viernes, 27 de febrero de 2009

Edguy en el Circo Volador


Aunque Sammet y Felix Bohnke ya habían venido a México el año pasado con Avantasia, esta vez las tierras aztecas atestiguaron el regreso de Edguy con motivo del tour de su último disco, Tinnitus Sanctus, un trabajo sin duda polémico y que continuó con la evolución que se dejó sentir desde el Rocket Ride, donde desapareció todo el generic power metal que podía quedar en la banda. A pesar de que esto ha dividido a los fans, éstos no han dejado de mostrarse fieles a la banda. El día de su presentación en México fue horrible y poco conveniente: miércoles, mitad de semana, exámenes y trabajo al siguiente día. Poco importó. Si bien no se llenó completamente el Circo Volador, tuvo una audiencia nada despreciable, acaso con asientos vacíos en la sección superior.

El boleto decía que el concierto iniciaría a las 8:30 de la noche, y en cierta manera fue así, pero ya desde que el público pudo entrar al recinto quedó claro que no sería Edguy la banda que habría de monopolizar la noche. No vale la pena ahondar en este tema, así que bastará con decir que el concierto fue abierto por Psicofonía, una banda mexicana completamente desconocida, que se debatía entre el speed metal y canciones llenas de melcocha. Un espectáculo bastante triste y que puso furioso al asistente promedio. Y mientras los roadies preparaban todo para el verdadero concierto, se nos anunciaban las fechas de las bandas que se presentarían en el Circo. Sin duda alguna las más aclamadas fueron Opeth, Haggard, Arch Enemy y Dragonforce; bastante más discreto fue el recibimiento de Stravaganzza y una señorita llamada Tarja (curiosamente no me lincharon cuando grité a viva voz "¡Anette!").

Cuando se apagaron las luces tras el triste preludio comenzó el verdadero concierto, con los riffs clásicos y poderosos de Dead or Rock, la última canción del último disco de Edguy. El tema, a pesar de que no es de lo mejor del Tinnitus Sanctus, cumplió con su cometido, ya que el público ávido de la banda germana no dudó en corear a viva voz el pegadizo estribillo de esta canción. Los gritos y la algarabía no tardaron en hacerse presentes, y finalmente fueron recompensados con la mejor canción del nuevo disco: Speedhoven y su épico inicio, con el que muchas personas se quedaron sin voz. Sin duda éste fue el primer momento realmente memorable de la noche, ya que la banda nos deleitó con esta canción que deberá pasar a la historia de Edguy y a la del mismo Tobias Sammet como compositor. Y es que no hay manera de que los primeros versos se borren de la memoria, mucho menos el gran estribillo con que cuenta la canción. Sin duda fue todo un lujo escucharla en vivo, pues cumplió y superó todas las expectativas. Sammet también quedó feliz, ya que le habían arrojado un sostén apenas comenzada la noche, wow, this is pretty big.

Cuando el público pudo tomar un respiro de todo lo que provocó la segunda canción, Sammet tomó el micrófono para charlar un poco con la gente, y así anunciar que el siguiente tema sería del Mandrake, uno de los discos consentidos, tanto por los die-hard fans de la vieja era, como por los más recientes seguidores de la banda. Tears of a Mandrake logró emocionar al público, y sin embargo hubo una nota amarga, ya que el micrófono de Sammet comenzó a fallar, y no una sino muchas veces. A final de cuentas todo se normalizó, pero fue algo molesto que el vocalista tuviera que probar con varios micrófonos para ver cuál sí servía. Esto, por cierto, se repitió un par de veces durante toda la noche. No obstante los problemas técnicos, la canción fluyó muy bien para dar paso a otro tema aclamado: Babylon, del Theater of Salvation. Sin duda alguna éste es uno de los temas que más me disgusta de Edguy, pero que a la vez todo mundo ama. La razón: es una granción de generic and predictible power metal with a double bass drum and an epic choir. Es decir, una fórmula usada hasta el cansancio. De cualquier forma es innegable que ésta fue una de las canciones que más agradó al público.

Continuando con los temas de la vieja era, llegó a nosotros The Pharaoh, del Mandrake, y que mostró otra de las notas épicas de la noche. Si ya en el disco ésta es acaso la mejor canción, muy en onda The Scarecrow, en vivo no es posible describirla, ya que la banda hace todo lo posible por ofrecernos un espectáculo musical insuperable, con numerosos pasajes instrumentales. Lo más destacable a mi parecer fue el solo de bajo de Tobias Exxel, quien maneja con maestría las cuatro cuerdas, tanto con plumilla como con los dedos. Esto puso de manifiesto que el bajo no es, de ninguna manera, un instrumento de adorno o que sólo sirve para rellenar las canciones. A la vez, también fue posible escuchar lo genial de Jens Ludwig como guitarrista, quien nos regaló solos con su Gibson que resultaron también memorables.

Para continuar la banda regresó al último disco con Ministry of Saints, el primer corte de difusión de Tinnitus Sanctus. Evidentemente en vivo sonó impecable, ya que es de esas canciones perfectas para tocar en directo. No obstante, fue igual de grande la emoción de todos los nostálgicos cuando Tobi nos dijo que tocarían una de sus canciones más emblemáticas: Vain Glory Opera hizo que el Circo se viniera abajo con la emoción, los gritos y la gente coreando ese magnífico estribillo que caracteriza al tema: "We live to fight the hand of doom, We got the pride to strike a fool, Vain glory be my wicked guide".

Fue tanto el ímpetu que se hizo necesario un momento para descansar la voz. Felix Bohnke se encargó de ejecutar un solo de batería más que decoroso, mostrando sus grandes aunque a la vez discretas habilidades como baterista. Y después de ser aclamado, el concierto continuó con una de las favoritas del último disco, The pride of creation, tema hilarante donde no pudo faltar la actuación de Sammet en el verso de "Why do they have to get marry before they do what they do?". Para continuar con el humor Tobias se burló de uno de los técnicos, "he's not Bon Jovi". Después nos preguntaría si nos gustaba Hammerfall, a lo que la mayoría del público respondió que sí - a diferencia de mí -, "oh, well, this is not a Hammerfall song, but an Edguy's song". Entonces entre las risas comenzó otro de los temas viejos, The headless game, que, además de haber sido sublime, se caracterizó por la comicidad de la banda, ya que los guitarristas y el bajista armaron una coreografía mientras Sammet gritaba "Let the hammer fall!", en una notoria parodia a la banda sueca de metal épico.

Una de las verdades universales es que Sammet es el showman perfecto de la escena del metal. Antes de comenzar la siguiente canción Tobias nos dijo, palabras más, palabras menos, "we wrote the next song to earn some money", para después preguntar sin que se apagaran las risas si había mujeres en el lugar. Los gritos femeninos no tardaron en llegar y la respuesta de Sammet fue ingeniosa: "and who of you want to fuck me?!". Lo curioso no fue la respuesta de las mujeres, sino el siguiente cuestionamiento de Sammet, "are there any guys here? So... which guy wants to fuck Felix?". Sin duda un joven se hizo famoso al gritar con toda la fuerza de su alma que él quería cogerse al baterista. Sammet lo reconoció y hasta lo señaló, "hey, we've finally found one". Pero ahí no acaba la cuestión, ya que esto fue el preludio para dedicarle a las mujeres la balada de la noche: Save Me, del Rocket Ride. Finalizado el tema Sammet nos volvió a decir que como no habían logrado ganar dinero con ese tema tuvieron que escribir otro más comercial, y así fue como llegó Superheroes. Sin duda alguna Sammet sabe burlarse de todos los dogmáticos que insisten en llamarlo vendido por escribir un par de canciones radio-friendly.

La banda se despidió y mientras todo el mundo coreaba el clásico "Oe oe oe oe, Edguy, Edguy" regresó la agrupación para el encore. Y aunque todo el mundo pedía Mysteria, Tobias dijo que la siguiente canción haría historia en los siguientes tours, y no es para menos, ya que Nine Lives fue un gran momento que se hilvanó a la perfección con una de las canciones más cómicas y absurdas que ha escrito el alemán: Lavatory love machine, que sin duda fue una de las cinco canciones más coreadas de la noche. Nuevamente hubo actuación de Sammet en momentos claves y erógenos: "and when she asks me what I like to eat I realise the domina feels the same, and I reply what about your pie" y "till I made my final splash". Para despedir el concierto Sammet confesó, en clave de broma, que no entendía cómo la gente podía vivir en México, ya que el aire era tan viciado que apenas se podía respirar. Dijo que, a final de cuentas, "well, we are a bunch of pussies, but for being pussies I guess we've done a great job tonight", y si ellos eran unas nenas, Tobias dijo que los mexicanos eran unos verdaderos metaleros. Finalmente, King of fools llegó para dar por concluida una gran noche, aunque no faltó la gente que seguía pidiendo Mysteria, a lo que Sammet respondió con un burlón "next tour, next tour".

Nada más se pudo pedir, sin duda alguna el año empezó de lo mejor en cuestión de conciertos, y es que con Tobias uno nunca se puede equivocar o dar un paso en falso. Así que continuando con las verdades universales, hay que decir sin temor al error que Edguy is fucking epic.

sábado, 14 de febrero de 2009

The Arkitecht - Hyperstructure (2008)


En estadística hay algo que se llama la Regla de Sturges, que se utiliza para elegir un número idóneo de intervalos para un conjunto de datos, cuya fórmula es k = 1 + 3.322 log n. Un señor dice haber descubierto la regla G para conjuntos de datos más grandes, que nos indicaría k = 2 + ln (n). Aquel señor le puso "G" a su regla para darle más estilo al nombre. Si de pronto llegara un investigador de economía a decir que usa la "Regla de Gómez" todo mundo se reiría. Es natural, los mexicanos somos muy malinchistas. Yo lo soy, he de admitirlo. La regla de Gómez me da risa, suena mejor la de Sturges. Lo mismo pasa con la música: mucha gente mexicana - entre la que me incluyo - ve con malos ojos el panorama del rock nacional, más que nada porque la escena está infestada de bandas tristes como El Tri o la archiquemada y sobrevalorada agrupación de Maná, que a fin de cuentas es sólo un pop tropical con una etiqueta rockera que algún desquiciado decidió otorgarles durante el tiempo en que no eran tan conocidos. Hay algo que es cierto: el rock mexicano no se desarrolla como en muchas otras partes del mundo, y es por eso que los amantes del metal tenemos que voltear nuestros ojos a los países nórdicos para buscar una buena opción a falta de bandas interesantes en nuestra tierra, y es que si alguien nos dice "hey, encontré una banda mejicana de metal progresivo", quizá las risas no se harán esperar.

Quien me conozca sabrá que soy el mexicano más antinacionalista que pueda existir. No me siento ni me sentiré orgulloso jamás de haber nacido aquí - quizá sí aliviado por no haber sido concebido en un lugar peor como cierto país caribeño gobernado por un mico. Pero hay veces en las que uno se siente realmente reconfortado al encontrar grandes esfuerzos musicales de la tierra propia. Tal es el caso de The Arkitecht, un proyecto solista del desconocido Genaro Ochoa, un capitalino más perdido en una de las urbes más infestadas de humanidad: la Ciudad de México. Decidió desafiarlo todo y finalmente compuso un disco que desde el primer momento resulta destacable, buscando un sonido sólido que rescatara sus mayores influencias: Dream Theater, Symphony X, Opeth, Porcupine Tree, entre otros. El resultado fue Hyperstructure, que es como un libro de cuentos: un disco conceptual dividido en dos historias principales. La primera tiene como inspiración la contemporaneidad en la que estamos viviendo, un sujeto que comienza a interrogarse sobre nuestros tiempos, durante seis de las siete canciones del trabajo. La segunda parte se trata de Face Thief, una canción épica de 32 minutos que es más bien un thriller.

Lo brillante de las composiciones de Genaro se acompaña con tres músicos invitados. Dos vocalistas y un guitarrista. Quien lleva las riendas principales de la voz es Dante Díaz, quien se caracteriza por una voz agresiva. Adicionalmente tenemos a Álvaro Lamadrid, cuyo timbre dará lo característico a muchas canciones. En la guitarra está César Huesca, uno de los mejores guitarristas en México, famoso sobre todo en YouTube.

Este disco se define por los matices y diferentes sonidos, lo que podemos constatar directamente con la primera canción: Blackout, que se mueve en los terrenos melódicos y poco agresivos. Podríamos decir que es lo más cercano a una balada, aunque ciertamente no podría ser catalogado como tal.

The 20th Century Feast And The Millennium Hangover es, en jerga mexicana, uno de los títulos más mamones que he leído jamás. La canción, en cambio, resulta magnífica, porque podemos encontrar un juego de voces. Lo que primero llama la atención es que Álvaro Lamadrid inmediatamente recuerda a Mike Patton, aquel vocalista de bandas como Mr. Bungle, Fantômas y la popular Faith no More, a veces catalogada como metal alternativo. Lo cierto es que, según palabras de Genaro, Lamadrid es un vocalista sumamente versátil, que lo mismo canta rock progresivo de los años 70, que lambada, merengue y reggaetón. En cambio, Dante Díaz resulta más típico, agresivo, ofreciéndonos así un gran contraste. Podemos encontrar brillantes solos de guitarra, de teclado, momentos tranquilos y otros mucho más pesados. Un gran tema sin duda alguna.

Through the broken glass es el tercer track y ciertamente tiene un aire al Dream Theater más reciente, aquél que podemos escuchar a partir del Train of Thought o incluso en el polémico Systematic Chaos. El inicio tiene lo que Tobias Sammet llamaría an eerie sound, o bien, una atmósfera lunática que da paso a una melodía un tanto más clásica, donde el estribillo y los versos son igualmente destacables: algo que no sucede muy a menudo.

Posteriormente escuchamos Elation que se coloca en terrenos más melódicos y amigables sin perder en ningún momento la fuerza que caracteriza al sonido de The Arkitecht. De cualquier forma, la voz de Dante Díaz no se nos presenta tan ruda como en el segundo tema del disco, pero en ningún momento deja de imprimirle la energía que lo define como cantante.

Children of the gods es quizá una de mis favoritas de toda la primera parte del disco. Se trata de un tema de metal progresivo directo que se vale de voces agresivas y grandes momentos a lo largo de sus siete minutos. Podríamos decir que es la canción más diversas de toda la sección que comprende la historia de Hyperstructure, al mejor estilo Dream Theater, pero sin caer en una copia. Eso, a mi entender, es la gran virtud de las influencias en la música: que el influjo se note, pero que exista una ejecución propia.

Para concluir la primera historia tenemos el tema que le da nombre al álbum: Hyperstructure. Es una síntesis de toda la primera parte, que conjuga la particular voz de Lamadrid junto con la violencia de Dante Díaz. El tema es dinámico y brillante. Los teclados dan la profundidad necesaria para crear un tema sumamente atractivo que concluye justamente con la melodía de Blackout.

La parte final del disco es, podríamos decir, también la parte central del mismo. Face Thief es una canción que Genaro tardó en componer un par de años, entre otras cosas porque es un tema épico de 32 minutos de género indefinible pero que él llama symphonic death metal. Es cierto que está más cercano a Opeth que las canciones anteriores, porque en muchos momentos los growls ayudan a generar una atmófera dramática junto a las brillantes orquestaciones, pero me parece que hay elementos de muchos otros géneros, por lo que no creo que sea conveniente definir el tema de una manera tan sencilla. La virtud principal de esta pieza es que los elementos clásicos no devoran en ningún momento el metal, sino que lo enriquecen. Sería demasiado pretensioso querer describir con puntos y comas esta canción, que de por sí resulta difícil de ser asimilada, dada su complejidad y ambición. El tema se encuentra dividido en varias secciones, algunas puramente instrumentales, otras más se concentran en el sonido sinfónico, mientras que es común encontrarnos con elementos traídos del death metal, e incluso pasajes melódicos realmente bellos. Y si ya las orquestaciones, los metales y los instrumentos de cuerda y viento le daban una profundidad muy acertado al tema, son los coros los que finalmente se encargan de dotar a la canción de uno de los mejores elementos. Como dato curioso cabe mencionar que el coro no canta en latín, sino en español.

Sinceramente, lo primero que dije en voz alta tras escuchar este disco fue un mexicanísimo "no mames, ¿apoco esto es de México?". Lo sabía de antemano, descargué el disco porque me llamó la atención que en esta masa amorfa llamada Méjico alguien se atreviera a crear un disco de progressive metal. Llegué al MySpace y no lo podía creer. La descarga terminó y en mi mente se quedó la expresión inglesa "I was blown away by this album". A la fecha sigo preguntándome si de verdad esto lo compuso un mexicano. Incluso logré cruzar algunas palabras con Genaro en last.fm (en inglés, pa' acabarla de chingar - ya después en español -), quien leyó un comentario mío: "Y de pronto recuperé la fe en mi país".

Hyperstructure es, a mi juicio, de lo mejor que nos ha entregado Tláloc en comunión con Huitzilopochtli, Quetzalcóatl, Kukulkán, Kinich Ahau e Itzamná. Y es que el disco es impresionante para tratarse de un primer proyecto solista. La calidad y la producción (mezclado en Europa, obviamente) son realmente buenas. Hay pocos puntos de lo que uno podría quejarse. Quizá a veces los growls se quedan cortos en la primera parte del disco, pero aún así no dejan de sonar bien. Muchos dirán que lo poco accesible de Face Thief es un defecto, pero es en realidad una apuesta en la que Genaro finalmente sale ganando. Nada mal para un disco que tiene bajo y baterías programadas...

9.5/10

lunes, 2 de febrero de 2009

Everon - Fantasma (2000)

"So we burned out, before we ever burned"

Everon es una banda poco conocida, sobre todo porque Oliver Philipps hace todos los discos por amor al arte. Él es propietario de Spacelab, un importante estudio de grabación y producción para el rock en Europa, donde ha producido discos de bandas nada despreciables como Delain. Lo tiene casi todo y además es un gran músico, aunque sumamente tímido y con baja autoestima. Es un hombre que sufre del complejo Tuomas Holopainen: a pesar de hacer grandes composiciones, siempre dice que no es en realidad una persona destacable y que, además, las canciones las hace en cinco minutos, porque es algo demasiado simple. Sin embargo, si Oliver Philipps olvidara un poco su amor al arte y se dedicara un poco más a la promoción de Everon, podríamos ver que esta banda se convertiría automáticamente en un referente del rock progresivo y sinfónico. Es la música perfecta para aquél que busca un sonido melódico, a veces orquestal, tímidamente virtuoso, nada pretencioso pero a la vez grandioso. Si algo caracteriza a Everon es un sonido demasiado identificable, una marca personal inconfundible, un acercamiento al AOR y a la música progresiva.

Fantasma fue su cuarto disco de estudio y salió al mercado en el año 2000, apenas iniciado este siglo. No se trata de una obra conceptual, pero tampoco podemos decir que es un álbum orientado a canciones, sino a un mismo sentimiento, a una temática sutil que desprende nostalgia, pesimismo pero también algo de esperanza. Fantasma se grabó luego de la muerte de un buen amigo de la banda, tras un accidente automovilístico. Por otro lado, Oliver veía cómo se acababa una vieja relación de años, y ante eso la música tenía que ser profundamente emocional y dramática. Las tragedias traen siempre algún elemento inspirador, sin duda alguna.

El disco comienza con Men of rust, un tema bastante típico para iniciar un disco de Everon, donde los teclados toman protagonismo junto con las guitarras. El aura aunque en un principio parezca alentadora con el paso del tiempo comienza a tornarse oscura hasta estallar en un gran estribillo apenas entrado el minuto cuatro del tema.

Perfect remedy es el segundo tema y es realmente destacable, tanto por la letra como la música en sí. "People like us sometimes drown in melancholy" es sólo una de las bellas frases que adornan a esta canción que se vale de la constante repetición de la frase "people like us" para generar un tema muy original. La canción se encuentra a caballo entre una balada y una canción de tintes épicos, que muestra una melodia con geniales crescendos junto a varias superposiciones de voz.

En cambio, Fine with me nos muestra la faceta más ruda de Everon, al ser ésta una canción claramente de metal, que comienza con un riff bastante pesado y un trabajo en la batería más que interesante. Por sí sola es una canción buena de metal progresivo, aunque como un todo parece contrastar con la estética del disco.

A day by the sea es prácticamente una balada dramática y emocional, con el sello de la casa. La temática está un poco gastada y puede rayar en un lugar común, pero la música es realmente destacable, incluso la línea del bajo es muy buena, sin mencionar que as orquestaciones acompañan muy bien a la banda. Ésta, además, es la típica canción lenta que uno se puede esperar de Everon, por lo que se muestra como un referente obligado para todos aquellos que quieran conocer el lado más tranquilo de esta banda alemana.

La suite del Fantasma (The Fantasma suite)

:::::Ésta pieza musical es el centro, el corazón del álbum. En inglés, it's the core of this album, the kernel of this work of art. En sí se trata de cuatro canciones separadas, pero que para efectos prácticos son una sola: The Fantasma suite, a veces llamada simplemente Fantasma. Son varias secciones las que conforman este tema de catorce minutos.
:::::Los primeros dos temas son Right now... y ...til the end of time, que juntas forman una sola sección de dos partes. La primera es puramente instrumental, y si uno quiere conocer el virtuosismo de Everon, aquí está la canción idónea. A diferencia de algunas piezas instrumentales, ésta sí es en verdad pesada, con una presencia constante de las guitarras distorsionadas y de una batería que de a ratos suena ruda. La transición es prácticamente imperceptible, y así es como comienza la segunda parte de la suite, que siguiendo la estética de Right now... se vuelve una pieza memorable y de gran presencia, que además cuenta con unas letras muy interesantes. El tema principal, evidentemente, es el amor. El trabajo vocal es, además, soberbio. Oliver hace uso de gran parte de su registro, por medio de varias capas de voz. Por cierto, en el minuto 2:20 podemos escuchar unos violines hermosos que remiten inevitablemente a The rest will flow de Porcupine Tree, del disco Lightbulb Sun, que también es del 2000.
:::::La tercera parte de la suite es Fantasma-Theme, que es sólo una pequeña pieza de piano de un poco más de treinta segundos, cuyos acordes acompañarán la estética del resto de la gran canción. Un chelo da inicio a The real escape, la sección que comienza a mostrar los tintes más dramáticos de la suite, acompañando perfectamente a la letra del tema. Las cuerdas, pues, son el fundamento de esta bella pieza que explotará de manera apoteósica cerca del tercer minuto. A partir de ahí encontraremos referencias instrumentales a las primeras dos secciones, hasta que finalmente se da paso al último tema de la suite: Whaterver it takes, que es, por mucho, el más intenso de todos, continuando así con la apoteosis anunciada.

Battle of words es en el tracklist el noveno tema y es una canción instrumental bastante más relajada, donde nuevamente escuchamos los típicos teclados acompañando a unas guitarras que trazan una melodía bastante amigable.

Con May you vuelve una balada con ínfulas de grandeza y una temática bastante trillada que personalmenete no comparto: ya que me dejaste ve y sé feliz, encuentra a ese ser especial porque me importa tu felicidad. Cuernos, nadie piensa así en la vida. Lo bueno, es que es una gran canción que compensa el lugar común de las letras. De hecho, es una de los temas más hermosos de Everon.

Ghost-Intro y Ghost son prácticamente una canción, acaso la mejor del disco y de Everon después de la suite. Ésta es más bien sobre la idea de que estamos muertos mucho antes de dejar de respirar, no tiene mensajes de esperanza pero tampoco es sobre la perdición. Musicalmente hablando es genial, tanto el trabajo de las percusiones como la melodía son sublimes. El final es completamente apoteósico y el solo de guitarra es épico. Todo finaliza con una respiración que cesa, con un hombre que ya no puede tomar aire, con alguien que muere...

Fantasma, para decirlo en pocas palabras, es el mejor disco de Everon y una de las grandes sorpresas de la década. Éste es un gran trabajo porque, además, marcó otro punto de partida para Everon, aunque éste comenzó con su disco Venus. Por otro lado, a pesar de ser un genial trabajo, hay un par de canciones que quizá rompen con la estética del disco. Me refiero a Fine with me y Battle of words, que si bien son temas buenos, no terminan de cuadrar del todo con el ánimo de este trabajo. De cualquier forma, con Fantasma nos encontramos ante un esperanzador inicio de década.

9.7/10

Como Oliver Philipps es un enamorado del arte, mejor hago un poco de ayuda a la comunidad. Aquí están los enlaces para bajarlo:

Baja aquí Fantasma de Everon.

Si no sirve el enlace, de aquí también lo pueden descargar:

PARTE 1
PARTE 2

Password: Phonograph

jueves, 15 de enero de 2009

Sirenia - The 13th Floor (2009)


Sirenia es referencia obligada para todos los amantes del metal gótico o para cualquiera que desee conocer el género. Este grupo noruego salió de las entrañas de Tristania, luego de la partida de Morten Veland, quien ahora es el líder indiscutible de esta banda escandinava. En realidad él se encarga prácticamente de todo. La composición le corresponde a él, tanto como las letras, gran parte de la instrumentación, las orquestaciones y hasta los growls. Los demás músicos podría decirse que son invitados o personas necesarias para los conciertos. Otro aspecto que siemrpe ha caracterizado a Morten son las malas relaciones con sus compañeros. Desde que se fue de Tristania, Sirenia nació como una banda conflictiva que en cada disco cambiaba su alineación. Lo más destacable es que por cada álbum de estudio ha habido una nueva cantante. Los conflictos entre Monika, la vocalista pasada, y Morten obligaron a éste último a emprender la búsqueda por una nueva cantante. La audición tuvo por lo menos a quinientas participantes, y la ganadora fue la española Ailyn, mejor conocida por su desastrosa actuación en la versión española del Factor X. No es de extrañar que apenas anunciado su ingreso a la banda se suscitara una importante polémica entre los seguidores de la banda.

Yo había tenido la oportunidad de escuchar a Ailyn antes de siquiera enterarme que sería la nueva vocalista de Sirenia. Buscando videos de frikis del Factor X me topé con su interpretación de Bring me to life de Evanescence. Acabé deprimido: un mal inglés y un control pésimo de la voz es lo que la caracterizaron. En ese momento creí que todo acabaría como una broma típica de un reality show. Ante mi sorpresa de saber que sería la nueva vocalista de Sirenia, quise buscar algo más de ella. Encontré su MySpace lleno de covers de canciones de Evanescence y Nightwish. The poet and the pendulum fue la canción elegida por esta española. Su voz chillona destrozó la sección de Mother and Father. No dudo que Tuomas tenga escalofríos por las noches luego de tal profanación a su obra maestra. Perdí toda la esperanza, pero de cualquier modo le he dado una oportunidad a este disco, que continúa con la evolución lógica de una banda que si bien en su primer trabajo apenas utilizaba en las voces femeninas y era más bien un proyecto barroco lleno de growls y orquestaciones, ahora - desde el disco anterior - ha tomado una dirección más ligera.

El disco abre con The path to decay, que también es el primer sencillo de este álbum. La atmósfera es generada por medio de sonidos más bien modernos y de sintetizador para dar paso a una típica canción de metal gótico. La primera impresión de Ailyn no resulta desagradable, en realidad resulta bastante bien. Y como tal, ésta es una canción correcta, ligera, poco ambiciosa y que fluye muy bien. Incluso podemos escuchar los growls de Morten, que, por cierto, dejan bastante que desear.

La primera decepción del disco llega con Lost in life, no porque en sí misma sea una mala canción, sino porque la introducción con piano es exactamente igual a la que aparece en Hand of sorrow de Within Temptation, sólo que en otro tono. Quizá Morten se tomó muy en serio el argumento del plagio como mejor forma de hacer un tributo, o simplemente conectó su alma en los planos más elevados del mundo onírico con los músicos de Within Temptation. Sea cual sea el caso, más allá de la introducción, ésta es una canción bastante edulcorada. Seguramente no faltará en los conciertos.

The mind maelstrom sube un poco el nivel. Inicia con unos predecibles coros que cantan algo en latín, para después dar paso a la dulzura de la voz de Ailyn, que cuando susurra y maneja las tonalidades más intimistas suena realmente bien. Quizá en esta canción se encuentre su mejor trabajo vocal. Por otro lado, este tema cuenta con cambios de ritmo y nuevamente con los growls - ¿o screams? - de Morten. Eso sí, es difícil no remitirse a Epica con esta canción...

El disco sigue en ascenso con The seventh summer, un tema que cuenta con un buen estribillo que se apoya con el uso del doble bombo, lo que dota la canción de la profundidad necesaria para no ser superflua. El único problema de la canción es que muestra las debilidades de la banda: la débil voz de Ailyn cuando se atreve con la potencia, y unos growls simplones, que después se compensan con una voz limpia que no suena mal.

Quizá impacte el riff que da inicio a Beyond life's scenery, pero para resumir el tema podemos decir que aquí Ailyn parece que no quería cantar o que estaba muy cansada. Por otro lado, el buen Morten parece haber sido víctima de alguna enfermedad en la garganta, pues su capacidad para hacer growls decorosos ha ido en descenso desde el primer disco. Y si en At Sixes and Sevens - horrible título para un álbum - no sonaban nada mal, en The 13th floor parecen los de un aficionado. Y si no fuera poco, ésta es una canción que en sí misma carece de sentido. Hay mucho, pero todo quedará completamente en el olvido.

El disco continúa con The lucid door, tema poco destacable que suena hasta pop, aunque tiene algunos efectos simpáticos con la guitarra. Sobre esos gruñidos que aparecen en el medio de la canción, sólo podemos decir que parece que Abbath de Immortal hizo una aparición especial. Y no, eso no es algo bueno.

El ritmo anodino del disco persiste con Led astray, otro tema que no ofrece demasiado y que sólo destaca por la forma tan curiosa en la que Ailyn pronuncia horizon y further. La parte final del estribillo, por cierto, es quizá de lo más edulcorado y amigable que haya escrito Morten en toda su vida. Las orquestaciones y los coros son pretenciosos y tampoco aportan gran cosa. Son sólo un elemento que uno ya ha predicho desde que inició el tema.

Winterborn 77 es quizá la mejor canción del disco, pero no por su gran composición, sino porque desborda una tremenda comicidad espontánea, sin duda alguna la mejor forma de hacer humor que pueda tener la humanidad. Es un tema que trata de ser serio y dramático - sorrow comes with silent tears - pero que Ailyn se encarga de hacerlo demasiado gracioso, ya sea por su adorable pronunciación con acento hispano de la frase and though my life y la palabra years, o porque sin darse cuenta acabó creando un nuevo subgénero que yo definiría en inglés como Alvin and the Chipmunks oriented metal, y es que es increíble cómo pueda ser serio el hecho de que el final de la canción parezca tener a una chica que inhaló helio para después aumentar la velocidad de la pista para lo que seguramente será el soundtrack de la siguiente película de Alvin y las ardillas.

Ya hablando seriamente, Sirens of the seven seas es la mejor canción de todo el álbum y se encarga de cerrar bastante bien este trabajo. Comienza con buenas vocalizaciones masculinas limpias que se acompañan con unos coros que esta vez sí aportan mucho, desde dramatismo hasta dinamismo. De hecho, ésta es la forma en la que Sirenia debería sonar siempre, ya que hasta los growls de los que tanto reniego en este disco hacen una labor decorosa. La instrumentación es perfecta, los cambios de ritmo, las distintas secciones de la canción son bien llevadas a cabo, sobre todo el violín melancólico que aparece junto a Ailyn casi al final del tema. Un gran tema sin duda. Una apoteosis necesaria para muchos temas deslucidos.

Musicalmente hablando, sería difícil catalogar a éste como un disco malo. En realidad suena bastante bien. Es amigable, no es denso y se deja escuchar sin mayor problema. Por otro lado, adolece de aspectos trillados del género, que no dejan que la evolución de Sirenia siga un mejor curso. Si bien hay buenos temas, también los hay muchos que son grises, instalados en la medianía compositiva, la zona de comfort para Morten. La voz de Ailyn no es del todo mala, siempre y cuando se centre en sus tonalidades más cálidas y frágiles - en un sentido dramático, casi actoral -, pero lo que es cierto es que carece de la potencia que muchas piezas exigen, lo que principalmente se demuestra en Winterborn 77, que lamentablemente raya en lo caricaturezco. Una voz que a final de cuentas es plana y que es limitada en matices, lo que le impide ser la protagonista de gran variedad de temas.

Nunca sabemos qué hay en la mente de Morten. Quizá para el siguiente disco Ailyn ya no esté con nosotros, después de todo él es un individuo conflictivo. Si, por otro lado, se plantea la posibilidad de tomarse la vida con más calma, dejando a Ailyn, deberá replantearse un poco la forma de hacer música o de por lo menos idear las partes vocales. No es curioso que sea más recurrente hablar sobre el físico de Ailyn, pues parece que los fanáticos prefieren centrarse en su quijada masiva que al parecer ha enloquecido a muchos hombres. Morten incluido.

The 13th floor de malo no tiene nada, de mediocre mucho, sobre todo para una banda como Sirenia, que ya de por sí tiene un compromiso doble al ser una de las principales portadoras del estandarte del metal gótico.

7.7/10

jueves, 1 de enero de 2009

Los Mejores Discos del 2008 (según Raff)

El 2008 fue un año algo flojo en cuanto a música en comparación con el mágico 2007 (año donde entre otras cosas, descubrí grandes bandas del progresivo, empecé a relegar mi gusto por la escena emo/punk/screamo y abrazar más mi amor casi irracional por el progresivo en todas sus presentaciones; hasta empecé a escuchar Death Metal, algo que el Rafael del 2006 para atrás encontraría aberrante). Sin embargo mi insaciable gusto por descubrir música nueva me alejó de cosas convencionales, y me clavó en música menos sencilla y me refinó el oído. Igual, algo que no he perdido, es el gusto por jactarme de la música que escucho. Hacer un recuento de los mejores discos de este año no fue fácil, escuché tanto, que igual ni me acordé de todos los discos que descargué. Unos hasta los borré. Por supuesto, hay discos obvios, otros no tanto, y escoger de entre tanto para las posiciones más elevadas no fue rápido. Incluso llegué a pensar en hacer un top cinco y ya, pero nah… eso no es divertido. Así que, aquí están los que para mí fueron los diez mejores discos del difunto 2008.

Posición: 10
Álbum: The Bedlam in Goliath
Artista: The Mars Volta
Género: Rock Progresivo

Como recordarán en mi review de principio de año fui quizás un poco duro con este disco, en especial con las canciones más experimentales. Pero la verdad sea dicha, es un gran disco, aunque con fallas notables, y que a lo mejor sigue cargando el estigma de: “No es De-Loused in the Comatorium” pero sí destaca mucho por sí mismo. Vi a esta banda dos veces en el año, la primera en el Coca Cola Zero Fest, y la segunda en su concierto de noviembre en el Salón 21, las dos veces tocaron poco material de este disco, pero reafirmaron lo que ya sospechaba: Wax Simulacra en vivo es impresionante.

Posición: 9
Álbum: Með Suð Í Eyrum Við Spilum Endalaust
Artista: Sigur Rós
Género: Gay Rock

Bajé este disco dos días después de su salida, quizá porque tanto hablaban de esta banda que me dije, vamos a ver. No me gustó, y lo borré a las tres semanas. Cierto, lo escuché poco, pero no logró captar mi atención. A principios de diciembre mientras curioseaba en Mix Up, noté la infame promoción de dos por uno en todo el catálogo de EMI. Y mientras veía cómo el catálogo de Radiohead era prostituido y vendido junto a discos de Amanda Miguel en la sección de remate, me encontré con este disco escondido, y aunque apenas había salido este año, estaba etiquetado como cualquier otro disco de la promoción. La idea me dio mucha risa, y terminé comprándolo junto con un disco de Radiohead. Lamentablemente terminé escuchándolo más de lo que me hubiera gustado, y menos de lo que este disco se merece. Y es que, sí vale la pena, y lo disfruté mucho en las últimas dos semanas del año, así que es sólo justo reconocer la calidad de este disco.

Posición: 8
Álbum: Colors_LIVE
Artista: Between the Buried and Me
Género: Death Metal Progresivo

Ya he hablado mucho de esta obra maestra que es Colors, además vi este disco ser tocado en su totalidad en vivo este año. Pero hablando más concretamente de Colors_LIVE, el disco en vivo es sublime. La ejecución de todo el disco es sin falla, ininterrumpida, excelsa, y el DVD sólo muestra lo grande que es esta banda. Aunque sí pudieron escoger a una mejor compañía que filmara el concierto (el baterista sale dos veces en todo el DVD). Y además de todo el Colors, incluye seis canciones más, de las cuales destaco Mordecai y Selkies. Disco que no puede faltar en la colección de cualquier amante del progresivo, y es que, el progresivo en vivo es mejor.

Posición: 7
Álbum: Happiness Is the Road (Volúmenes 1 y 2)
Artista: Marillion
Género: Rock Progresivo

Marillion es una banda de señores que pasan de los cincuenta años, con una carrera musical impresionante, casi increíble. Y aunque no hayan alcanzado el reconocimiento internacional como otras bandas legendarias del rock progresivo, son sin duda uno de los principales exponentes de este género. En el 2008 regresaron con uno de sus trabajos más ambiciosos, Happiness Is the Road, un disco doble, siendo Essence el volumen 1, y The Hard Shoulder el volumen 2. Y aunque el disco ha recibido mucha crítica negativa por parte de los fans de la banda, que no hacen otra cosa que criticarla desde que se salió el primer vocalista (algo que ocurrió en los ochentas) a mí me parece que han logrado refinar su sonido, aunque es cierto que se han alejado demasiado de su sonido original (algo que no me parece malo, al contrario). En el ámbito personal hay dos canciones de este disco, una del volumen 1 y otra del volumen 2, Half Empty Jam y Older Than Me respectivamente, que significaron mucho para mí este año. Al igual que con Dream Theater, yo soy uno de esos fans nuevos de esta banda que disfrutan más el trabajo reciente de la banda que los trabajos anteriores.

Posición: 6
Álbum: Ghosts I–IV
Artista: Nine Inch Nails
Género: Ambient Industrial

Trent Reznor es uno de esos genios de la música contemporánea, y aunque este disco en particular ha sido tachado de aburrido, innecesariamente largo, sin punto, y hasta de sin chiste, me resulta muy curioso notar que las críticas hacia este disco son tan parecidas con las del disco: Tales from Topographic Oceans de Yes; disco que es catalogado como el mejor ejemplo de los excesos del rock progresivo. Sin embargo, al igual que aquél ya legendario disco de los setentas, me parece que es una obra que requiere de dos cosas: mucha paciencia y escucharle poniendo atención. Hay una cantidad infinita de detalles en la composición de este disco, los 36 tracks del disco son completamente instrumentales, (aunque bien podría haber sido separado en 4 tracks de más de 25 minutos cada uno, Ghosts I, II, III y IV; para que se pareciera aún más a Tales from Topographic Oceans) y cada uno de ellos evoca una sensación diferente. Éste es un disco difícil para aquél que escucha este disco de manera casual, ya que es de esos discos que demandan mucho al que lo escuche, pero todo individuo que escuche de manera paciente y atenta será recompensado.

Posición: 5
Álbum: The Scarecrow
Artista: Avantasia
Género: Power Metal/Heavy Metal/Hard Rock

Otro genio de la música contemporánea es Tobias Sammet, un alemán que no hace otra cosa que seguir a su corazón en cuanto al rumbo musical de sus proyectos, a veces con resultados desastrosos como el infame Tinnitus Sanctus, y algunas otras con resultados casi perfectos como el más reciente disco de Avantasia. Su concierto de junio es uno de los mejores a los que asistí el año pasado, y de los mejores que he visto en mi vida. Y tiene canciones que son obras maestras, aunque otras de las cuales se pudo prescindir o reemplazar por un par de canciones que vienen en los EPs, y que no aparecen en el disco. Una las razones por la que pongo este disco en quinto lugar es por loa increíble cantidad de veces que escuché este disco, y cada una de ellas lo disfruté más que la vez anterior.

Posición: 4
Álbum: The Slip
Artista: Nine Inch Nails
Género: Industrial Pop

Dos meses después del lanzamiento de Ghosts I-IV, Reznor lanzó por su página de internet otro disco. Gratis, “esta vez va por mi cuenta” dijo. The Slip es todo lo contrario a su predecesor, es un disco cortito, dura menos de cuarenta y cinco minutos, con coros pegajosos, estructuras accesibles, ligero, sin pretensiones y hasta con una canción de amor (algo inédito hasta entonces para una banda como ésta). Este disco es una prueba de que Reznor lo mismo puede hacer un disco clavado y complejo, que uno pop. Y sinceramente, de la basura que es el pop comercial, al pop de Reznor, prefiero éste. El concierto que dio NIN en octubre en el Motorokr Fest, fue el mejor concierto que he visto en cuanto a efectos visuales. Tres pantallas que subían y bajaban en el escenario, dándole una profundidad inigualable, y creando un sin fin de efectos visuales. Aunque era un “festival” tocaron casi dos horas, abrieron con las primeras cuatro canciones de este disco, y en el encore tocaron otra más de él; para mí éste es un gran disco, y lo más sublime de él es lo inesperadamente genial que fue su lanzamiento.

Posición: 3
Álbum: Death Magnetic
Artista: Metallica
Género: Heavy Metal

Llámenme impresionable, pero para mí este disco fue el disco que debió salir después de …And Justice for All. Para mí este disco es soberbio, como ya mencioné en mi review del disco, es sin duda el disco que marca el regreso de Metallica a su sonido, es el disco que todos esperábamos de ellos, y aunque es cierto que no es mejor que sus mejores tres discos, para mí es el cuarto mejor disco de Metallica.

Posición: 2
Álbum: Watershed
Artista: Opeth
Género: Death Metal Progresivo

Un disco promedio de Opeth, es un disco por encima del promedio de cualquier otra banda. Watershed es un disco promedio de Opeth, y aún así deja en claro la capacidad creativa de Mikael Åkerfeldt. Sin embargo, me viene a la mente lo que comenta Åkerfeldt en el booklet que viene en la edición de lujo de Ghost Revieres, “my only worry now is that I hope our next record don’t suck in comparison”. Me parece que sus miedos se hicieron realidad. Si quieren un análisis más a fondo de este disco, pueden leer el review del disco que escribí varios días antes de su lanzamiento.

Posición: 1
Álbum: Insurgentes
Artista: Steven Wilson
Género: Inclasificable

Sin duda, Steven Wilson es el mejor músico de las últimas tres décadas. Y aunque habría pocas cosas que recriminarle a este disco, es espeluznante la facilidad con la que se colocó como el mejor disco del año. Y como diría Lavolpe, Steven lo hizo caminando. De igual manera, si quieren un análisis más a fondo, lean el review que escribí de este disco.

***Menciones honorables (sin un orden en particular):
Texas de PlayRadioPlay! (electrónica), Be Gone de Pharaoh (Heavy Metal), Blooddrunk de Children of Bodom (Power/Death Metal), North de Everon (Rock Progresivo), Who's The Boss In The Factory de Karmakanic (Rock Progresivo), Third de Portishead (dicen que electrónica, yo ni sé), y Shallow Believer de The Used (el disco Emo del año).
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