miércoles, 26 de noviembre de 2008

Edguy - Tinnitus Sanctus (2008)


You're alive said the maker and smiled at the aardvark
You're divine by the grace of the master above

Recurriendo al cliché: Edguy es una banda que no necesita mayor presentación. El genio musical de esta agrupación alemana es el prolífico Tobias Sammet, encargado también de su proyecto Avantasia, o el gran supergroup de metal en la nueva era. Edguy empezó como la banda de unos adolescentes que ya desde el inicio mostraban un talento musical muy importante. Afianzados en el género del power metal, con el paso de los años y los discos, Edguy ha evolucionado a sonidos menos clásicos y más heavies. Desde su excelente disco Hellfire Club, Tobias Sammet ha manifestado su apatía para con el power metal, un género repetitivo y sin frescura. Hay mucha verdad en sus palabras: a diario aparecen nuevas bandas de power metal y todas suenan igual, la mayoría de ellas, incluso usan las mismas temáticas insulsas en sus canciones, a saber, calabozos y dragones, hadas, duendes, enanos y balrogs de fuego. En cambio, lo que ha caracterizado el trabajo de Sammet es la comicidad y las temáticas que en muchos casos llegan a lo poético.

Rocket Ride (2006) rompió con los viejos esquemas de Edguy: el doble bombo desapareció, salvo en una canción. Sammet supo innovar con un trabajo fresco que decepcionó a más de uno, ya que el alemán se había aburrido del mismo power metal de antaño. Quizá no fue un disco tan prolijo como Hellfire Club, pero mostró elementos sin los cuales Edguy sería hoy sinónimo de innovación y compromiso con la música. Tinnitus Sanctus se nos había anticipado como un disco distinto, la evolución lógica de Edguy, not another Mandrake's legacy... Era de esperar un trabajo con el sonido nuevo de Sammet (que desde Avantasia ha estado mostrándose como el mejor de su carrera).

Ministry of saints es la canción perfecta para abrir cualquier disco de metal. Se trata de una canción pesada de clásico heavy metal con el toque inconfundible de Edguy. Es el tipo de canciones que uno se espera de cualquier disco de esta agrupación alemana: una estructura nada pretenciosa, un estribillo que se queda en la mente desde el primer momento y otro tema más para ser interpretado en cualquier concierto.

La segunda canción es Sex Fire Religion, que si bien no es un medio tiempo sí es más pausada que su predecesora. En realidad, en este track se escucha todo el hard rock que Edguy ha estado implementando en los últimos tiempos. Musicalmente hablando es una canción disfrutable, con otro buen estribillo, aunque un poco anodina a final de cuentas. La letra no es un poema precisamente, por cierto "Maybe she don't know love but she knows how to make it".

The pride of creation es definitivamente la favorita por defecto del avarage Edguy fanboy. Un gran tema que comienza muy potente, pero que en realidad es más calmado de lo que aparenta, sin mencionar que el nivel de los estribillos sigue en constante crecimiento. Sammet había dicho en una entrevista que él se parecía a Dios en el sentido de que los dos tenían muy buen humor, y para prueba dijo que sólo miráramos un cerdo hormiguero (cerdo, no oso: an aardvark), si eso no era un chiste de Dios, entonces quién sabe de qué broma del destino se trata. La temática de la canción, más que de una alabanza al cerdito, es sobre el ateísmo, viéndolo desde un punto de vista más ligero, con la comicidad típica de Sammet.

Por el contrario, Nine lives es una canción mucho más seria y con una letra bastante buena. Ésta sí es más parecida a un medio tiempo, con algunos elementos electrónicos que la distinguen, que quizá recuerden a Matrix de Rocket Ride. Una canción muy de la nueva era, que seguramente detestarán los fanáticos del viejo Edguy y que amarán los que gustan de su disco anterior. Yo soy de los segundos.

En cambio, Wake up dreaming black es más el tipo de canción que uno encontraría en Mandrake, que si bien no regresa a la velocidad extrema, tiene un gusto a power metal mucho más pronunciado. Una buena canción, pero que repite una fórmula que Edguy había utilizado mucho antes, sobre todo por el "dying angels, dying angels" en el coro.

El mejor estribillo del disco, quizá, es el de Dragonfly, hímnico (anthemic suena mejor) y poderoso. Una canción que en cuestión de temática no es precisamente brillante, pero tal aparente deficiencia se compensa con el gran trabajo que suponen las letras con la melodía. Parece ser que la encomienda de Sammet era crear un juego de palabras que a la vez sonaran excelente con el ritmo de la música. Lo logró y aquí está una de las canciones épicas de este trabajo.

Thorn without a rose es la balada del disco, algo que se presiente desde el título. A Sammet le gustan las rosas y nos lo ha demostrado a través de muchas canciones (The scarlet rose de Edguy y I don't believe in your love, de Avantasia). No faltan los comentarios de que suena a Bon Jovi, quizá es por su famosa canción de Bed of roses, que pareció crear una marca registrada con respecto a estas flores. Sammet es mucho mejor músico que Bon Jovi y su música no tiene nada qué ver. Ésta es una gran canción, una power ballad que vale mucho la pena.

9-2-9 es otra canción con el sello de Rocket Ride: sonidos modernos de la mano de un medio tiempo. La letra, por cierto, es de lo mejor que hay en el disco. En sí misma ésta es una canción muy bella, que en un principio no destaca demasiado. Sólo falta prestarle un poco de atención y tendremos uno de los mejores temas del disco.

A reserva de lo que puedan decir muchos, Speedhoven es una de las mejores canciones compuestas por Tobias Sammet. El inicio es genial, todo un himno que, por alguna razón, suena a música sinfónica (la de verdad, no metal sinfónico). Lo mejor es que Sammet sabe no abusar de esta clase de sonidos, ya que es conciente de que la fórmula de Rhapsody of fire no puede usarse todo el tiempo. Lo que para la media sería una canción-himno más, para Edguy es sobresaliente, y es que ésta no es una canción con sonido épico, sino que es simplemente genial. Su estructura va más allá de lo trillado de las canciones largas. Aquí podemos advertir detalles muy interesantes, como el uso tan acertado del teclado de una forma que quizá es atípica en este tipo de temas. Sin duda alguna, la mejor canción de Tinnitus Sanctus y en el top 10 de Sammet como compositor.

Dead or Rock le hace honores a su título. El sonido no podía ser más hardrockero y el descaro de las guitarras es evidente. No es una mala canción, sino todo lo contrario. No obstante, me parece que está en el lugar equivocado, ya que para cerrar el disco hubiera sido mejor otro tema.

Aren't you a little pervert too?! es la clásica canción cómica que Tobias hace como bonus. En Mandrake tuvimos un conejito alienígena que toca la batería muy rápido, en Hellfire Club a Lucifer teniendo un orgasmo, en Rocket Ride nos fuimos al Caribe con una canción tropical, hoy toca Texas: country del bueno, con banjo y todo. ¿Más que decir? No lo creo...

Tinnitus Sanctus definitivamente no es un disco para todos, así se escuche una y otra vez. Como veníamos anunciando al principio de esta reseña, se trata de la evolución lógica de Edguy desde su deslinde del power metal. Lo que Sammet llama ser sincero consigo mismo no es lo que precisamente a todo mundo le gusta, ya sea porque Tobias no es el powermetalero que todo mundo creía, o porque en la actualidad hay un extraño tabú contra el hard rock y los sonidos más clásicos. Más allá de eso y las comparaciones ociosas con bandas como Aerosmith o AC/DC, Tinnitus Sanctus es un gran trabajo, la muestra de que el genio musical de Sammet aún no ha terminado y que va en ascenso, aunque quizá no en la dirección que todo mundo desearía.

Hay canciones que no terminan de ajustarse al trabajo, eso es claro, como Wake up dreaming black o Sex Fire religion, pero en general éste ha sido el mejor esfuerzo de Edguy hasta la fecha. Hellfire Club, en cambio, es la cumbre de su power metal, de la vieja faceta que no pudo ser cerrada de mejor manera, en lo que es uno de los mejores discos de la década. Tinnitus Sanctus es mejor que Rocket Ride porque ha llenado lagunas que en el anterior trabajo aún costaban cohesionar con el nuevo sonido.

Y aunque no sea para todos los gustos: Tobias ha logrado lo que pocos pueden hacer: dos buenos discos en un mismo año, que además están muy por encima de la media.

9.3/10

martes, 11 de noviembre de 2008

Between the Buried and Me en el Hard Rock Cafe

…you will just keep waiting.

Seis meses después de aquella visita de Between the Buried and Me (BTAM)al DF, el quinteto de North Carolina regresó a México la noche del nueve de noviembre en el Hard Rock Café. Lugar, a mi gusto, perfecto para esta banda, ya que se prestó para el Mosh Pit, se ve bien de todas partes, y el sonido es bastante bueno. Esta vez, la audiencia iba con el firme propósito de entregarse a esta gran banda; a diferencia de su visita anterior, donde, la gran mayoría de los presentes en su vida había los escuchado, y no tenían el oído educado para los growls característicos de BTAM.

Las puertas del lugar se abrieron a eso de las seis y media, y la gente fue llenando el Hard Rock, yo, afortunadamente, contaba con un boleto especial que me permitió estar en la parte de arriba y backstage. De arriba la vista era impecable, se seguía teniendo cerca el escenario, y el sonido era inmejorable.

La banda subió al escenario, tomaron sus posiciones, e inmediatamente Tom comenzó a tocar en su piano las primeras notas de Foam Born (A) The Backtrack, se detuvo un poco después, introdujo a la banda y continúo con la canción, que en vivo es impresionante, en especial ver cómo a Tom le salen los growls como si estuviera platicando, y, ver a Paul hacer esos arpegios sublimes. Como sabrán la canción va unida a (B) The Decade of Statues por lo que su transición fue perfecta. En esta canción la gente empezó a hacer el famoso mosh pit, y al verlos desde arriba pensaba, 'qué bueno que no estoy ahí'.

Unos problemas técnicos en la guitarra de Paul detuvieron por unos instantes el cambio de canciones, que como ya sabrán, en el Colors no hay tal. Afortunadamente, poco después comenzarían a tocar Informal Gluttony, la cual fue soberbia, la voz de Tom nunca se perdió y el sonido nunca se saturó, aun en las partes más pesadas, mismas que prendían a la audiencia de una manera sublime.

Otros problemas técnicos detuvieron nuevamente la transición de canciones, pero no tardaron mucho para continuar con Sun of Nothing (canción favorita de Tom para tocar en vivo), sólo que en vivo no hubo changuitos entre canciones. La canción es impresionante en vivo, sobre todo porque fue perfectamente ejecutada, y fue imponente escuchar al recinto entonar el “I’m floating towards the sun…”. Y qué decir de Ants of the Sky, que cumplió todas mis expectativas, fue apoteósico el inicio, así como el solo del final.

Prequel to the Sequel vino inmediatamente después, canción que al ser de las más pesadas fue de las que más puso el Mosh a todo lo que podía dar. Y donde vimos a Tom llevar su voz al límite para hacer un growl agudo y uno bajo, algo realmente impresionante, pero más impresionante era ver su presencia escénica, es un espectáculo por sí solo, sabe mantener a la gente atenta. Viridian llegó poco después, misma que dejó ver la habilidad de Dan en el bajo, y que dio un respiro para retomar fuerzas para la última canción del disco; la majestuosa White Walls: verla en vivo fue toda una experiencia, por lo grandioso de la canción, y en especial, por el clímax musical de los últimos 4 minutos de la canción. La canción fue impecable, es impresionante ver cómo suenan en vivo, incluso mejor que en el disco. Prueba inequívoca de su dedicación a su música y eso es algo que se agradece mucho.

La banda abandonaría el escenario aproximadamente por 20 minutos, tiempo suficiente para recuperar fuerzas y tomar una cerveza. Regresarían para decirnos que tocarían cosas de su viejo material. Y comenzaron el segundo setlist para tocar una de las canciones obligadas: Mordecai, canción del Silent Circus, que es violentísima, súper pesada; riffs que te taladran los oídos, y que tiene también una parte singalong que da escalofríos escuchar en vivo, siendo coreada por toda la audiencia.

Continuarían con un rolón muy antiguo, tanto, que el mismo Tom confesaría que tenían bastante tiempo sin tocar dicha canción en vivo, fue Shevanel Cut a Flip; canción del primer disco de la banda, que fue una sorpresa bastante agradable para todos los presentes esa noche. Roboturner, del Alaska, continuaría con la magistral ejecución de su repertorio. Las dos anteriores fueron canciones impresionantes, que prendieron a la gente, y que, fueron de lo más pesado de la noche. Seguirían con la canción que abre el disco Alaska: All Bodies. Canción en donde perdí la voz luego de gritar como loco “All bodies, contortion!”.

Al terminar la canción, la banda se despidió, pero dijeron que tocarían una canción más, era obvio cuál iba a ser, en especial cuando todo el recinto empezó a gritar el nombre de la canción al unísono. Sería la obligada: Selkies: The Endless Obsession. Canción que contiene, uno de los mejores solos de guitarra que ha escrito Paul, y que no defraudó. Justo al terminar las letras de la canción con la línea “We can speak of obsession... we can love the endless” empezó aquel grandioso momento en el que Paul pondría punto final con su guitarra a ese maravilloso concierto.

Lo más increíble de esta banda, no es cómo suenan en sus discos, ni lo impecable que suenan en vivo (a no ser por las fallas técnicas propias de una presentación en vivo); lo mejor de este colectivo de músicos es lo sencillos que son, y lo increíblemente amigables que pueden llegar a ser con sus fans. El hecho de que el artista te haga la plática a ti como fan, en vez de tú a ellos en un meet and greet es algo que pocas veces se ve.

El concierto como tal fue muy bueno, arriba del promedio, y de lo mejor de este año. Es de esos conciertos de los que no tengo nada por lo que quejarme, y créanme, eso es raro en mí (ayudó mucho que no estuviera abajo en medio del Slam y los empujones). Por cierto, les debo las fotos.

viernes, 31 de octubre de 2008

WarCry - Revolución (2008)


WarCry es, posiblemente, una de las bandas españolas más reconocidas, cuyo indiscutible líder, Víctor García, salió de las entrañas de la escisión que hubo en la también aclamada banda Avalanch. Los días de esta agrupación comenzaron con un power metal bastante clásico: temáticas épicas en las letras, solos de guitarra todo el tiempo, un doble bombo constante y estribillos pegadizos. Su tercer disco, Alea Jacta Est, mostró una notable evolución hacia sonidos más progresivos, pero sin dejar atrás la base power que los caracterizaba. No fue sino hasta el sublime ¿Dónde está la luz? que WarCry le daba un giro inesperado a su música, imprimiendo un sello único que ya no dependía de las fórmulas clásicas del género. En cambio, nos ofrecieron un disco sin menor rastro de doble bombo, con una faceta más heavy y madura, presentándonos las canciones más trabajadas de la banda, todas ellas compuestas por Víctor. Las letras, además, tomaron un rumbo distinto, pues se centraron más en aspectos cotidianos y más trascendentes que las batallas entre guerreros medievales y las legiones del mal.

Tras esa joya del metal contemporáneo, vio la luz su quinto trabajo: La quinta esencia. Un disco que supuso una síntesis de todos los elementos que se habían mostrado en la banda. Tal movimiento dialéctico los llevó a cerrar un ciclo, a remover a varios músicos e incorporar a nuevos personajes que contribuyeron para la creación de su sexto disco: Revolución.

Con una semana en las tiendas, es momento de ofrecer la crítica del último disco de este conjunto asturiano. Un álbum que, a decir verdad, ha sorprendido a más de uno.

La última esperanza tiene un inicio algo cómico, de pésima calidad, como si se hubiera colado en el internet un demo robado por algunos facinerosos. Si uno se baja el disco puede sentir remordimiento. Más allá de esto, esta canción es de lo mejor de todo el trabajo, ya que inicia con un gancho insuperable y un estribillo digno de mención, de ésos a los que WarCry nos tiene acostumbrados.

El segundo tema lleva por título El cazador, otra gran canción que recuerda a los tiempos de Alea Jacta Est, ya que podemos escuchar un doble bombo y una melodía bastante veloz. En realidad no hay nada de críticable aquí. Cuando WarCry se esfuerza a la hora de componer canciones power parece como si nadie pudiera superarlos.

Nada como tú es el primer punto bajo del disco en cuestión de composición, aunque no en efectividad. Lo primero que puede saltar a la vista son las letras cursis con las que cuenta esta canción - hay que tener en cuenta que Víctor García ha escrito cosas románticas mucho más decentes que ésta. En sí, la canción está bien, ya que musicalmente hablando se trata de una suerte de medio tiempo con otro estribillo notable. El puente, por cierto, suena un poco similar a las melodías típicas de Mägo de Oz, más específicamente a algo que encontraríamos en Jesús de Chamberí...

La carta del adiós, en cambio, nos devuelve la potencia. La estructura en sí es muy dinámica y las letras están bastante más trabajadas que en la canción anterior, a pesar que las dos versen sobre temas amorosos. Quizá sea demasiado reiterativo, pero el estribillo es nuevamente genial y Víctor García se muestra muy atinado.

Hasta este momento el disco tenía un buen balance, pero Invierno en mi corazón rompe el equilibrio cual intervención estatal en un modelo neoclásico de economía. El tema es bastante atípico, con algunos momentos interesantes, pero con un estribillo algo incierto. Supongo que denominarlo medio tiempo sería lo más conveniente. Sin mencionar que nuevamente parece que la letra la escribió algún quinceañero despechado...

Afortunadamente tenemos Coraje para redimir a todo el disco. Sin duda éste es el mejor tema de Revolución. No es un himno power, tampoco una balada en sí. Es una canción calmada, llena de emotividad y simplemente hermosa. A decir verdad, es de lo más destacable en la historia de WarCry y en el repertorio de Víctor García.

La prisión invisible no está nada mal cuando se escucha varias veces, o cuando se tiene la paciencia suficiente para esperar el estribillo. Sin embargo, por sí sola no es de lo más destacable en este trabajo.

El inicio de La vida en un beso me trajo recuerdos de Rata Blanca, no sé específicamente por qué. La primera mitad del tema es un medio tiempo con todas las de la ley, aunque a medida que pasa el tiempo comienza a acelerarse. La velocidad le va bien, pero el estribillo no termina de encajar con la estructura más apresurada de la segunda parte.

El camino es el single de este disco y la primera canción que se escuchó. Las reacciones fueron casi homogéneas: qué canción tan simple, ¡joer tío, qué puta decepción! Aunque, claro, no faltó el que dijera: "Hombre, ¡esta canción sí que mola!". No soy fanático del español de la madre patria, pero para definirlo con sus palabras: esta canción es muy cañera. O dicho de otro modo: el típico single, con un coro sumamente sencillo y fácil, de esos que se corean todos los días. La letra, como ya es constante, es bastante débil y repetitiva. Está divertida la canción, eso sí, y como conjunto suena bastante bien, mucho mejor de lo que lo hace por sí sola.

Absurda falsedad, he de confesarlo, me encanta. No sé bien por qué. Se trata de una canción sumamente atípica para WarCry, ya que nunca habían hecho algo así. Cuando la escuché me sonó como a opening de Digimon y me sigue pareciendo que así es. Otros, quizá más entendidos que yo, dicen que es más hard rock. Los teclados sí tienen un gusto a rock setentero y ochentero, y los riffs de guitarra son bastante particulares. Por cierto, cabe señalar que la letra de esta canción es superior a cualquier cosa que haya en el disco, aunque tampoco es el "No es que muera de amor, muero de ti, amor, de amor de ti..." de Jaime Sabines...

Con Devorando el corazón tenemos otro guiño al viejo WarCry, más por el estribillo que por el trabajo en la batería. Un buen tema que, con algunos teclados, puede recordarnos la era de El sello de los tiempos, un disco bastante rescatable, por cierto.

El disco termina con Abismo, tema que no es de Víctor García, sino de Pablo García, el guitarrista de la banda. Su banda favorita, cómo no, es Dream Theater, y las influencias se notan mucho en esta canción, que es la más progresiva del disco. Lo primero que llama la atención es el riff de guitarra tan potente con que empieza la canción. La parte instrumental es todo un homenaje al Dream Theater más contemporáneo, muy al estilo de las partes instrumentales de canciones como In the presence of enemies.

Hablando objetivamente, el disco no le hace honores a su título. Evidentemente no es más de lo mismo, pero si hubo un álbum que revolucionó el sonido de WarCry, éste fue el insuperable ¿Dónde está la luz? En Revolución podemos encontrar sonidos frescos, que quizá no han terminado de evolucionar con la nueva formación. En un principio puede parecer un álbum bastante simple y desconcertante, pero con unas cuantas escuchas se nota que hay algo interesante detrás de todo, lamentablemente parecer ser cuestión de tiempo para que WarCry vuelva a retomar el nivel que tenía antes, ya que en esta Revolución hay una serie de altibajos bastante lamentables: las malas letras - ya que Víctor nos tenía acostumbrados a un nivel muy superior - y temas irregulares como Invierno en mi corazón u otros que son simplemente anodinos.

De ninguna manera se trata de un mal disco, como ha sido calificado por muchos dogmáticos del Alea Jacta Est, pero tampoco es el mejor trabajo que nos ha entregado WarCry. En una ocasión Víctor García dijo que este disco sonaba similar a ¿Dónde está la luz?, pero me parece que su afirmación es errada, ya que más bien tiene similitudes con La quinta esencia, un trabajo mucho más ecléctico, que dejó lugar a temas nuevamente épicos y melodías veloces, lo que nunca se vio en ¿Dónde está la luz? Tal negación a incluir canciones powermetaleras fáciles y típicas fue, precisamente, la esencia de una verdadera revolución que devino en su mejor trabajo.

8/10

miércoles, 15 de octubre de 2008

Un año después: Colors - Between the Buried and Me (2007)


“I will just keep waiting…”


Encontrar una banda como Between the Buried and Me es algo salido de un sueño, encontrar un disco como Colors es algo todavía más fantasioso; y es que, una banda que fusione riffs metaleros, con solos virtuosos, voces guturales en estructuras progresivas no es algo de todos los días, y además que hagan un disco conceptual meticulosamente planeado, compuesto y ejecutado es algo mucho menos común.


No, Between the Buried and Me no son una banda común y corriente, desde sus inicios en los que eran asociados con la ignominiosa escena del Metalcore siempre sobresalieron por su calidad. Colors no fue su primer disco, pero sí el que sienta un precedente, un antes y un después, en el que dejan atrás sus raíces y adoptan un sonido netamente progresivo.


El disco abre con la majestuosa Foam Born (A) The Backtrack, canción que inicia calmada y bella, y que empieza a agarrar fuerza hasta estallar en los portentosos growls de Thomas Rogers mismos que se fusionan con el inicio de (B) The Decade of Statues; canción que fusiona las voces limpias del buen Thom en un estribillo memorable, y que le da nombre al disco; y que, además demuestra lo brillante que puede ser esta banda fusionando riffs pesadísimos con cambios de tiempo inesperados y poco convencionales.


El cambio entre canciones es imperceptible en todo el disco, así que sólo se da uno cuenta de que ya está escuchando Informal Gluttony cuando se empiezan a escuchar unas guitarras que crean una atmósfera como de medio oriente, mismas que estallan en el minuto 1:31 en un excelso growl que dice: “Cannot close our eyes”, para después seguir con una de las partes más pesadas del disco hasta llegar a un pequeño estribillo cantado con voces limpias.


Un solo de batería y unos chimpancés sirven de transición a la siguiente canción del disco, se trata de Sun of Nothing. Una de las joyas de este disco, es una canción de once minutos, que empieza violentísima y que llega a partes chuscas como la del minuto 3:30, pasando por el impecable solo de guitarra de Paul Waggoner que empieza al minuto 4:40, todo culminando al minuto 6:47 con el inicio de un pasaje calmado, acompañado con la voz limpia de Thom, que en verdad puede llegar a ser preciosa contrastando increíblemente con lo agresivo de su growl. Este pasaje da pie a la mejor parte de la canción, que inicia al minuto 7:54 donde la voz de Thom y el bajo de Dan Briggs hacen un dueto precioso, donde se ve también una de las líneas más bellas del album: “I’m floating towards the sun. The sun of nothing.” Esta parte nuevamente termina en un crescendo que pone fin a esta canción con una guitarra impresionante (rápida, compleja y en una escala alta) todo dando paso a la siguiente canción.


Ants of the Sky empieza con el solo de la canción anterior, rápida, poderosa, uno de los puntos climáticos del disco es el primer minuto de esta canción. La canción continúa por diez minutos más, con solos majestuosos como el que da inicio al minuto 1:23, y con pasajes instrumentales complejos siempre ligados a otra parte de la canción que va progresando hasta llegar a la línea del minuto 8:23, que dice: “Sleep on... fly on. In your mind, you cant fly.” La canción incluso tiene una pelea de cantina, que culmina con el mismo solo del principio, un poco más lento y bombástico, mismo que da fin a la canción.


Prequel to the Sequel es la antepenúltima canción del disco, canción poderosa, posiblemente de lo más pesado del disco, que sigue con la misma línea de fusionar estructuras progresivas con los riffs y growls pesadísimos, sello característico de la banda. Este track hasta tiene una parte reminiscente a Boris the Spider de The Who, parte que inicia al minuto 5:23, donde hasta se puede escuchar un acordeón; la canción termina con la participación de un artista invitado, con un growl mucho más agudo que el de Thom, mismos que hacen contraste en la parte final de la canción, donde uno responde a otro dando una textura inusual a esta canción.


Viridian es uno de esos tracks de transición, propios de todo disco progresivo, un track calmado y bello, que crea una atmósfera idónea para el inicio del último track del disco, se trata de la épica: White Walls.


La última canción del disco empieza fuerte, misma que se calma al minuto seis, para volver a crecer y estallar en una línea memorable que nombra a la canción, todo para llegar a otro de los puntos álgidos del disco, a eso del minuto doce, donde uno de los mejores y más complejos solos que he escuchado cierran esta magnífica pieza de arte llamada Colors.


¿Qué es Colors finalmente? Una canción de sesenta y cinco minutos, una obra conceptual excelsa, una obra de arte más allá de las ataduras del género o géneros que se le quieran poner a esta banda. Un disco que merece ser escuchado.


Y como recordarán, o no, en su primera visita este año a México, como teloneros de Dream Theater sufrieron de una mala experiencia como lo narré en la reseña del concierto. Y como también recordarán, no les di mucha importancia en aquel entonces, pero hoy arrepentido de mis pecados y con mi boleto para verlos el próximo nueve de noviembre en el Hard Rock Cafe, les digo que es su obligación y salvación ir a verlos en vivo.


Yo le doy 5 estrellas.

domingo, 5 de octubre de 2008

The sound of animals fighting - The ocean and the sun (2008)


En casi cualquier lugar donde se busque, uno encontrará que The sound of animals fighting es una banda experimental de rock progresivo. En mi opinión esa definición no podría ser más errada, por lo menos para su tercer disco, The ocean and the sun, ya que éste se caracteriza por tener cientos de elementos experimentales pero carece de todo aquello que tenga que ver con rock progresivo. Hasta la fecha estos jóvenes de California tienen tres discos que se caracterizan por la multiplicidad de sus integrantes y sus melodías. Tampoco se trata de un proyecto principal, sino que es un grupo con gente de bandas como Finch, Rx Bandits, Circa Survive y Chiodos. Algunas bastante desconocidas y que encima son presumiblemente emo.

No es extraño que en The songwriter's reviews haya reseñas de discos que no son de metal, pero sí es raro que sea yo quien se aventure a criticar un disco que tiene más bien elementos de rock alternativo y experimental, géneros que no son habituales en mi lista de reproducción.

La Intro se trata de un poema que es recitado en idioma persa. No sé por qué está ahí, pero para todos los fanáticos de los idiomas, seguramente será divertido escuchar un minuto de un idioma no muy común en occidente. De cualquier forma, esta breve introducción sirve como puente a la primera canción y que es la que le da título al disco, The ocean and the sun, que se trata de un tema bastante calmado que para nada suena a rock progresivo, sino más bien a alternativo. Suena muy bien, es relajante y cumple un papel importante al ser un buen tema para iniciar el trabajo.

I, the swan me parece la mejor canción del disco, aunque las letras son algo extrañas y versan sobre un tema que ni Octavio Paz hubiera podido abordar de manera tan sublime. Es un tema más orientado al rock clásico que se nutre con unas voces infantiles y una musicalización sobria que encuentra puntos muy álgidos.

Pareciera que Another leather lung sigue la misma línea que la canción anterior, ya que en un principio este tema mantiene un ritmo constante y algo lento, pero a medida que avanza se va acelarando hasta mostrar unos guiños bastante evidentes de post hardcore, que si bien en un primer momento suena demasiado caótico, después muestra una estructura sumamente interesante y bien armada.

El primer punto débil del disco es Lude, un filler de dos minutos con un piano monótono que casi no se escucha, que sólo sirve para conectar al sexto track, Cellophane, muchísimo más destacable que su predecesor. Lo más interesante de la canción es la batería bien trabajada y una música que va en constante crecendo hasta el punto en que explotan unos riffs muy potentes. Y si bien este tema sigue la misma línea hardcore, también presenta singularidades muy importantes, consiguiendo que el tema sea uno de los más potentes de todo el trabajo.

Un trabajo de rock experimental no podía carecer de una canción con título raro, y se trata de The heraldic break of the manufacturer's medallion. Un tema que no está mal y que desde el primer momento suena bastante punk y hardcore. Ésta es, sin duda, una canción para todos los amantes de la más pura degenerada anarquía musical, sin que eso sea necesariamente peyorativo. Eso sí, cuesta bastante encontrarle la estructura a la canción.

Chinese new year es otro filler bastante absurdo, aunque notablemente más divertido que Lude. Luego de los niños diciendo incoherencias con una música igual de incoherente, llega Uzbekistan, la canción más experimental de todo el trabajo y que parece haber estado grabada en una sola sesión en el estudio por medio de sucesivas improvisaciones. Y si The heraldic... era complicada, ésta lo es más y tomará por sorpresa a cualquier persona. No está mal, pero también debe ser escuchada como diez veces para encontrarle algún sentido. Sin mencionar que es más larga de lo necesario.

Con Blessings be yours mister V regresa la cordura y un poco de la melodía. Se agradece en este punto que a los chicos de la banda se les ocurriera entregar una pieza musical dinámica y con cordura, aunque sin la sutileza de la primera mitad del disco.

Ahab es un insulto. La experimentación se justifica en el arte en tanto tenga alguna estética de fondo, pero este tema se trata de lo que en inglés denominaría yo como un random noise. Es como un aparato haciendo estática y ruido durante un minuto.

El último tema, On the occasion of wet snow, cae como una bendición luego de todo el ruido del track anterior. Si se pensaba que ya se habían perdido esas delicadas melodías de la primera parte del disco, con este tema se reivindica todo el trabajo porque nos deja descansar de una buena vez de todos los elementos carentes de estética y sentido. Incluso este tema sí que tiene guiños al rock progresivo.

The ocean and the sun no se trata de un disco malo, pero sí adolece de varias cosas. La experimentación a veces es excesiva y absurda. Parece ser que últimamente los artistas creen que cualquier cosa puede ser arte, cuando no hay nada más falso que esa afirmación. Apelar a los sentidos no es intrínsecamente arte, y en este caso hay temas como Ahab que sólo demuestran cómo estos jóvenes tienen ganas de encontrar la belleza hasta el un aparato descompuesto. Por otro lado, la primera parte del disco es infinitamente superior a la segunda, cuyo parteaguas sería Cellophane.

El disco funciona bastante bien como un todo, a pesar de estos momentos inútiles. Además, quien adquiera este disco deberá escucharlo bastantes veces para encontrar lo verdaderamente valioso en él. Y si en un primer momento es algo repulsivo, luego de varias escuchas uno puede encontrar melodías y musicalizaciones bastante notables. Eso sí, no hay que bajar este disco esperando encontrar rock progresivo porque no lo hay en ningún lado, salvo en momentos muy puntuales. Parece ser que en esta época cualquier cosa que suene extraña es considerada como progresivo. En ese sentido sería necesario replantear el análisis de los expertos de la música. Vamos, en palabras menos sofisticadas, el disco tiene más hardcore punk que rock progresivo...

Bájalo acá (link tomado de goleech.org)

7.8/10
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