieron un buen espectáculo, como la audiencia se entregó y disfrutó.

Llegarían así mis dos canciones favoritas de Epica, una seguida de la otra, Phamtom Agony y Chasing the Dragon, la primera fue ejecutada con maestría, y en general la canción por sí misma es poderosa. Y qué decir de Chasing the Dragon, canción que nos permitió contemplar la belleza de la voz de Simone de una manera insuperable y sublime.

Hipnotizado por la hermosura de la voz de Simone en la canción anterior, quedé atrapado y me entregué a Epica por completo en Sancta Terra, que vamos, es un rolón que al menos yo al escucharla inevitablemente la asocio con The Divine Conspiracy, canción que como ya sabrán en el disco viene subsecuente a Sancta Terra, lamentablemente no tocarían The Divine Conspiracy, en su lugar cerrarían con Consign to Oblivion. Canción buena a secas.

Me gustó que no tocaran Never Enough, canción que al menos yo aseguraba tocarían, pero fue mejor así, que dieran cabida a canciones menos vacías y más virtuosas. Y el otro lado de la moneda fue que no tocaron The Divine Conspiracy, canción que es puro virtuosismo.

Y así, se había ido el primero de los dos conciertos de Epica en la ciudad de México, concierto más bien regular. Y aunque me enojó ver los desplantes de Simone, e imaginar a los promotores en el camerino rogándole a la nena que regresara, volvemos al punto de ¿cómo no amar a Simone Simons?

lunes, 16 de junio de 2008

Avantasia en el Circo Volador

(Todas las fotos son propiedad de Germán García)

Pocas bandas pueden presumir de ser tan importantes como Avantasia. Su trascendencia va más allá de ser un destacable proyecto solita enfocado en el power metal de corte épico, con ciertos toques de hard rock, sino que, como dijera Tobias Sammet, la indiscutible mente maestra detrás de Avantasia, es la madre de las "metal operas". Desde que apareció Avantasia han aparecido varios proyectos más en el mismo estilo, pero ninguno tan importante (salvo Ayreon, quizá) como el de este joven germano, quien supo cómo sembrar la semilla de uno de los movimientos más memorables que, sin duda alguna, vivirá el metal en toda su historia. Y es que nunca antes un joven tan talentoso había podido reunir a los más destacables músicos de la escena mundial del heavy metal. Avantasia nació con dos discos que pasarán a la historia: The Metal Opera, Pt. 1; The Metal Opera, Pt. 2.

Tuvo que pasar un período de ocho años para que el brillante Tobias Sammet se decidiera a hacer nuevamente un disco de Avantasia. Y su resultado fue el espectacular The Scarecrow, que mostró una notable evolución que ya se dejaba ver en el último disco de Edguy, Rocket Ride. No obstante, Tobias se mantuvo firme durante algún tiempo en que nunca haría una gira mundial de Avantasia por los problemas de organización que esto representaría. Finalmente, tras las presiones de los fanáticos, y hasta de la disquera, se decidió emprender una gira en tan solo catorce países, donde México tuvo el honor de recibir el pasado 15 de junio a la madre de todas las metal operas: Avantasia. Su lugar: el Circo Volador. Un sitio a la vista poco agradable y nada especial, que se encuentra en una zona bastante fea de la Ciudad de México, y que en su exterior cuenta con horrendos grafitis que demuestran que la carencia de estética de ninguna manera puede ser arte.

Se pensaría que se llenaría la sala, pero no fue así. Ya iniciado el concierto había unos cuantos asientos solitarios en la parte superior. Algo inconcebible si tomamos en cuenta la magnitud de este evento. Diría el hermano de uno de los redactores de este blog: algo menos común que un eclipse solar. Quizá fue amor al arte por parte de Sammet o la estupidez del mexicano. Sea cual sea el caso, el concierto dio inicio a eso de las 8:10 pm, con los inconfundibles riffs de Twisted Mind. Sascha Paeth se encargó de crear un clima de tensión mientras todos expectantes aguardaban la llegada de Sammet. Al momento de llegar no se hicieron esperar los gritos: el concierto había empezado y la canción se desarrolló maravillosamente.

La segunda canción fue la épica The Scarecrow, y fue ahí donde apareció, junto a Sammet, el que a mi gusto ha sido el mejor colaborador de Avantasia, el señor Jorn Lande. Con más de once minutos de duración, esta pieza supo cómo atrapar al público.

A ésta le siguió, tras unas palabras de Sammet, la powermetalera Another Angel Down, que, claro está, en vivo sonó mucho más poderosa. La interpretación de ambos cantantes fue por demás excelente, y ésta fue de las preferidas de la noche. Pero lo mejor fue sin duda el momento en que se apagaron las luces para comenzar a sonar el ya conocido Prelude, que dio paso a una de las favoritas de todo fanático de Avantasia, Reach Out For The Light, del primer disco. Sammet se empeñó en demostrar su dinamismo y el poder que tiene sobre el público, quien agradeció con euforia su entrega.

Tras esta pieza apareció otro de los invitados estrella, el brasileño e inseparable amigo de Tobias, Andre Matos. Interpretaron a dueto una de las baladas clásicas: Inside. Aunque a decir verdad, el público la cantó casi completa. A esto le siguieron unas palabras en español por parte de Andre, que, cómo no, todo el público mexicano agradeció de gran manera, pero no tanto como el momento en que él mismo comenzó a ondear una bandera de México en la siguiente canción: No Return, un corte clásico de power metal, que si bien no es mi favorito, en vivo tuvo un gran poder.

De antemano había una decepción: Bob Catley no vendría a México, por lo que se ponía en riesgo la interpretación de la siguiente canción. Tobias ofreció cantarla solo, y así lo hizo, no sin el coro de todo el recinto. The Story Ain't Over, fue una power ballad sumamente emotiva aunque faltara la voz de Catley.

La velocidad regresó con Shelter from the rain, a la que no le faltó ni por un instante la voz del renegado del metal, Michael Kiske. Andre, Tobias, y el no menos calvo que Sammet, Olli Hartmann, supieron encarar perfectamente la canción. Pero después de eso llegó el momento más temido por todos los fundamentalistas anti mercado: Lost in Space, una canción que Tobias se encargó de defender a capa y espada. Lo mejor del caso fue que todos se olvidaron de lo comercial que puede resultar la canción, y eso logró que ésta fuera una de las canciones más coreadas de la noche.

Dada la presencia de Hartmann era casi imposible que no tocaran I don't believe in your love. Lo mejor de la canción: el épico "Don't give a fuck for roses". Pero luego de eso vino uno de los momento álgidos de la noche. La canción que todo fanático de Avantasia sueña con escuchar en un concierto: Avantasia. El Circo Volador coreó a viva voz el inmortal estribillo como era de esperar, hasta que la mítica canción terminó, para dar paso a otro viejo conocido del primer disco, Serpents in Paradise, canción más que perfecta para el resucitado Jorn Lande, quien continuó mostrando que en vivo es todo un maestro a la hora de interpretar canciones rockeras, con esa voz desgarrada y poderosa que lo caracteriza, y que nos dejó disfrutar en la siguiente canción, que resultó un tanto paradójica. A mi gusto, Promise Land, fue la gran faltante en el último disco, la mejor canción de power metal en los EPs y en The Scarecrow. En vivo resultó excelente, pero lo más triste del caso es que casi nadie la conocía... Un dato curioso es que en una parte del puente de la canción, Sammet pareció llorar. Eso, o se le acabó la voz.

La banda se retiró durante un rato, para dar inicio a la parte final del concierto: los encore. Y no pudo empezar mejor: The Toy Master, con Sammet vestido de acuerdo a la ocasión, supo imprimir una fuerza enorme al tema ante la falta de Alice Cooper. Musicalmente fue de lo mejor de la noche, si no es que lo mejor, pero, nuevamente, el público se quedó mudo ante mi sospecha y mi frustración. Para rellenar ese hueco de incultura, le siguió la canción favorita de los caballeros, Farewell, interpretada por Sammet a dueto con Amanda Somerville, quien se llevó la noche. Ésta sí fue de gran aceptación por el público, afortunadamente, aunque quizá se debió a Amanda y no tanto a la canción en sí.

Para terminar el concierto se tocó Sign of the cross, con todos los músicos. Fue un momento épico que concluyó con el coro de The seven angels, aquella canción tan épica y magestuosa del segundo disco, cantada por todos y cada uno de los músicos: Tobias Sammet, Andre Matos, Jorn Lande, Oliver Hartmann y Amanda Somerville.

La adrenalina al salir de un concierto obliga a la gente a pensar que cada uno ha sido el mejor de su vida. Sin embargo, esto se convierte en una ley, una apreciación objetiva, cuando se trata de Avantasia, porque no importó nada: México, un país de tercer mundo, tuvo el privilegio de ser de los únicos en poder escuchar a ese conjunto de grandes músicos que es Avantasia, ante la envidia de muchos más países. La experencia de ver a Avantasia en vivo no fue la de ver a cualquier grupo en un tour, sino la de ver la primera y única gira del mejor de los grandes conjuntos de metal. Con esto, uno ya puede tener algo que contarle a sus nietos: no todos los días se ve al conjunto que cambió al metal del nuevo siglo.

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