domingo, 7 de octubre de 2012
lunes, 5 de octubre de 2009
Sonata Arctica - The Days Of Grays (2009)
Hace mucho tiempo que el power metal dejó de ser un género original que aportara nuevas cosas a la música. El riesgo de ser un músico que se dedique a él es enorme, pues casi siempre es una apuesta con altas probabilidades de ser perdida. Afortunadamente Tony Kakko lo entendió hace mucho tiempo y tanto para él como para los fans - para desgracia de muchos que no están dispuestos a escuchar temas más complejos - lejos han quedado los años en que la música a toda velocidad era la marca constante de los discos.
Así es como siempre se comporta el arte: una perpetua evolución que va exorcizando los lastres del pasado o, en su defecto, y como suele ocurrir en este género, toma los viejos componentes y los calca. La música más sincera, como las novelas, los poemas o las pinturas, se debe también al egoísmo inherente del artista - y éste es acaso un rasgo positivo que los creadores pueden tener el lujo de explotarlo como deseen. De hecho, ése debería ser ya un punto a favor de todos los compositores que, en estas épocas de modelos prefabricados que sólo responden a las necesidades de un público mediocre, se atreven a ser sinceros consigo mismos.
Si el power metal peca de pocos elementos para argumentar una estética musical relevante, también es cierto que es posible tomar elementos de este género para formar obras bellas. Para Sonata Arctica esta forma de hacer música ha quedado como un trasfondo favorable. Así como los libros nacen de los libros, según la teoría de Álvaro Enrigue, los discos se deben a las influencias. Pero así como no se trata de reescribir Rojo y negro de Stendhal, tampoco vale la pena buscar en los propios discos pasados para entregar un nuevo material que sea sólo una repetición absurda de los viejos sonidos. Desgraciadamente, a los fanáticos parece molestarles cada vez que un artista se olvida de todos los demás y se concentra en la música que éste quiere hacer: sucedió con Unia, también sucede con The Days Of Grays, que, si bien no es un disco tan experimental como el anterior, da muestra de la evolución y de la ambición de Tony Kakko por trascender en un género tan repetitivo.
Si algo destaca de este disco es que la mayoría de las canciones son arriesgadas y dejan de lado la vieja estructura de verso-estribillo-verso-estribillo-solo-estribillo: ya pocos son los tracks que se sustentan en el coro. En cambio, Tony Kakko ha apostado por estructuras más complejas hasta convertir este disco en algo a caballo entre el metal progresivo y el power metal con toques sinfónicos - en algunas partes incluso se nota la influencia de Nightwish, tanto en letras como en música; no por nada Kakko y Holopainen son buenos amigos. Como muestra de ello está Dethaura, el segundo tema del disco, que es acaso uno de los mejores en la historia de Sonata Arctica, donde, además, hay la participación voces femeninas.
Juliet, por ejemplo, es muestra de la maestría de una banda madura que compensa las melodías amigables con los pasajes complejos que, en todo caso, se encuentran a su nivel máximo en The Death Skin, un tema progresivo en toda regla. Sorprende también la inclusión del saxofón como complemento del solo de guitarra de The Truth Is Out There.
No es que prescindir de los estribillos sea condición sine qua non para lograr buenas canciones. Así lo ha entendido Tony Kakko en temas como The Last Amazing Grays o la genial No Dream Can Heal A Broken Heart, donde, si bien el coro juega un papel importante, el resto de la música ofrece una complejidad importante que lleva a momentos en los últimos minutos donde ya no es necesario reincidir en las melodías pegajosas. Caso contrario es Flag In The Ground, que sí es una concesión al género que, aunque efectiva, cae en un lugar común que parecía superado.
Se dice, por cierto, que éste es de esos discos que merecen ser escuchados con atención más de una vez - lo que es de por sí una obviedad insportable. ¿No acaso el arte merece siempre esa concentración? Lamentablemente la cultura del shuffle tiende a destruir las obras: las novelas no se leen de manera aleatoria - ni siquiera Rayuela -, los discos tampoco.
Hoy día, ir contra el mainstream es una apuesta estética que debería ser la bandera de los músicos sinceros. Tony Kakko parece aceptar esta idea para entregar su disco más maduro a la fecha.
sábado, 8 de marzo de 2008
Sonata Arctica en el Circo Volador.
A pesar de que escucho bastantes y variadas bandas de metal, y suelo darle rotación a una significante cantidad de álbumes de metal en mi reproductor; no me considero metalero. Ni en la actitud ni en la pinta ni en nada. Sin embargo el pasado jueves asistí a mi primer concierto de audiencia netamente metalera. No fui a ver una banda que me emocione mucho, ni a una banda que escuche en demasía, vaya, ni me considero fan. Sin embargo es una banda que respeto y a la que le encuentro cosas interesantes.
En este contexto, se imaginarán que al no ser ni metalero ni fan de Sonata Arctica no fue como que mi máximo el concierto del jueves pasado. Pero, encontré cosas bastante interesantes y algunas hasta emocionantes. Llegué un poco tarde al patético Circo Volador, ya había bastante gente formada para ver a su banda (supongo yo) favorita. Había de todo: desde el metalero con el pelo maltratado a la espalda hasta el despistado que de alguna manera llegó a la Viga a ver a estos fineses. Total entré y desde el principio sentías los empujones, sí, algo que supongo es típico en conciertos de esta naturaleza: pelear por tu sobrevivencia o tu lugar cercano al escenario.
Afortunada o desafortunadamente, como lo quieran ver, no abrió ninguna banda… así que fue directo. Escenarios e iluminación bastante modestos, o para mí en lo personal lo fueron, y del sonido ni qué decir. ¿Cómo esperan que la gente rockee así? Quién sabe, igual la gente se las arregló para hacerlo y duro.
Abrieron con una canción introductoria y siguieron con In Black and White, canción que no había escuchado (sólo había escuchado los discos Ecliptica y Reckoning Night). Me gustó la ejecución, sin embargo, se imaginarán que es difícil apreciar una canción que escuchas por primera vez y en vivo.
Siguieron con más rolas que no conocía, Paid in Full, que se me hizo bastante equis, y siguieron con Victoria's Secret. Ésta última me gustó más, sobre todo se sintió que la gente se empezó a prender más con esta rola. Y empezaron los pendejitos slameros a fastidiar…
Continuaron con más canciones desconocidas para mí hasta el momento: Broken y San Sebastian hasta que al fin tocaron una canción que reconocí: Shamandalie. Suena bien en vivo (digo, ignorando el hecho de que el sonido era un asco), igual la voz del vocalista le da fuerza en vivo. Después vino otra (de las muchas) rola nueva para mí: Caleb seguida de una que sí conocía y que es de lo que más me gusta de esta banda: 8th Commandment. Y mientras luchaba por guardar el setlist y escuchar poniendo algo de atención, los imbecilitos pseudofans de la banda hacían insufrible mi experiencia. Digo, se puede rockear sin llegar a ridículos.
Pero bueno, el concierto se desarrollaba y llegaron: Black Sheep, Wolf and Raven y Full Moon, ésta última sí la conocía y aunque el sonido hacía de las suyas, de alguna manera lograban mantenerte disfrutando y emocionado. Digo, sobre todo a los fans, la gente estaba bastante “entretenida”.
Y en fin, luego de un cóver tocaron: It Won't Fade, Gravenimage, Don't Say A Word, y The Cage de dizque encore, igual la gente se veía bastante agradecida.
Para ser mi primer concierto “metalero”, me la pasé bien a pesar de los slameros y el sonido que bueno, supongo que esto se debió a la desorganización de la empresa que trajo a la banda. Ya ven que eso no pasa en México. No se les puede recriminar la ejecución, ni la entrega, ni la capacidad de mantener a su público entretenido y disfrutando. Aunque, me quedé con ganas de escuchar Blank File en vivo.
domingo, 10 de febrero de 2008
Sonata Arctica - Unia (2007)
Sonata Arctica es una de esas bandas que están destinadas a hacer historia en el mundo del power metal. Con su primer disco Ecliptica prácticamente lograron consagrarse, gracias a los riffs veloces, la batería trepidante y los teclados a toda velocidad. Este estilo se quedó en ellos hasta su penúltimo disco, Reckoning Night, donde comenzaron a cambiar de sonido. La búsqueda por sonar de otra forma, de madurar, se ha consumado en Unia, el último disco de esta banda finlandesa que fue lanzado al mercado en el 2006. Un trabajo que sin duda dejará perplejo a más de uno.
Actualmente hay una tendencia bien clara en el mundo del metal, y ésa es evolucionar musicalmente hablando. Antes resultaba cómodo y hasta deseable que las bandas no perdieran su sonido más clásico. Hasta la fecha, por ejemplo, Iron Maiden sigue haciendo el mismo tipo de música, complaciendo así a su base más sólida de fanáticos y aburriendo a personas que desean escuchar nuevas cosas. Sonata Arctica, como ya había mencionado, se sumó a la tendencia de atreverse a probar nuevos sonidos, manteniendo, claro está, su sello personal.
El disco arranca con In black and white, un tema que tiene una buena solidez con las guitarras, que sigue con la línea clásica de las canciones menos veloces de Sonata Arctica y que, a pesar de ello, contiene uno de los mejores solos de guitarra de todo el disco. Todo esto amalgamado perfectamente con los teclados constantes y un buen trabajo vocal de Toni Kakko.
Siguiendo la línea del tema anterior, llega Paid in full, el primer single del disco, donde lo más destacable son los pequeños detalles: unos sutiles teclados llenan la canción mientras que ésta se desenvuelve de manera algo atípica para un sencillo. A veces hay pequeños cambios de ritmo que le dan mucho poder al tema, que no es el clásico single comercial del que la mayoría de los fundamentalistas del heavy metal rehuirían.
For the sake of revenge es el tercer tema de este disco, una canción enclavada en un medio tempo melancólico lleno de una atmósfera perfecta para que se desenvuelva la voz de Toni Kakko, sobre todo en el gran estribillo con el que cuenta esta canción.
Con It won’t fade regresa un poco la velocidad al disco, no a niveles como nos tenían acostumbrados en los discos anteriores, pero esta canción logra imprimirle una muy buena fuerza al trabajo en general. Nuevamente nos encontramos ante un buen estribillo plagado de voces superpuestas y en el plano musical una melodía sólida, casi épica.
Hasta aquí y en adelante todo el disco está permeado con un aura oscura, que continúa en Under your tree, un tema más lento que el anterior, triste y que es conducido por una batería calmada, los teclados más bien atmosféricos y suaves riffs de guitarra. Mención aparte se merecen los sutiles coros que hacen acto de presencia en este tema.
Sigue el mejor tema del disco a mi gusto, Caleb. Una canción que tiene como apertura unos sonidos de teclado que le dan paso a unos buenos riffs pesados. Un poco parecido a White pearl, Black Oceans, esta canción dotada de una gran fuerza transcurre fácilmente por los oídos. Hay cambios de ritmo, un gran trabajo vocal de Kakko y unos coros soberbios y dramáticos hacia el apoteósico final de la canción que cuenta con un solo de guitarra, cosa rara en este disco, y una velocidad perfecta.
Cuando llega The vice apenas y nos damos cuenta. Un buen trabajo en la batería que se diluye en pesados riffs abre este tema trepidante donde la gran cantidad de voces que interactúan en la canción vuelven de este corte algo genial.
My dream’s but a drop of fuel for a nightmare es el largo título de la siguiente canción, donde hacen acto de presencia nuevamente la multiplicidad de voces, los cambios de ritmo y la atmósfera oscura. Hasta este punto podríamos pensar que el disco tiene varios elementos que podrían ser catalogados como progresivos, y ésta canción es muestra de ello, como también lo es la siguiente, The harvest, que es quizá el tema más duro y contundente del disco, que sigue con la línea de Wildfire de su disco anterior. Una canción algo pesada donde Toni Kakko se desgarra la voz para confirmar que este tema es muestra de que si bien el disco está lleno de medios tiempos, también existen canciones muy poderosas.
Para descansar de la violencia de la canción anterior, llega The worlds forgotten, the words forbiden, donde lo que más me gustó fue el inicio con una batería tranquila y ese inmortal “Save me…”. De cualquier forma es de los temas que menos destacan.
Fly with the black swan es un tema como todos los anteriores: oscuro, angustiante, con unas guitarras muy graves, voces sobrepuestas por todos lados, algunos coros bastante buenos y un Toni Kakko que ya no se atreve a explorar los puntos más altos de su registro vocal.
Para cerrar el disco tenemos una balada que, sin duda alguna tiene el sello de la casa. Me refiero a Good enough is good enough, un tema íntimo donde sólo actúa una guitarra acústica, algún violín y la voz de Toni.
Unia es por sobre todas las cosas, un disco diferente a lo que Sonata Arctica nos tenía acostumbrados. Aquí ya no hay un constante doble bombo con montones de solos de guitarra, al contrario, la música es protagonizada por medios tiempos y canciones que tienen riffs muy graves, a diferencia de sus trabajos anteriores. Toni decidió mesurar su voz esta vez, yendo hasta las zonas más bajas de su registro. Por otro lado, el disco es muy difícil de escuchar. Personalmente me mantuve diciendo que éste era un trabajo rarísimo hasta la quinta vez que lo escuché. Finalmente me pareció bastante bueno, difícil de asimilar y con una evolución necesaria, que a los fundamentalistas del género y de la banda les desagradará en gran medida. Algunos dicen que éste es su peor disco. Yo no lo creo así, más bien lo definiría con un trabajo muy oscuro, pesado, complicado, pero musicalmente hablando impecable. O será que a mí me gusta todo lo que los puristas odian…
8.9/10
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